- El drama de los baobabs (Haití, un año despúes)

Querido Antonio:

Me alegra escribirle estas líneas, tengo buenas noticas para Usted. Ha regresado. Se presentó en medio de un silencio y fue fácil reconocerlo.  No tendría más de 10-12 años, reía y vestía de forma estrafalaria y sobre su cuello mecía, como siempre, una bufanda amarilla. Una larga bufanda amarilla.

Y me contó de él y su nueva historia.

Fue hace un año que por su culpa, decía avergonzado, todo su planeta estalló. Se desquebrajó en seis o siete pedacitos [pues tan pequeño era su planeta, que no daba ni para agrietarse en mil pedazos]. Pero fue suficiente para que todos sus habitantes (una rosa, un cordero y él) tuvieran que buscar nuevos rumbos.

–Me quedé absorto viendo las puestas de Sol, y descuidé a los baobabs que crecieron más de la cuenta -se lamentaba- hasta que mi pobre pequeño planeta se fracturó.

Por eso, estimado Antonio, tu Principito salió de nuevo en viaje universal recalando en planetas que ya conocía, y otros nuevos que el caminó le deparó.

Capítulo I

Llegó al planeta del rey que quería reinar sobre todos los planetas y sus pueblos. En la conversación que mantuvieron le habló, sin rubor,  de injerencias, trapicheos, invasiones y ocupaciones para cambiar, quitar o poner, a mandatarios de otros planetas.

–Sobretodo me gustan aquellos planetas chiquitos donde la victoria es fácil, pues no me gusta el ridículo, se jactaba el rey sentado en su trono dorado, con una corona sobre su cabeza que apenas podía sostener. –No podemos consentir que en mi imperio nazcan ideas de libertad, igualdad y justicia. Son como tus semillas de baobabs, mejor no dejarles crecer pues puede ser contagioso entre planetas.

-¿Y sobre que reináis? –preguntó el príncipe asombrado.

-Sobre todo el Universo…-respondió el rey

-¿Y todas las estrellas y planetas os obedecen?

-Claro que sí –dijo el rey- y si no quieren obedecerme, mis soldados con bonitos cascos azules, se instalan en esos planetas rebeldes para que la obediencia sea una costumbre cómoda y fácil, porque yo querido amigo, yo soy un buen soberano.

Capítulo II

El segundo planeta estaba habitado por un hombre de negocios, muy ocupado, con un móvil en la mano y un ordenador en frente, berreando: compro, compro… El principito le vio tan entusiasmado que le preguntó, -¿qué compra que sea tan extraordinario?

Compro cosechas hijito, ya es mía la cosecha de soja del año 2018 en el planeta A-674, todas las de arroz de 3 galaxias y ahora estoy entrando en el negocio del trigo, así que no me distraigas. Compro, compro, compro…seguía diciendo mientras tecleaba el ordenador.

-Disculpe insistió el Principito, que nunca deja nada por saber, ¿qué hace con todo esas cosechas? Su planeta no es mucho más grande que el mío, ¿qué pasan hambre?

-Pues claro que no pasamos hambre, pero es bueno poseer cosechas. Cuando quiero digo que en otros Planetas hay mucha gente con ganas de consumir, o me invento datos de sequías e inundaciones y así hago subir los precios de los alimentos hasta las nubes. Entonces, vendo mis cosechas. Es fácil poseer y acaparar, para luego ganar.

Mientras el Principito se rascaba la oreja con gesto de preocupación, el hombre de negocios atendió una llamada de teléfono, y mirando al muchacho con una sonrisa pícara, volvió a la carga: vendo, vendo, vendo.

Capítulo III

La visita al tercer planeta fue algo breve pero suficiente para disgustar al Principito. En él vivía un hombrecito enjuto y melancólico, con la nariz muy roja. De tanto beber. ¿Por qué bebes? –le preguntó

-Para recordar, para recordar cuando mi padre y yo lo éramos Todo en nuestro planeta–dijo poniéndose de puntillas. Pero me obligaron a salir de él. Me obligaron a la fuerza.

Por alguna razón, el Principito no sintió pena.

 

Capítulo IV

A medida que me contaba de su viaje observaba como nuestro pequeño amigo estaba cada vez más inquieto. Mordisqueaba la bufanda amarilla y cerraba los puños.

En su cuarto planetijaze lo que más le sorprendió es, que siendo un planeta bien grandote, todo el paisaje era verde y pinchoso, lleno de millones de matas cargadas de espinas, muchísimas más que las cuatro de las que presume su rosa. De entre esa selva monótona apareció a saludarle un zorro magullado

-Mi vida se ha vuelto muy aburrida –le contó. Aquí vivíamos zorros, gallinas y serpientes, campesinas y campesinos, plantas y flores de toda clase, pero llegaron unos hombres para sustituir selvas vírgenes y bosques milenarios por cultivos clonados de esta planta maldita. Incluso, debajo de dónde estamos, han quedado escondidas pirámides y ciudades enteras de aquellos tiempos.

-¿Y para qué quieren estos cultivos? –Preguntó el Principito, por preguntar, porque él ya sabía. Tenía muy presente al hombre de negocios que compraba y vendía cosechas.

 

 

Capítulo V

El Principito quería saber más de esos hombres. Tenía un sentimiento dual sobre ellos. Él que amaba las rosas no podía entender que hubieran talado tantos millones de árboles. Pero, con esa nefasta experiencia, podían darle instrucciones y consejos para evitar, en futuras ocasiones, el sobrecrecimiento de baobabs. Encontró un grupito de ellos alrededor de una mesa ovalada con frutas de muchos colores, galletas, licores y otros manjares, departiendo amigablemente.

-¿Ustedes son los taladores de baobabs? –les preguntó el Principito.

Frunciendo el ceño, uno de ellos, le contestó. –No, nosotros no hacemos trabajos manuales, ni cansinos, nosotros somos ‘Los Ayudadores’. Prometemos ayuda a diestro y siniestro.

-Eso me interesa mucho –les demandó el Principito pensando en su Planeta agrietado – cuéntenme cómo es eso de ayudar. Y uno a uno, los personajes de la mesa, educadamente, por turnos, contestaron.

-Nosotros somos los jefes de un gran Banco de fondos internacionales. Ofrecemos dinero a cualquier Planeta, sin hacer distinciones. A cambio de algunas condiciones, somos verdaderamente caritativos.

 

 

-Pues nosotros, los representantes de los planetas más ricos del Universo, acudimos al auxilio de Planetas cuando sufren crisis, catástrofes y otras desgracias, sin pedir nada a cambio. Eso sí que es solidario. Aunque de memoria corta, somos los más compasivos.

-Pues nosotros somos una agencia de Ayudadores de un gran Planeta, y también actuamos cuando una catástrofe asola un Planeta. Y llegamos antes que nadie. Cargamos con sacas de alimentos que producimos en fábricas de comida que sobran de nuestro Planeta, y los regalamos lanzándolos en paracaídas. Maná desde el cielo, ¿quién puede mejorarnos?

 

-Pues nosotros les podemos mejorar. Nosotros somos la ayuda más sostenible. Como dueños de grandes empresas agrícolas regalamos semillas milagrosas para que la población tenga alimentos en un futuro. Un futuro que nos dará crédito.

Los comensales empezaron a enojarse, todos contra todos, en competición por ser ellos los mejores ‘ayudadores’. El Principito, discretamente, decidió marcharse. Quería obtener respuestas y ya las tenía todas.

Porque tal como me contó, fue ese viaje el que le dio a entender que no fueron los baobabs, ni su despiste,  ni ninguna otra fuerza de la naturaleza, la causa de la destrucción de su Planeta.

Había llegado la hora de regresar a participar en la reconstrucción de su Planeta. Antes de partir, eso sí, me pidió que le dibujara una de esas cajas que dibujamos quienes no sabemos dibujar. Con el dibujo en sus manos, su rostro se iluminó.

-¡Es lo que yo quería! Son hermosas estas semillas, son las que siempre han existido en nuestro Planeta, autóctonas, diversas, naturales y nuestras. Nos permiten manejar por nosotras y nosotros, nuestro futuro. Lo único que nos pertenece.

Y así, querido Antonio, acaba mi encuentro con el Principito, porque –aunque el color de su piel y pelo era negro tizón- estoy convencido que era él.

FIN

EPÍLOGO: Recuerden lo que siempre dice El Principito, «las personas mayores no entienden nunca nada por sí mismas, y es cansador, para los niños, darles una y otra vez explicaciones».

Gustavo Duch Guillot

3 respuestas a - El drama de los baobabs (Haití, un año despúes)

  1. JOSE HERNADEZ VILLARROEL dijo:

    Muchas gracias por su poder de Educar, cuanta falta hace detenerse para comprender lo que enfrentamos como sociedad.

  2. Luz Abreu Lantigua dijo:

    Pienso que el autor es un creador ingenioso que nos hace caminar de mano de la ficcion para desentranar la mas cruda realidad de ese planetita tan cercano y tan lejano. Y lo hace alumbrandonos las zonas mas oscuras, menos visibles: la de haber sido (que duele) y la de ser (que duele aun mas) campo de disputas, negocios y excusas.
    Justicia no Limosnas para Haiti.
    LAbreu/Rep. Dominicana

  3. Pingback: El drama de los baobabs ( Gustavo Duch ) | por una Economía más Justa

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