GIRAR LA COOPERACIÓN

LAS POSIBILIDADES Y LOS COSTES DE HACER GIRAR LA ACCION DE COOPERACION DE LAS ONGD HACIA EL FORTALECIMIENTO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES.

por Fernando Fernández Such y  Gustavo Duch Guillot.

RESUMEN

El artículo analiza, a partir del cambio en la estrategia de cooperación de Veterinarios Sin Fronteras en Caribe[1], la historia de las relaciones entre los movimientos sociales y las organizaciones de cooperación, y cómo evolucionaron a la par que el sector de la cooperación se estructuraba. Analiza el impacto en los movimientos sociales y cómo su papel pasó a ser secundario en la agenda del desarrollo hasta el advenimiento de los nuevos Movimientos Sociales Globales. El artículo expone las posibilidades de cambio en la estrategia de cooperación de las ONGD, los puntos de apoyo para impulsar el cambio, los requisitos para hacerlo, y las lecciones y retos para sostener este modelo.

Resulta cuanto menos extraño que tengamos que plantear la necesidad  de reflexionar sobre la relación entre las ONGD de cooperación y los movimientos sociales, pero si lo hacemos es porque llevamos mucho tiempo con la relación en un punto muerto, y aunque la situación actual es diferente a la que existía en la década de los 90, en todo caso, la existencia actual de una brecha en la relación, es una percepción generalizada. La insistencia del sector de las ONGD en buscar alternativas y provocar el debate en torno a este tema, debería partir de una respuesta honesta a una pregunta sencilla, ¿para qué y porqué vemos necesario en este momento reconstruir esta alianza con los movimientos sociales?

1.No siempre las relaciones fueron así.

No podemos pensar que estas relaciones han estado caracterizadas históricamente por el recelo, la frialdad o la crítica. Las relaciones entre los movimientos sociales y las organizaciones de cooperación han pasado por diferentes momentos en las últimas cuatro décadas y es interesante conocer cómo ha sido la evolución de estas relaciones. Cómo fueron los orígenes, el momento en el que las relaciones cambiaron, las causas de ello, cómo se estructuró la cooperación a partir de este momento, cómo surgieron otras entidades sustitutas de los movimientos sociales en los países del sur, y por supuesto, qué consecuencias trajo esto para el proceso de movilización y organización social de los pueblos del Sur. Este análisis nos ayudará a todas las personas que nos movemos en el mundo de la cooperación a situarnos con claridad en este debate y tomar conciencia de que la quiebra de las relaciones provocada por el cambio en el modelo de cooperación, desde luego, no fue algo casual sino que respondía a los intereses de la expansión de un modelo de desarrollo concreto.

Aunque existen elementos comunes en esta historia, la forma en la que surge y se estructura la cooperación en cada uno de los países de la OCDE es diferente, y las relaciones de cooperación que van tejiendo con los diferentes países destinatarios de la ayuda son distintas en función de multitud de factores. Pero en el lado del sur, también los pueblos se organizaron de forma diferente para recibir esta cooperación. Los movimientos sociales fueron sustituidos por organizaciones con estructuras técnicas y administrativas que daban mayor confianza a los países del norte, no solo a la hora de la gestión de fondos, sino también respecto a otros aspectos de orientación mucho más política.

En el caso de España no podemos olvidar que la cooperación internacional, como sector, tuvo su origen en la expresión de solidaridad en la que confluyeron básicamente tres realidades; un movimiento ciudadano internacionalista que en la década de los 80 asomaba a las fronteras exteriores y que protagonizó, años más tarde, una reivindicación ciudadana hasta entonces sin precedentes por el 0´7% del PIB para cooperación. En segundo lugar, una iglesia de Base muy extendida y con multitud de expresiones organizativas, que tejía solidaridades con los movimientos sociales de América Latina que se levantaban contra las dictaduras, y que eran apoyados en muchos casos por la Teología de la Liberación. Y por último, los partidos de la izquierda parlamentaria y los sindicatos obreros, que comenzaban a establecer relaciones con organizaciones de masas y con las formas de organización sindical obrera o campesina que existían en los países del Sur. El hecho es que, en los años 70 y 80, la cooperación organizada desde la ciudadanía en España mantenía relaciones estrechas con los movimientos sociales, sobre todo de América Latina.

La expresión de solidaridad internacional fue poco a poco institucionalizándose a medida que las distintas administraciones públicas comenzaron a destinar o ampliar los fondos dedicados a la cooperación y las exigencias y controles en el seguimiento y justificación fueron aumentando. Naturalmente, a medida que se acumularon las experiencias, las dudas y las preguntas se sucedieron y el proceso se fue tecnificando. Pronto se extendió la herramienta del marco lógico y el ciclo del proyecto y para entonces, las ONGD españolas se habían convertido en organizaciones técnicas y profesionales que necesitaban socias confiables, estables, con capacidad técnica en la ejecución y en la gestión de los proyectos en el sur, y los movimientos sociales no respondían a estas claves.

Paralelamente, el Consenso de Washington aceleró la extensión de un nuevo ciclo del capitalismo y las consecuencias fueron directas e implacables. Los Planes de Ajuste estructural adelgazaron todavía más a los estados. Las escasas experiencias políticas de izquierdas o populares fueron eliminadas, y los EE.UU. combatieron directamente la expansión de los movimientos más reivindicativos con otras fuerzas “contrainsurgentes”. Por otra parte desde el Vaticano se aportó su granito de arena a la desmovilización, y la Teología de la Liberación fue barrida literalmente del planeta. Esta fuerte agresión política fue pareja a un incremento progresivo de los fondos manejados directamente por las agencias de cooperación y por la expansión de los programas y fondos de cooperación impulsados por los principales organismos internacionales. La palabra, el concepto, “movimiento social” fue sustituido por “sociedad civil” y muchas de las recién creadas ONGD en el sur, se cristianizaron en funcionales al sistema, al tratar de paliar los efectos del terremoto neoliberal. Las ONGD en el sur, no solo eran organizaciones más confiables a la hora de la gestión técnica, sino también más confiables en los planteamientos políticos que las sustentaban.

2.Las ONGD asumen la interlocución privilegiada para el desarrollo.

En este momento resulta pertinente el planteamiento de otra pregunta, ¿qué papel asumieron las nuevas  estructuras de ONGD que surgieron básicamente en la década de los 90 en los países de América latina o África para gestionar los cada vez más abundantes fondos procedentes de la cooperación? Es la respuesta a esta pregunta, previo análisis de la realidad en cada contexto, y después de ser consciente de la evolución histórica, lo que nos termina de situar ante la necesidad de este giro encaminado a una nueva alianza entre el sector de las ONGD de cooperación y los movimientos sociales.

No se trata de hacer una crítica absoluta a las ONGD en el sur, puesto que seguro todas las personas lectoras de este artículo saben de la existencia de muchas que se sustentan sobre valores de transformación de la realidad social y un ánimo de justicia universal, sino más bien se trata de cuestionar el proceso por el cual se extendieron: primero, como sustitución progresiva del resto de expresiones de compromiso sociopolítico; segundo, se convirtieron en la única estructura a través de la cual se ejecutaba la cooperación; y, tercero, generaron una dinámica económica que las convirtió en un nuevo sector emergente de mucho peso en algunos países y por lo tanto con cierta capacidad de influencia política[2].

Desde nuestro punto de vista, un análisis sereno y abierto del sector de las ONGD en cada uno de los países donde trabajamos, nos hará conscientes de cómo, en general, el modelo organizativo de las ONGD extendido desde los países de la OCDE, es ajeno a la tradición social y política. Tenemos muchos ejemplos de cómo movimientos sociales o incluso movimientos de liberación, se transformaron en ONGD una vez el conflicto social o armado cesó, o cuando sus estados comenzaron a ser beneficiados por los fondos internacionales y las agendas de desarrollo aparecieron en el escenario político. En otros casos, los movimientos sociales se desmembraron y en su seno nacieron estructuras más técnicas para gestionar los fondos, para abordar las cuestiones productivas o comerciales del desarrollo, o simplemente para realizar el trabajo de asesoramiento técnico al campesinado o a otros grupos sociales. El caso es que probablemente, muchas de las ONGD que nacieron a lo largo de los años 80 y 90 en muchos países del sur, o al menos en América Latina, fueron fundadas por personas con fuerte historia de compromiso y lucha social, pero también en otros muchos casos afloraron del oportunismo de sectores políticos o de personas con formación técnica que, con la voluntad de hacer algo positivo en su país, crearon muchas de las que hoy se mantienen. En muchos casos se crearon estructuras orgánicas sin base social alguna más que la del equipo técnico que trabaja en ellas. En otros casos se asemejan más a empresas de servicios que a organizaciones sociales, y muchas de ellas tienen funcionamientos poco democráticos, fruto de la naturaleza de su propia composición interna.

Su extensión en número ha sido tan increíble en determinados contextos que  se ha generado un auténtico clima de doble competencia. Por una parte, la competencia  de las ONGD internacionales por conseguir como contrapartes a determinadas ONGD locales de reconocido prestigio, y por otra parte, la competencia entre las propias ONGD locales en los procesos de identificación y ejecución, que acaba por delimitar áreas geográficas de trabajo o sectores de población donde ninguna otra entidad puede entrar[3], provocando una dinámica endogámica y en la cual las poblaciones “destinatarias” acaban aisladas del resto de las experiencias de movilización social que les rodean.

El análisis que hicimos el equipo de Veterinarios Sin Fronteras en Caribe, en torno al año 2006 no estaba muy alejado de lo descrito. Salvo el caso de Cuba, que por motivos obvios no se puede equiparar, la situación de Haití era mucho más clara que la de República Dominicana. No hubo una decisión premeditada que nos llevara a realizar este análisis, sino que en el devenir cotidiano del equipo, las reflexiones en grupo, las valoraciones de los procesos, y todo esto en relación constante con el resto de la organización, nos fue llevando hacia esta constatación general. Las evaluaciones finales de algunos proyectos ejecutados, nos dieron los datos objetivos para poder apoyar tales apreciaciones, y el conocimiento paralelo de otra realidad social formada por organizaciones y movimientos campesinos y por otras expresiones de lucha social, nos las confirmaron poco a poco.[4]

En este escenario el papel de los movimientos sociales del sur es absolutamente secundario. En algunos casos, los movimientos sociales asumieron que otras ONGD gestionaran y ejecutaran las alternativas concretas de desarrollo de las comunidades. La justificación para ello es que el movimiento social “debe hacer otras cosas” y estas acciones son más propias de una ONG. Es decir, se trata en el fondo de preservar “la esencia” de lo que debe ser el movimiento. En otros casos, el movimiento social acaba siendo la organización beneficiaria del proyecto de la ONG, contraparte local de otra ONGD internacional. También se dan casos donde las ONGD locales crean sus propias organizaciones campesinas o movimientos sociales, pero su vinculación es tan estrecha, o su capacidad de influencia sobre ella es tan grande, que no tiene ninguna autonomía en el funcionamiento y mucho menos en las decisiones políticas. Finalmente, en no pocos casos las ONGD locales trabajan con organizaciones sociales de ámbito local aislándolas del movimiento nacional al que pertenecen. Esta situación va generando desarrollos desequilibrados en el seno del movimiento que terminan en rupturas o fraccionamientos.

Todas y cada una de estas situaciones las detectamos de manera concreta el equipo de Veterinarios Sin Fronteras de Caribe. No es que no existieran antes, sino que nuestra mirada de la realidad cambió, empezamos a tomar conciencia de ellas, y terminamos por afirmar que nuestro apoyo a las ONGD locales no era la mejor forma de fortalecer al campesinado en sus reivindicaciones, ni de apoyar las luchas por la soberanía alimentaria en la región, ni de fortalecer movimientos claves para nosotras como la Vía Campesina.

3.Pero también los movimientos sociales cambiaron en todo este periodo.

Nos planteamos otra pregunta para poder avanzar. ¿Qué pasó con los movimientos sociales en todo este periodo de expansión de la cooperación? ¿Qué papel tuvieron en sus países, qué se dejaron atrás en estos años, cómo resistieron y en qué condiciones? Es claro que en estas cuatro décadas también los movimientos sociales han sufrido una evolución y han vivido tremendos cambios tanto en el escenario global, como en el particular de cada país. Los altibajos por los que han transitado en términos de fuerza social y capacidad de movilización han sido importantes, y si bien quizás su identidad no haya cambiado tanto, sus estrategias de reproducción social y de acción, sus formas de organización en todos los aspectos y sus formas de relacionarse unos con otros sí lo han hecho.

Resumiendo, podemos decir, que si la década de los 70 y parte de los 80 supuso la explosión de las experiencias de organización popular y el auge de estos movimientos sociales, a partir de la mitad de la década de los 80, comenzó un tiempo de crisis, y aunque el desencadenante fue el cambio en el consenso internacional sobre el desarrollo, es verdad que en cada una de las crisis concretas podríamos identificar factores externos y también internos que se destaparon en momentos de dificultad. Entrada la década de los 90 avanzamos hacia  una etapa casi de desierto que comenzaría a reverdecer a principios del siglo XXI con un nuevo ciclo de movilización social.

Los movimientos sociales pasaron de ser los principales aliados de los movimientos de solidaridad y de las ONGD del norte a tener un papel absolutamente secundario bajo cualquiera de las formas que ya hemos descrito. Su estrategia, su organización, su estructura, su funcionamiento, fue poco a poco debilitándose, y salvo excepciones muy importantes, por ejemplo el MST en Brasil, no fueron capaces de mantener la capacidad de comunicación con la realidad social y la capacidad de movilización desde las demandas sociales que seguían existiendo. Sus cuadros entraron en una dinámica de poder, atraídos por la política partidista, y se alejaron de las bases; sus estrategias de formación política y social no pudieron mantenerse por falta de fondos y de ideas; tampoco sostuvieron la dinamización y el apoyo a sus organizaciones locales y  abandonaron la movilización y acción directa por fórmulas de diálogo y consenso más acordes con la tónica política general. En algunos casos, ciertas organizaciones sociales, aconsejadas por algunas ONGD, separaron orgánicamente la parte gremial o política de la parte económica o productiva, olvidando que la economía o la producción es también parte de la política. Relegaron su condición de organización de clase para convertirse en una organización de productores y productoras o una organización de la llamada “sociedad civil”. En este escenario, los movimientos sociales acaban atomizándose y desarticulando sus luchas.

Tal era así, que cuando en el año 2006 Veterinarios Sin Fronteras se preguntaba sobre la realidad del movimiento campesino en la República Dominicana, la respuesta institucional informada por las ONGD locales era que no existía movimiento campesino. Y cuando hacíamos la pregunta respecto al vecino Haití, la respuesta, esta vez más elaborada, nos llevaba a la conclusión de que eran cuatro grandes movimientos, todos dominados por dirigentes alejados de sus bases y peleados entre ellos por el poder político. Sin embargo, en ninguno de los dos casos el análisis era adecuado. Teníamos claro que si queríamos tejer una nueva alianza con el movimiento campesino era necesario conocer la historia y qué es lo que había sucedido realmente para poder comprender la situación en la que nos encontrábamos.

En la República Dominicana, en el año 1978, después de un proceso de organización nacional, se constituye el Movimiento Campesino Independiente, baluarte de la lucha social y de la capacidad de organización popular en el país. Recibió mucho apoyo de la cooperación internacional hasta que en el año 1994 quiebra por los cuatro costados. Desde entonces, teníamos en el país una gran cantidad de organizaciones campesinas de ámbito local o regional trabajando con muchas dificultades y precariedad, con muchos dirigentes y dirigentas muy posicionados políticamente, pero con pocas herramientas metodológicas para trabajar en el contexto actual, aunque haciendo esfuerzos por volver a unirse. Al mismo tiempo teníamos en el país varias organizaciones campesinas, creadas y dependientes de los partidos políticos del sistema, y con muchos recursos y favores políticos clientelistas, y, por otra parte muchas organizaciones campesinas pequeñas creadas por las ONGD para gestionar proyectos concretos durante años.

En Haití, una masa campesina con fuerte identidad de clase y conciencia política se sabe mayoritaria y, por lo tanto, tiene fuerza social y política si la sabe utilizar. Existen cuatro movimientos campesinos, de los cuales dos tienen fuerte tradición que se remonta a la época de Duvalier, y otros dos que surgen recientemente en procesos de concertación a nivel regional. El debate instalado entre los cuatros movimientos es cómo construir un instrumento político del campesinado, una cuestión de suma importancia en la realidad de Haití. Sin embargo, la enorme precariedad de medios condiciona y limita sobremanera cualquier proceso permanente de trabajo en la base, y por otro lado, existe una fuerte presión de las ONGD hacia los grupos campesinos de base para participar en los proyectos que poco a poco terminan por alejarlos de la dinámica del movimiento.

4.El resurgir de un nuevo ciclo de movilización social. El papel de los Movimientos Sociales Globales.

En el año 2001 asistimos a la escenificación de un nuevo ciclo de movilización. Entendemos por ciclo de movilización el periodo en el que las familias de movimientos y espacios de protesta emprenden una renovación de su discurso y de sus propuestas, del sentido de movilización, de su forma de decir (símbolos y discurso) y forma de pensar (valores, identidad y sustrato)  y, por supuesto, de su forma de hacer (repertorio de acción y coordinación). Desde el año 1998 se fue fraguando este nuevo ciclo del cual surgen con forma los nuevos movimientos globales que no rompen con la tradición de movilización anterior, sino que acumulan las tradiciones emancipatorias, añadiendo elementos como la internacionalización, la multimilitancia, la multidimensionalidad y la democracia radical, y que se apoyará desde luego en las nuevas tecnologías que revolucionan la comunicación. (Calle, A. 2005)

Lo que parecía una etapa de crisis, fue, sin embargo, una etapa de acumulación de fuerzas, y el Foro Social Mundial inaugura de manera formal este periodo en el que podemos destacar algunas claves:

-          Clara conciencia de la nueva fase del capitalismo global y todos sus tentáculos  y aparición de elementos de lucha claros a nivel mundial, representados en ciertos organismos multilaterales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI); pero sobre todo la Organización Mundial del Comercio-OMC.

-          Una fuerte interacción global-local. Desde multitud de espacios muy locales y experiencias micro, se construyen identidades globales. El ámbito global proporciona discurso, teoría, ideología, oportunidades políticas, mientras que el ámbito local es un excelente caldo de cultivo para la militancia

-          Desarrollo de multitud de espacios y experiencias de construcción que rompen  las lógicas de dominación del centro y la periferia. Se pretende construir un mundo de mundos y se pretende recrear zonas autónomas.

-          Una concepción biopolítica del cambio social, con la proliferación de espacios  al mismo tiempo vitales y políticos. Se reclama una democratización desde abajo, construida desde los sentidos que cada persona le da a su proyecto vital, construido con otros y otras, en un lugar concreto.

El sector de las ONGD asistió perplejo y casi sin capacidad de reacción a este proceso. Pocas ONGD acudieron al Primer Foro Social Mundial. Al segundo asomaron algunas más, pero cuando el proceso adquirió forma y catalizó muchas de las protestas internacionales, entonces sí, algunas grandes ONGD con estructura internacional tomaron posiciones en el Consejo del Foro Social Mundial. En este momento el debate entre los movimientos y las organizaciones se hizo más intenso en torno a las ideas de reformismo o transformación radical del modelo que tuvieron un escenario de batalla concreto en torno a las posiciones respecto a la OMC y al comercio mundial. El peligro de este nuevo ciclo de movilización social es cuando algunas ONGD se hicieron con el discurso de los Foros Sociales Mundiales e intentaron cooptar y llevarse el protagonismo.

En este contexto, en el año 1993, surge la Vía Campesina como movimiento internacional y va aglutinando poco a poco a organizaciones y movimientos de diferente tradición y cultura de composición campesina, indígena, sin tierra y organizaciones exclusivamente de mujeres campesinas. Este movimiento, que surge a partir de un análisis compartido de la realidad campesina y rural, fue capaz de lanzar en el año 1996 un nuevo paradigma para el campo, la soberanía alimentaria, y en torno a este objetivo, poco a poco ha logrado crecer, tejer alianzas y estructurar otro gran movimiento social internacional por la soberanía alimentaria en el que confluyen –el punto de inflexión fue el encuentro de Nyelení en el año 2001- además de los sectores del campo, grupos ecologistas, feministas, movimientos sociales urbanos y de consumidores y consumidoras conscientes.

Lo cierto es que en Caribe existía la Vía Campesina. Varias organizaciones como CONAMUCA en la República Dominicana, ANAP en Cuba, Tet Kole y MPP en Haití fueron de las organizaciones fundadoras. Estas organizaciones contaban con base social amplia y concienciada, tenían capacidad de movilización, eran respetadas en el ámbito nacional y regional y además lograban convocar a organizaciones y movimientos sociales de otras familias tanto en sus países como en la región. Además, otras muchas organizaciones  campesinas se acercaban y fueron conociendo el planteamiento en torno a la soberanía alimentaria pidiendo la entrada formal en la Vía Campesina. Al mismo tiempo, otros movimientos sociales participaban en la reivindicación, y aunque la conocieran más por fuentes externas al propio movimiento campesino que por él mismo, existía una solidaridad real de los movimientos sociales en torno a las luchas del campo que se visibilizaba en momentos de conflicto. 

A pesar de las dificultades de la región derivadas de la insularidad, de las diferencias en cuando a los modelos económicos y políticos, y los niveles de desarrollo tan dispares, y pese a la debilidad del movimiento campesino, lo cierto es que el equipo de Veterinarios Sin Fronteras tuvo claro que la soberanía alimentaria como objetivo político y la Vía Campesina como referencia organizativa internacional, jugaban un papel importante a la hora de aglutinar fuerzas campesinas organizadas, construir una visión común caribeña desde el campo, y construir poco a poco demandas enlazadas en otras luchas internacionales promovidas desde la Vía Campesina. Así, el apoyo  a la CONAMUCA en el proceso de organización y dinamización de un Encuentro Regional de la Vía Campesina Caribe, nos permitió algo concreto en lo que empezar a cooperar más allá de los proyectos. El Encuentro, además, permitió la participación de nuevas organizaciones campesinas de toda la región, presentar el movimiento campesino y sus reclamos al movimiento juvenil y obrero y elaborar un sencillo Plan de Acción para los siguientes dos años. 

5.Una estrategia de acción para apoyar al movimiento campesino.

La explosión de los Movimientos Sociales Globales y las esperanzas plasmadas en las movilizaciones de los primeros años del siglo XXI empujaron  a muchas ONGD, de mejor o peor forma y con muchos debates internos, a recuperar o poner en sus agendas de trabajo la importancia de apoyar procesos políticos de los movimientos  para la deseada transformación. Se trata de aterrizar los posicionamientos globales en el trabajo concreto en terreno, buscar la mejor manera de hacerlo y, como siempre, conectar con los problemas y demandas que son importantes para la gente. La cooperación en demasiadas ocasiones selecciona los temas de incidencia política en función de la prioridad internacional o de otros criterios de interés y oportunidad desde su punto de vista. Sin embargo, no hay temas buenos o malos, sino temas que movilizan o no movilizan a la gente. Una vez la cooperación los detecta y arriesga, en el proceso de organización y movilización el camino está trazado.

En Caribe en el año 2005 o 2006, no existía conciencia en el sector de la cooperación de que existiera un problema con la tierra. Más aún, “…en Caribe no hay conflictos por la Tierra”. Sin embargo sucedieron varios hechos importantes que logramos encadenar como equipo. Por una parte, 46 campesinos y campesinas de una organización de base de Pedernales (República Dominicana), miembro a su vez de otra organización regional, FEPROBOSUR, fueron expulsados de la tierra que poseían con un título provisional de reforma agraria y encarcelados/as sin juicio durante 40 días. La Fiscal de la Provincia, en connivencia con las fuerzas de seguridad y el antiguo latifundista dueño de estas tierras, provocaron esta situación. Varias organizaciones campesinas y sociales convocaron una reunión a la que nos invitaron para informar del hecho y definir acciones. Podríamos destacar que la organización de base cultivaba esta tierra con el apoyo de un proyecto de cooperación financiado por la Comunidad de Madrid que, por supuesto, no hizo nada, y por otro lado, la única ONG internacional o nacional que asistió a esta convocatoria fue Veterinarios Sin Fronteras. En la reunión constatamos cómo los casos de conflictos por la tierra eran generalizados en todo el país, y así surgió el segundo de los hechos: se apoyó la propuesta de elaborar un informe donde reportáramos todos los casos de conflicto existentes. Este informe se haría público, y además se anexaría al informe anual de la Campaña Global por la Reforma Agraria de la Vía Campesina. Una actividad sencilla de ejecutar pero con un claro componente aglutinador entre el movimiento campesino si le dedicábamos el tiempo oportuno. El tercer hecho de nuevo fue externo. En el mes de octubre de 2006 y en medio del proceso de elaboración del informe, El Instituto Agrario Dominicano (IAD), encargado de ejecutar la reforma agraria en el país, convocó, apoyado por el Banco Interamericano de Desarrollo, un Congreso Nacional, precedido por cinco pre-congresos regionales, para debatir el futuro de la reforma agraria en el país. El IAD pretendía obtener la legitimidad del sector a los acuerdos del Congreso para lo cual enviaba su propuesta y la invitación a participar en los pre-congresos a las organizaciones campesinas. Sin embargo el documento de discusión claramente planteaba eliminar la reforma agraria y sustituirla por un enfoque de desarrollo rural, eliminar los mecanismos de distribución de la tierra, y sustituirlos por el mercado, acabar con los procesos de titulación y saneamiento de la posesión; y abrir la posibilidad a que el estado pudiera entregar la tierra de su propiedad a compañías extranjeras para la producción de agrocombustibles. En definitiva toda una agresión a los derechos del campesinado. 

Para este tiempo, las reuniones con las organizaciones campesinas y sociales de República Dominicana se habían hecho regulares y se pudo planificar una participación en el Congreso meditada y orientada políticamente. Luego vinieron los talleres de formación para dar a conocer la propuesta del gobierno, la elaboración de un estudio específico sobre el impacto de género de las últimas leyes de reforma agraria en el país y la elaboración de un documento de consenso entre todas las organizaciones alternativo al del Gobierno. Además, se logró incluir a tres representantes del campesinado en la comisión que preparaba el Congreso, se negoció la distribución de los delegados y delegadas  dentro del Congreso, se logró introducir dentro del Programa una ponencia de la Vía Campesina y, una vez en el Congreso, se logró dar la vuelta a las resoluciones que estaban apañadas de antemano y a pesar de que el peso del movimiento campesino dentro del Congreso era minoritario. Eso sí, paralelamente se multiplicaron las marchas por la tierra, las ocupaciones de oficinas gubernamentales, las vigilias y desde luego si dentro del Congreso había 400 personas reunidas, fuera se logró reunir a 5.000 campesinos y campesinas. El proceso no terminó ahí, sino que del Congreso salió la resolución de elaborar una nueva Ley de Reforma Agraria, para lo cual se creó una comisión formada por representantes del sector, abogados y abogadas, y personas técnicas. El movimiento campesino introdujo a sus representantes en la comisión pero, al mismo tiempo, trabajó de forma participativa con sus bases una propuesta de ley que sería defendida directamente ante el Congreso.

El relato de esta experiencia tiene sentido si sirve como ejemplo para reflexionar sobre la posibilidad de un cambio de rumbo de la cooperación práctica y concreta que desarrollan las ONGD en terreno, uno de cuyos elementos sería la reconstrucción de una alianza estratégica y práctica de trabajo con los movimientos sociales. Pero para poder hacerlo es necesario que las organizaciones nos preguntemos ¿por qué es importante la consolidación de estos movimientos sociales? ¿Cuál es el objetivo? ¿Qué aportamos a la consolidación de los movimientos sociales? ¿Cómo lo hacemos?

Poco a poco y a medida que el proceso en Caribe fue evolucionando, la organización vio necesaria la reformulación de la estrategia en la región acorde con lo sucedido y en coherencia con la defensa de la soberanía alimentaria que Veterinarios Sin Fronteras defendía. 

En definitiva, y de forma resumida, el análisis del que partimos para el cambio de estrategia se resumía en algunas pocas conclusiones que, en lo referido a  la evaluación de nuestro propio trabajo, eran muy claras: 

  • Respeto a los procesos de identificación. El análisis de los problemas y alternativas estaban muy centrados en aspectos productivos y en algunas ocasiones en cuestiones relacionadas con el fortalecimiento gerencial de las comunidades campesinas.
  • La definición de los proyectos aislaba los aspectos de producción agrícola y ganadera de los aspectos estructurales de la realidad nacional, que quedaban muy alejados de las estrategias de solución.
  • Proyectos aislados entre sí. Cada ONGD nacional tenía sus objetivos y sus prioridades de acción en áreas geográficas concretas y establecían relaciones de competencia entre ellas, lo que dificulta dinámicas convergentes y abiertas.
  • Protagonismo excesivo de las ONGD locales. Los proyectos destinaban recursos al fortalecimiento de sus estructuras técnicas y sus capacidades, mientras que el campesinado y sus organizaciones eran meros destinatarios o beneficiarios de los proyectos y el fortalecimiento se ceñía a los aspectos relacionados con la parte de producción o gestión productiva y comercial.
  • Ausencia total de un trabajo de incidencia política y de presión social desde las ONGD que ejecutan los proyectos en los países (ni en Haití ni en la República Dominicana). Evitar conflictos con el estado o con otras agencias internacionales era el criterio a la hora de posicionarse.

La decisión más importante en sintonía con lo anterior fue cambiar poco a poco a nuestro aliado estratégico y práctico en terreno, que pasaría a ser el movimiento campesino y cada una de las organizaciones campesinas, en base a un criterio de identificación que primaba otros aspectos diferentes a su capacidad de gestión o ejecución técnica. Poco a poco se definió una estrategia regional que cambiaba el orden de las prioridades y enfrentaba de manera directa las conclusiones esenciales antes enumeradas y que, sin embargo, puede servirnos para pensar en cualquier otra realidad geográfica en la que nos planteemos el trabajo.

Cuadro 1. Estrategia de cooperación en apoyo a las organizaciones y movimientos campesinos

 

Objetivo general. Fortalecer las capacidades de las organizaciones campesinas del Caribe en su lucha por la soberanía alimentaria.

 

OE1. Fortalecimiento de las organizaciones campesinas en su capacidad de movilización y propuesta de políticas en defensa de los intereses campesinos

OE2. Viabilidad económica, social, ecológica y cultural de los sistemas campesinos de producción en el Caribe. 

Las Acciones concretas que se promovían para conseguir el desarrollo de los objetivos específicos fueron definidas con igual claridad: 

Respecto al OE1. 

1.1. Capacitación de líderes campesinos y en especial  campesinas desde los niveles de base a los nacionales

1.2. Apoyo a los procesos de formación y fortalecimiento institucional Interno de las organizaciones  campesinas promoviendo la construcción de una cultura democrática y participativa desde las bases.

1.3. Apoyo en la elaboración y definición de propuestas de política agraria por parte de las organizaciones campesinas

1.4. Apoyo a los procesos de Incidencia política en defensa de las propuestas en defensa de los intereses del campesinado

1.5.  Fortalecer la articulación de redes y alianzas entre las organizaciones campesinas y de estas con otros movimientos sociales tanto a nivel nacional como regional

Respecto al OE2. Viabilidad económica, social, ecológica y cultura de los sistemas campesinos de producción en el Caribe. 

2.1.  Promover la Investigación – acción sobre la realidad y posibilidades del modelo de producción campesina sobre la base de la extensión del “modelo de campesino o campesina a campesino o campesina”. Especial preferencia por el modelo agroecológico

2.2. Desarrollo de proyectos y acciones que directamente se dirijan a la defender el acceso y  gestión sostenible de recursos naturales: tierra, agua, semillas, bosques, caladeros

2.3.  Promover proyectos de transformación y comercialización en manos campesinas

2.4. Incorporación en plenitud  de derechos, de las mujeres y los y las jóvenes, a la producción agropecuaria 

La estrategia se desarrolla en tres niveles de acción

Nivel Regional de Caribe. La organización aliada en la Vía Campesina Regional de Caribe. La función a desarrollar es el apoyo técnico y metodológico en el proceso de fortalecimiento de la Vía Campesina Caribe. En este nivel es de sumo interés el trabajo de relacionamiento e intercambio promovido entre el campesinado y sus organizaciones de Haití y de la República Dominicana. 

Nivel Nacional. Apoyo político, estratégico, metodológico y técnico a los procesos de articulación y fortalecimiento de las redes nacionales de organizaciones campesinas en cada país. 

En el nivel local. El trabajo se centra con las organizaciones campesinas de ámbito nacional pero a través de sus organizaciones de base, o con las organizaciones de ámbito regional o provincial. En concreto se traduce en una función más clásica de la cooperación con la identificación, formulación, financiación y apoyo a la ejecución de proyectos pero esta vez desarrollados por las organizaciones campesinas incluyendo el fortalecimiento organizativo institucional. La identificación de un proyecto local se hace tras analizar la conveniencia con la organización nacional quien conoce del proceso, participa y también decide en su seno de forma participativa, cuál de sus organizaciones de base conviene ser fortalecida. 

 

Paralelamente, el rol de las ONGD locales cambió, pasando a desarrollar una labor de apoyo técnico puntual que se acordaba con la organización campesina en cada caso. En ocasiones se trataba de apoyo legal en los procesos de legalización de tierras, en otros casos apoyos técnicos concretos en el asesoramiento a la producción o a la reconversión hacia lo ecológico. El papel de Veterinarios Sin Fronteras también elevó su perfil asumiendo un rol de dinamización y apoyo técnico en el proceso institucional. Es cierto que las organizaciones campesinas tienen unas estructuras técnicas y de gerencia técnica muy débiles y que el trabajo de seguimiento de los proyectos se incrementa, pero la organización se supo anticipar a esta realidad y se fueron introduciendo los mecanismos para poder cubrirla. 

6.Lecciones y retos a partir de la experiencia en Caribe para plantear una relación constructiva y clara entre las ONGD de cooperación y los movimientos sociales.

A nadie se le escapa que hoy por hoy la Vía Campesina es el movimiento social global más importante, estructurado y con mayor capacidad de propuesta e incidencia de los que existen, y el Movimiento social internacional por la soberanía alimentaria es la mayor alianza social del planeta. Su advenimiento y desarrollo amplió el horizonte de cientos e incluso miles de organizaciones campesinas y sociales que desde años antes trabajaban por la dignidad del campesinado y por un medio rural vivo y con futuro.  ¿Dónde ha estado la cooperación internacional en toda esta construcción?

Tendríamos que precisar de qué parte del entramado de la cooperación internacional hablamos….¿De los organismos multilaterales, de las organizaciones internacionales, de los gobiernos, de las ONGD? Cierto es que un grupo pequeño de ONGD de varios países estuvieron ahí desde el principio, pero se trata con casi toda seguridad de una construcción colectiva e internacional. Por lo tanto, el primer aprendizaje, con un carácter más global, es que cualquier ONGD que actualmente decida trabajar por la soberanía alimentaria, debe tener claro que se incorpora a un camino ya iniciado y que ha recorrido varios cientos de kilómetros, por lo tanto, se suma al esfuerzo de manera conjunta de otras muchas organizaciones y movimientos. La tentación de querer avanzar por su cuenta la llevará al aislamiento, al ostracismo y probablemente acabe debilitando a una de las partes del movimiento. Estamos seguros  que la misma enseñanza la podemos aplicar si tratáramos de hablar del apoyo actual al movimiento de la Marcha Mundial de Mujeres o a cualquiera de los otros grandes movimientos globales.

A partir de esta primera enseñanza, podemos avanzar en otras consideraciones:

-          Los  contenidos de la agenda de cooperación entre los movimientos y las ONGD. Los planteamientos que defendemos son la base de la alianza. En los últimos 10 años, en cada espacio social de movilización, se ha producido un debate sobre la realidad y las propuestas, y deberemos atender a cómo se generan. En nuestro caso podemos afirmar que la soberanía alimentaria se ha convertido en uno de los ejes paradigmáticos de una nueva agenda de desarrollo y en un gran espacio de confluencia al que es posible aportar desde numerosos enfoques, pero no podemos olvidar que la lucha no la encarna el sector de la cooperación, sino las organizaciones campesinas, indígenas o de trabajadores y trabajadoras rurales y sin tierra.

-          Las formas concretas en cómo se desarrolla la acción de cooperar.  Trabajar conjuntamente, codo con codo,  supone definir los espacios de interlocución, las formas de comunicación, los métodos de trabajo, la implicación y el compromiso directo en las luchas concretas, también las formas e instrumentos de la movilización o la incidencia. Están además las redes y las plataformas donde participamos, y los documentos de posicionamiento conjunto que elaboramos, y por supuesto, los proyectos que formulamos y la financiación de todo ello. Pues bien, en todo esto, es necesaria una readecuación de las formas y estilos de trabajo, y desde la experiencia, es cierto que se trata de un ajuste mutuo. Ni es labor exclusiva de los movimientos adecuar sus formas a las de la cooperación de las ONGD, ni resulta útil y pertinente que las ONGD olviden aspectos de su trabajo que pueden ayudar a fortalecer los procesos y que son necesarios para funcionar en el marco de la cooperación. Habrá que tener cuidado en no oenegeizar a los movimientos, y habrá que tener cuidado de no mantenerles al margen de las exigencias externas.

En todo caso, y aunque puede parecer obvio, desde la experiencia que nos sirve de telón de fondo, debemos recordar que es necesario asumir las diferencias con respeto para situarnos en un plano de igualdad que nos permita trabajar como aliados/as.

De estas dos premisas se derivan otras cuestiones que tienen que ver con el nivel general de la alianza entre ONGD y movimientos sociales.

  1. Ha sido una tendencia en la cooperación durante muchos años avanzar hacia un planteamiento generalista en la acción. Sin embargo si pensamos en un planteamiento más político ligado a los movimientos sociales, poco a poco la agenda de temas se va centrando y determinando una cierta especialización en los ejes estratégicos. Cuando optamos por trabajar a fondo en un tema, vamos cambiando la dinámica de nuestra labor, conocemos más, aportamos de forma más valiosa y constructiva e incluso realista para el logro de objetivos, es cuando las relaciones con los actores fundamentales que trabajan en este espacio se hace más estrecha. A su vez, en el roce permanente es donde vamos conociéndonos y donde resulta posible elaborar esta agenda.
  2. Trabajar codo con codo con los movimientos sociales, exige una apuesta ideológica fuerte por parte de la ONGD. Nos obliga a situarnos desde los márgenes de la estructura social para, desde la periferia, ir avanzando en una estrategia de acción en la que muchos movimientos quieren llegar al centro, es decir, conseguir el poder. Ambos extremos, situarnos desde los márgenes para llegar al poder, plantean problemas para estructuras como las ONGD, que en su gran mayoría son estructuras técnicas, no políticas, y en todo caso su vocación no es el poder. Por otro lado arrastramos unas dinámicas que nos limitan, y es que el manejo permanente de la burocracia financiera y la interrelación constante con las administraciones y los contenidos de las agendas públicas del desarrollo, nos sitúan en un espacio ideológico “bienpensante”.
  3. La construcción de una alianza estratégica con los movimientos sociales nos obliga a repensar los conceptos que tradicionalmente manejamos y que sobre todo pasan por romper las fronteras norte – sur en la acción de cooperación. A pesar de la rigidez de la concepción de las administraciones financiadoras y de los instrumentos de cooperación existentes, la realidad se va imponiendo. Así, en algunos de los frentes tradicionales, como puede ser el comercio justo, el debate se ha abierto para hablar de consumo responsable y de que es posible incluir en el trabajo el apoyo a la producción local campesina. La investigación y la incidencia política son otros de los frentes donde las alianzas entre organizaciones del sur y norte se estrechan, y hemos logrado poco a poco desarrollar proyectos en los que las alianzas entre organizaciones del sur y del norte van más allá del intercambio o de la transferencia de fondos. La gran cuestión todavía pendiente es que entendamos que cooperamos para construir un único mundo más justo y mejor y para ello necesitamos trabajar con los ganaderos de vacuno de leche de la Cornisa Cantábrica, y con los de las cooperativas lecheras cubanas.
  4. Por otra parte, desde un punto de vista más práctico, las dinámicas de trabajo, de discusión, los procesos de movilización y de formación, como ya hemos dicho, son distintos. Desde luego nos exige cambiar los ritmos y los tiempos. El escenario de trabajo se vuelve incierto y hay que aprender a manejar y gestionar la incertidumbre. Esta dinámica casa más bien mal con los tiempos de la cooperación, y cuanto más dependiente es una organización de fondos públicos más difícil es su adecuación. Sin embargo, es posible. Al menos era posible en un marco público de la cooperación como el que hemos tenido hasta hace apenas dos años. Los márgenes que nos dejen a futuro habrá que ensancharlos de nuevo.
  5. Por último, están las herramientas concretas y los mecanismos de la cooperación: el ciclo habitual de los proyectos, desde su identificación, la selección de las contrapartes, la formulación, la financiación, la ejecución y el seguimiento. Según la experiencia de la que hablamos, podemos decir sin dudarlo, que el proceso de trabajo que transita por todas estas fases se hace de forma más natural y clara cuando la estrategia está bien delimitada políticamente y, en todo caso, queda por ver cuáles de los instrumentos concretos se adecúan mejor a esta estrategia y cómo conseguir una estrategia financiera que no dificulte o que dificulte lo menos posible la estrategia política. Desde luego, en este trabajo la acción administrativa de las ONGD adquiere nuevos tintes políticos que también habíamos olvidado. En este contexto, los proyectos de apoyo productivo en manos de organizaciones o movimientos campesinos claramente alineados adquieren nuevo valor estratégico.

Y a partir de lo anterior, y como elementos de reflexión que se suman a los anteriores y desde el quehacer cotidiano del trabajo de un equipo en terreno resulta oportuno añadir otro tipo de valoraciones.                                

Tras el cambio de estrategia de cooperación, poco a poco el equipo de terreno se siente  más cercano a la realidad. Su visión de la misma se ha completado, matizado, abierto y refrescado con movilizaciones y demandas que nos permitían sentir que contribuimos en una causa común. 

De esta forma el trabajo del equipo en terreno se multiplica por cuatro. No se trata ya solo de conocer los procedimientos de la cooperación, sino que nos exige habilidades y capacidades para la que no se forma en cooperación y que tienen que ver con la capacidad de análisis estratégico, la dinamización social, la creatividad en la respuesta, las habilidades para la formación y otras muchas… 

El trabajo tras el cambio de estrategia se valora como más interesante y motivador. Exige desde luego una redistribución de los tiempos. Reducir el tiempo dedicado a la cofinanciación o seguimiento técnico a un 40%, las funciones orientadas a la movilización y organización social aumentan en el peso del trabajo hasta el 40% y es necesario otro 20% a la sistematización del proceso y la evaluación, y siempre descontando en cada una de las partes, un porcentaje de tiempo para la “incertidumbre cotidiana”.

 

Frente a la realidad de la experiencia, también cabe constatar la existencia de resistencias a la extensión de este modelo de cooperación. La dinámica tradicional de la cooperación ha generado sus propios mecanismos que garantizan su pervivencia en el tiempo. Desde el mismo cuerpo técnico de la cooperación, cada vez mejor formado en las técnicas propias que rodean la esencia de la cooperación hasta la estructura financiera que la condiciona, todos los eslabones nos harán creer, no sólo que no es posible, sino que no es conveniente. La formación en cooperación al desarrollo y los instrumentos de cooperación existentes se han institucionalizado y nos han llevado a una metodología de trabajo rígida donde no hay espacio para la incertidumbre y donde la cooperación al desarrollo, más que un instrumento de transformación política y social, ha servido para extender el modelo neoliberal.

Las resistencias crecerán en el seno de las mismas organizaciones que se deciden al cambio. Supone un posicionamiento político, no tan sólo de las organizaciones sino también de las personas que las forman, y supone un cambio en la forma de trabajar. Es necesario actuar, no desde un campo tan técnico, sino desde lo ideológico y la militancia. Un ámbito donde el cuerpo técnico no se siente seguro, muchas veces no sabe cómo abordarlo o no quiere hacer ese cambio. Donde la ONGD mira decididamente hacia fuera y no hacia su supervivencia e intereses.

Por último y en el contexto de crisis en el que vivimos, las amenazas del futuro no pasan solo por la reducción de los fondos disponibles justificados por la recesión, sino por la reestructuración del modelo de cooperación a la que nos llevan nuestros actuales gobernantes. La existencia de una base social crítica y concienciada que busca esta alianza con los movimientos sociales pasa a un segundo término en aras de la figura de los donantes financieros particulares y la implicación pública en busca del bien común, en el cual la construcción de una sociedad democrática es una de sus bases, será sustituida por la esponsorización empresarial que buscará únicamente su beneficio. En este entorno también llegarán con fuerza desde algunos organismos de cooperación fuerzas que buscarán apropiarse de conceptos como Soberanía Alimentaria para vaciarlos de contenido político y que, bajo la excusa de la eficacia y eficiencia, busquen estructuras paralelas para desarticular los movimientos sociales y, por tanto, desestructurar la capacidad de movilización.

Efectivamente, después de analizar los avances en la relación entre movimientos sociales y cooperación, ahora sería necesaria una reflexión más amplia del contexto actual. Podemos pensar que la cooperación, aliada con los movimientos sociales, aligerará sus estructuras técnicas, desdibujará sus contornos institucionales, flexibilizará sus procedimientos internos y de funcionamiento y descentralizará sus equipos y funciones para asimilarse y adecuarse a la red social a la que pretende apoyar. ¿Pero será esto lo que ocurrirá?

 

BIBLIOGRAFIA

-          Calle, A. (2005) Nuevos Movimientos Globales. Hacia la radicalidad democrática. Madrid. Editorial Popular 2005

-          Riechmann, J y Fernandez Buey, F. (1995) Redes que dan la libertad. Barcelona. Ediciones Paidós 1995

-          Rist, G. (2002) El desarrollo creencia historia de una creencia occidental. Madrid, Los libros de la Catarata. 2002


[1] En el documento se irán encontrando, en cursiva, referencias concretas al proceso histórico del trabajo de VSF en el Caribe 06-09, experiencia que ilustra las reflexiones propias del artículo.

[2] Hoy en día se comienza a hablar de la economía de la cooperación, como un sector económico en auge, y de que en determinados contextos se convierte en el sector económico que progresivamente sustituye al resto. Para poner un ejemplo, en un país como Haití, una persona que sea ingeniera agrónoma la única posibilidad que tiene de trabajar en su profesión es hacerlo en el sector de la cooperación, estructurada en las miles de ONGD que existen en el país.

[3]Tras el terremoto de Haití, la OCHA elaboró un informe en marzo de 2010 que describía como se había pasado de 116 organizaciones internacionales presentes en Haití a 984 en tan solo un mes, y como el número de ONGD locales había pasado de 2.223 ONGD a 5.120 en el mismo plazo de tiempo. OCHA Relief Organization Presence. Haiti February 2010

[4] A lo largo del texto se han incluido, en cursiva, referencias concretas al proceso histórico del trabajo de VSF en el Caribe 06-09, experiencia que ilustra las reflexiones propias del artículo.

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