El Don

Con los hombros desenfocados, en su habitual asimetría, el cantautor de cabecera resolvió la incógnita. Ese año 2011 el premio Miquel Martí i Pol a la mejor poesía musicada en lengua catalana no sería

para quién mejor voz regalaba

tampoco para los mejores arreglos ni acordes

y los versos, magníficos, ni le pertenecían a él.

Pero él los escogió, y él los musicó, y él los cantó.

Con ellos quebró el muro más íntimo.

-Tomàs de los Santos, -dijo Lluís Llach- te premiamos por tu don: emocionar.

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6 de Febrero de 2013. Presentación del primer disco de Tomàs de los Santos en Barcelona

Canción Premiada

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Los libros de la historia

27 de diciembre de 2013. La Jornada de  México. Gustavo Duch Guillot

Capítulo 3. Vida

Así se explica en los libros de historia que estudian nuestros nietos y nietas. Las mejores páginas se reservan para hablar de aquellos momentos de adelantada lucidez, que 10, 20 o 30 años antes, sólo somos capaces de presentir.

“Cuando la sociedad capitalista del libre mercado buscaba entre las venas de la Tierra, como un vampiro, las últimas gotas que le permitieran sobrevivir algunos segundos más en su crecimiento perpetuo e imposible, aparecieron, en su línea alba, en el ombligo de nuestra madre, en su ecuador, dos señales, dos poderosos reflejos de un pensamiento humano que finalmente comprendió que la dominación de la naturaleza era un gesto torpe, insensato y machista que empobrecía nuestra existencia, que afeaba los días y las noches, que rompía relaciones y armonía, que, en definitiva, imposibilitaba la vida.

Dos instantes para reaprender que la riqueza de la vida es la vida misma.

etnocidio-300x201Capítulo 2. Muerte

Fueron muchos años de construcción de un diálogo profundo y sereno, como esos pequeños y antiguos insectos alados que, antes de volar sobre canales y estanques los días de verano, han pasado tres o cuatro años bajo el agua, en fases juveniles, preparándose para el gran momento. Así nacieron, como un ser de dos cabezas, dos vibrantes propuestas que, igual que les ocurre a las efímeras, quisieron finiquitar antes de la siguiente puesta de Sol.

La incorporación de los derechos de la naturaleza en la Constitución de Ecuador y la decisión de no explotar el petróleo que habita bajo el Parque Nacional del Yasuní, al poco de haber alzado su vuelo quisieron ser aplastadas por un manotazo patoso y avaricioso de un presidente llamado Correa. Algunas cabeceras de prensa, al explicar su decisión de abrir pozos en el Yasuní, titularon, sin saber que acertaban, que ambas iniciativas ya han pasado a la historia.

Capítulo 1. Nacimiento

Fue en el último instante, se agotaban los tiempos y parecía que no habría consenso para incorporar en la nueva Constitución que se les había encomendado redactar, el capítulo que recogería los derechos para la naturaleza –en lugar de tratar a la naturaleza como propiedad para satisfacción humana, nosotras y nosotros nos declaramos parte de ella–. Entonces ocurrió que el presidente de la Asamblea, Alberto Acosta, hizo uso de su varita mágica y entregó, la mañana de la votación, un texto que Eduardo Galeano cocinó pocos días antes, sabedor de lo que en el pequeño pueblo costero de Montecristi se estaba discutiendo. Varios asambleístas leyeron extractos deLa naturaleza no es muda.

Y ella, se hizo oír.

(Para salvaguardar al Yasuní de las petroleras: http://www.yasunidos.org/)

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Los límites del Planeta

La Fertilidad de la Tierra. Diciembre 13. Gustavo Duch

Hasta hace poco era una práctica habitual, aquí y en muchos lugares cuando se casaba el hijo o la hija y se necesitaba una nueva vivienda, entre las familias del pueblo se ayudaban para construirla. Si a un ganadero le entraba el lobo o a un agricultor el jabalí, la comunidad colaboraba para ampliar o hacer una nueva cerca. El mantenimiento de las acequias era una tarea colectiva. Las inversiones necesarias, domésticas o del pueblo, se hacían realidad con ayudas del hoy por mí, mañana por ti, una ‘deuda’ siempre posible de satisfacer.

Y sin darnos cuenta, todas y todos somos ya mucho más individualistas y tenemos una economía capitalista que reemplazó tangibles esfuerzos colectivos por préstamos o créditos bancarios de monedas virtuales. Las empresas se expanden a base de créditos,  los bancos, para ganar más, se endeudan con otros bancos y los estados emiten deuda pública para mantener funcionando el supuesto bienestar. No parece existir ningún límite físico a la hora de ampliar esta bolsa de deuda, nos hemos creído que su crecimiento puede ser infinito.

Como explica Joan Martínez Alier, vivimos y mantenemos un edificio económico insostenible. En el ático está instalada la economía especuladora que, al vertiginoso ritmo de la avaricia, exige a la economía productiva del entresuelo, que traslada las demandas a la Naturaleza (la planta baja y el subsuelo) la cual no puede ofrecer los recursos ecológicos suficientes que le piden quemar en la caldera del edificio: es material y energéticamente imposible producir a ritmos tan infernales.

consumeY ya tenemos ejemplos como  EEUU colapsado  por no poder afrontar la deuda que ha supuesto tener las calderas a toda máquina; o multinacionales como Pescanova que no podrán pescar merluzas o lenguados al ritmo que les exige los intereses de su endeudamiento; e incluso empresas como Panrico, con grandes ventas, no encontrará consumidores de donuts suficientes para su recuperación.

Dice la Historia que la primera señal de agonía de cualquier imperio es la entrada en decadencia de sus dioses. Si el Crecimiento y el Consumismo llegan a su agotamiento ¿será que se anticipa el fin del capitalismo?

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Campos amarillos

El Periódico de Catalunya. 5 de diciembre del 2013. Gustavo Duch.
 

Estos días he recordado la escena. Era primavera en una carretera de la Segarra, y mientras repostaba, charlaba con el empleado de la gasolinera. Le pregunté por unos fantásticos campos teñidos de amarillo en flor que teníamos enfrente nuestro, salteando el verde de los cereales, un regalo para los ojos de quienes tan acostumbrados estamos al gris cemento. «Son campos de colza», me dijo. «Este año se ven muchos así». Cierto. No solo en las comarcas de Lleida, sino en otros muchos puntos de Catalunya y España. La explicación del fenómeno la teníamos junto a nosotros, líquida, en el surtidor.

Con el argumento equivocado de que los combustibles producidos a partir de colza, soja, maíz y otros vegetales son beneficiosos para luchar contra el calentamiento global, la Unión Europea lleva unos años obligando a su uso y subvencionando a la industria que los produce. Actualmente estos biocombustibles suponen un 4,5% del total del consumo energético europeo en transporte. Pero son tan significativos los impactos denunciados por muchas organizaciones ecologistas y campesinas que en septiembre el Parlamento Europeo propuso reducir el objetivo a alcanzar en el año 2020: del 10% se pasa al 6%. Una reducción, sin embargo, aún insuficiente para frenar la deforestación y el hambre que los agrocombustibles están provocando.

Esta es la razón de estos nuevos campos amarillos en nuestros paisajes, pues la mayoría de los nuevos cultivos de colza han sido sembrados para cubrir este objetivo supuestamente medioambiental. Pero como ni con ellos ni con muchas más hectáreas dedicadas a agrocombustibles es suficiente, Europa importa biocombustibles a base de palma africana del Sureste Asiático y de soja del Cono Sur americano. Y aquí está el doble drama. Por un lado, supone que millones de hectáreas de bosque y selva se talan para el monocultivo de palma africana o soja, y como ello provoca una gran liberación de carbono al ambiente el resultado final son unas emisiones de CO2 superiores a las del gasóleo convencional (solo en España, según el Instituto Internacional por el Desarrollo Sostenible, el uso de agrocombustibles en el año 2011, lejos de reducir las emisiones de efecto invernadero, supuso un incremento de 6,5 millones de toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera). Por el otro, supone que mucha superficie de tierra agraria se dedica a esos cultivos compitiendo con la producción de alimentos básicos (según Intermón Oxfam, si la superficie utilizada en el 2008 para producir biocombustibles destinados a la Unión Europea se hubiera dedicado al cultivo de trigo y maíz, las cosechas resultantes podrían haber alimentado a 127 millones de personas). Y eso comporta un  aumento del precio de esos alimentos básicos, lo que para las personas más pobres y vulnerables se traduce en hambre.

Recuerdo también que hace apenas diez años, al aparecer esta opción energética, fueron muchas las voces que advirtieron de lo que podría suceder, y fueron tildadas de «obsesiones ecologistas». El lema que surgió entonces para avisar de que estábamos pensando antes en los automóviles que en las personas decía acertadamente Antes comestibles que combustibles. Ni caso se nos hizo, y hoy por hoy la UE, según la campaña Stop bad biofuels, gasta anualmente en apoyar los biocombustibles una cifra equivalente a seis años del presupuesto en educación, a cerca de 350 nuevas escuelas en Inglaterra o a 200.000 maestros de primaria cada año: 6.000 millones de euros. Es decir, podemos añadir otro lema, Antes educación que combustión.

Y para acabar con los efectos de estas políticas energéticas, hay uno que pocos sospecharon pero que hoy es el que más preocupa a las poblaciones rurales de los países del sur: el acaparamiento de tierras. A ojos de la especulación, es irremediablemente lógico, de forma que hacerse con la mayor cantidad de tierras fértiles con capacidad para producir los combustibles que mueven la economía capitalista resulta una inversión muy jugosa. Por eso en el transcurso de esta década una superficie de Asia, África y América del Sur similar a la mitad de todas las tierras fértiles europeas ha pasado (legal o ilegalmente, pero siempre sin ninguna legitimidad) de ser  un suelo nutriente de sus pueblos campesinos a estar bajo el control de potentes fondos de inversión, grandes multinacionales del agro o incluso países con déficit alimentario como China, Corea del Sur o los Emiratos Árabes.

Todo eso se ve cuando miramos con atención esos bonitos campos amarillos, y bien lo sabe el amigo de la gasolinera, que como el mejor de los estrategas me comentó: «Ojo, ya hay empresarios árabes que compran tierras por estos lugares».

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El bosque escondido

Ninguno se veía en cientos de kilómetros a la redonda. Por mucho que te esforzaras, ninguno.

Ningún árbol de ningún bosque.

-Fueron los incendios y varias semanas de estridentes hachas mecanizadas las que abrieron las puertas a las apisonadoras, que prepararon el terreno para el cultivo de millones de unas plantas cuyos frutos saben a gasolina. Árboles muertos para que el progreso pueda vivir.

Ningún árbol quedó en pie.

Ninguno.

Ninguno, menos uno raquítico y enfermizo.

Frente a ese último árbol pasan familias de pastores con sus rebaños de cabras, los mismos que se movilizaron sin éxito cuando todo eso pasó. Y,

Sara Plazaninguno de los pastores le corta ninguna rama para hacerse un bastón; ninguna de las mujeres le cuelga pescados para secar,

ninguna de las cabras prueba bocado de ninguna de sus arrugadas hojas,

ningún niño, con su navaja, dibuja corazones en su corteza;  ninguna niña trepa por sus ramas.

Ningún pájaro anida en él.

Hasta los vientos se detienen respetuosos frente a aquel último árbol, tan frágil como lo sienten.

Porque saben que han encontrado el aliento de lo que será bosque. 

 

Relato en el libro ‘Cuando los cultivos alimentan coches’

Gustavo Duch. Autor de MUCHA GENTE PEQUEÑA.

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Seres de otro mundo

Un papel recogí del suelo cuando aquel encuentro de jóvenes estaba a punto de finalizar. Aquellas notas sueltas, sin ser grafólogo, parecían, por los trazos inacabados, escritas a mucha velocidad pero muy bien pensadas por como de apretados estaban cada uno de ellos. ¿Una carta de propósitos  o quizás un aprendizaje?

Claro que somos unos flojos, no queremos sostener este mundo de mierda.

Claro que somos unas desheredadas, no queremos la herencia de su mundo.

Claro que somos analfabetos y analfabetas si su diccionario es machista.

Claro que no votamos, pasamos cuando la muerte son sus proyectos.

Claro que nos orgullecemos de lo viejo, su modernidad es un altar al olvido.

Claro que somos unos desinformados, su inteligencia televisiva o internauta es un puro secuestro.

Claro que hay que mirar atrás cuando su delante es opresión. Claro que reclamamos menos cuando su más es destrucción.

Claro que vestimos como vestimos pues sus estúpidas corbatas son sogas en el cuello. Bello es el amanecer, un huerto con sus hierbas y un grafiti de amor.

Claro que somos indecentes si su decencia es contaminar o escupir inmundicias sobre la Tierra.

Claro que somos impúdicos con nuestros besos, abrazos y roces pero a ellos no vamos a renunciar.

Claro que somos incrédulos de dioses y ciencias pues bien sabemos que la vida es un misterio.

Claro que somos unos marginados pues nos situamos al margen de sus podridas leyes.

Claro que somos unos payasos. Claro.

Para mí no hay duda, el papel que guardo en el bolsillo es una declaración de amor. De seres de otro mundo. De seres hacedores de otro mundo.

GUSTAVO DUCH GUILLOT. Autor de MUCHA GENTE PEQUEÑA

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La ReVuelta

Diari Ara, Noviembre de 2013. Gustavo Duch   
 

Para mi amiga Rosa, de Llofriu

¿Se han imaginado alguna vez ser un habitante de esas bonitas islas polinesias que tienen que desalojar porque el ascenso del nivel del mar está salinizando sus tierras agrarias y porque en breve acabarán completamente sumergidas? Salir de ellas, movilizarse, es la única respuesta que pueden adoptar, les guste o no, y seguramente no les gusta. Jeromo Aguado, pastor de ovejas en la comarca de Tierra de Campos, Palencia, argumenta que la situación para toda la humanidad es similar, caminamos hacia un colapso ecológico donde la crisis actual es una de sus expresiones y, como si de la isla se tratará, solo podemos hacer una cosa, movernos, nos guste más o menos.

Su hipótesis descansa en conocidos argumentos científicos que indican que el futuro es harto complicado cuando en la misma medida que aumenta la población en el Planeta, vamos acumulando población en muy pocas grandes urbes donde el consumo de materiales y energía y la acumulación de desechos es definitivamente insostenible. Sirva de ejemplo que alimentar al 50% de la población que actualmente ya vivimos en estas ciudades es totalmente dependiente de una energía fósil que se acaba, el petróleo. Pero parece como si no quisiéramos atender a tales advertencias, hipnotizados por “perversos estados del bienestar infinitos”.

683164-Imagen_del_premio,_Campesinas_del_pintor_quesadeno_de_Rafael_Zabaleta_Version2Y según Jeromo, ¿hacia dónde debe moverse nuestra civilización? Hacia el campo. Aboga por la necesidad de un éxodo inverso, de lo urbano a lo rural, un tránsito hacia un espacio físico o una dimensión vital a pequeña escala, los pueblos, donde la sostenibilidad es más sencilla de garantizar pues se está rodeado (cerca y accesible) de casi todo lo necesario para la vida; lo productivo puede ser diseñado ecológicamente; e incluso los comportamientos de sobriedad son más fáciles de asumir. Hasta aquí todo responde a la pura lógica.

Pero no será ni desde la lógica, ni desde ‘campañas orquestadas’ para volver al campo, ni como simples huidas por desesperación ante la crisis actual que ésta movilización será valida y valiosa. La imprescindible vuelta al campo tiene que llegar después de otro viaje: un tránsito interior que analice nuestra vida actual construida sobre cimientos capitalistas. ¿Queremos seguir trabajando muchas horas para lograr minutos de malvivir? ¿Dónde han quedado los momentos y espacios de verdadera felicidad? ¿Nos rodea la fealdad y la crispación? ¿Sabemos quién paga nuestro supuesto bienestar? Y si así descubrimos que buscamos una forma diferente de relacionarnos con la Naturaleza y con las otras personas; que aspiramos a ser pequeñas transgresiones para erradicar el poder del capital que maltrata a tantos seres, que invisibiliza a las mujeres o que especula con el hambre, en ese caso, la vuelta al campo sí se puede convertir -como dice el pastor- en “una re-vuelta popular y pacífica, que cargada de energía positiva, sea germen de una nueva sociedad que, a la vez que se vaya construyendo, irá dando al traste con el modelo de desarrollo etnocida vigente instaurado a escala planetaria”.

Esa es la gran virtud de la movilización hacia lo rural que a diferencia de ‘escapar de la isla’, no solo es una respuesta sensata ecológicamente hablando, es también la vuelta a un conocido lugar donde es posible levantar nuevos edificios y paisajes, con las muchas y valiosas propuestas arquitectónicas que en estos tiempos de crisis están apareciendo. Todas ellas, el decrecimiento, la economía social y solidaria, la soberanía alimentaria, la economía feminista o el buen vivir, funcionan como planos, andamios y piezas de nuevos sistemas de pensamiento que podrán hacerse realidad en muchas comunidades desperdigadas por el campo.  

Y lo más esperanzador de esta revuelta es que ya ha empezado. En todo el mundo industrializado hay gente que “calzados de indignación y esperanza, han decidido asumir el protagonismo de su propia vida y tomar las riendas de su futuro, sabiendo que siempre que a la vida se le da una oportunidad, solo le basta un milímetro en el hormigón más armado para renacer”. Son muchas las experiencias en marcha y es asombroso como, cual semillas, sus proyectos se desarrollan y luchan en ese milímetro -sorteando muchas dificultades- para salir adelante.

Fascinante ¿no? Para mí sí, cuando en estos momentos donde la falta de lucidez y la confusión predominan en todos los debates y parlamentos, rescatar voces de personas que nunca se alejaron de la tierra y sus ritmos, es como abrir de par en par ventanas reales a un futuro ilusionante. Es aquello que decía otra sabia persona, José Luis Sampedro, “el sistema está roto y perdido, por eso tenemos futuro”, y, fíjense, el futuro está en volver a mirar a lo rural, a lo campesino, a lo natural.          

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Más PAC ¿Pa’ Qué?

Revista Alternativas Económicas. Noviembre 2013. Gustavo Duch

No recordaba la fecha y he tenido que pedir ayuda, pues ni internet dispone de esta información, ¿cuándo pusimos en marcha, desde la Plataforma Rural, la campaña para cuestionar la Política Agraria Europea, PAC Pa’ Qué? Hace ahora quince años.

Desde entonces, con varias reformas atravesadas, las discusiones han sido difíciles de seguir pero, las críticas que lanzábamos entonces, se mantienen vigentes. Entonces y ahora, no hay diferencias: la política de la Unión Europa para su agricultura es una política antisocial (solo en España en los últimos 10 años, cada día, se cierran 80 fincas agrarias); insostenible ecológicamente (prima modelos de agricultura industrial responsable de al menos el 40% de emisiones de CO2); injusta (la mitad de los productores y productoras en Europa reciben menos de 500€ por año, mientras que quienes reciben más de 100,000€ son solamente algunos millares) y poco solidaria con terceros países (se pueden describir muchos casos de dumping). Es decir, bajo un lenguaje tecnicista se oculta cómo la Unión Europea destruye nuestra Soberanía Alimentaria.

De hecho su rasgo más característico es que hablamos de una política que no hace política, que entrega todo un sector, la agricultura, y por consiguiente la alimentación de sus pueblos, a las sangrantes leyes del mercado autorregulado.

descarga (5)Dejemos de lado discusiones técnicas bizantinas, dejemos de lado pelear por subvenciones que tienen más de chantaje o de indemnización que de ayudas, y centremos los esfuerzos en contar con algo que hoy es tan escaso: políticas desde los pueblos para los pueblos. Defendamos una Política para la Soberanía Alimentaria de los pueblos de Europa, para que nuestra alimentación se cultive y crezca en nuestros territorios, donde existan medidas de protección para quienes practican la agricultura a pequeña escala, y facilitemos la vuelta al campo de quienes quieren practicarla; definamos medidas que aseguren precios remunerativos y justos a quienes producen alimentos y asequibles a quienes debemos adquirirlos; que se pongan límites contundentes a la expansión de la agroindustria y las grandes superficies que concentran el poder de la cadena alimentaria…

Dejen de jugar con sobres de dinero público. Hagan política. 

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La terapia

La Fertilidad de la Tierra. Patricia Dopazo y Gustavo Duch. Octubre 2013

 

Al verle entrar con ojos desorientados y melancólicos, tuvo un presentimiento. Le pidió que se tumbara en el diván y antes de poder tomar el bloc de notas, el paciente ya había empezado su relato, ansioso.

Me gustaría que me ayudara a saber qué soy exactamente y de dónde vengo. Oigo cosas contradictorias sobre mí y quisiera poder aclararme de una vez, no puedo seguir así. Dicen que tengo mucho valor, que lo que doy es de mayor calidad que lo que dan otros, que soy honrado y que me llevo bien con la naturaleza porque hablamos el mismo idioma. Pero otros me dicen que soy viejo, atrasado y que no rindo demasiado. Necesito que me diga, por favor, si todo esto es cierto o no, para saber qué hacer con mi vida.

Efectivamente, pensó la terapeuta, otro caso de confusión y pérdida de memoria intencionado, y de nuevo, provocado por el capitalismo. En varias décadas de insistencia desde todos los frentes, ha causado verdaderos estragos, generando un vacío de pensamiento propio y crítico, que ha hecho que prácticas tan valerosas como el Secano hoy no sepan nada de su papel. Así, ha arrinconado a los sistemas de cultivo más sociales y adaptados a la naturaleza para rendir culto sólo a lo económicamente productivo.

Mire ― le dijo con voz cálida ― usted es la práctica agrícola que nace con el pueblo y le acompaña en su devenir. En algunos lugares, hay mucha agua, en otros hay poca, pero usted sabe cuidarla y transformarla en alimentos del lugar y de la temporada. Si muchos pueblos hoy están abandonados es precisamente por el declive de prácticas como ustedes y por el muchísimo dinero y subvenciones que se ha dedicado a prácticas intensivas que solo lucran a la agroindustria y endeudan a la población.

Entonces ― continuó mirándole a sus ojos resecos y de color tierra― es urgente que se autoreconozca y gane autoestima porque de usted depende en buena parte la recuperación de la vida campesina. Sus cultivos, además de dar vida natural y ser parte del mantenimiento de muchos ecosistemas ligados a la agricultura, hoy son el elemento clave para la vuelta a un mundo rural vivo. Con Secanos como usted la población tendrá alimentos sin gastos energéticos disparatados y permitiendo la vida de muchas personas en los territorios rurales. El cambio climático viene a complicar la agricultura mundial y el agua de los ríos y acuíferos se nos agota, por lo tanto solo con sus tierras enriquecidas con materia orgánica será posible seguir cultivando arroz, cereales, garbanzos, lentejas, frutales…

Y el Secano se levantó decidido, igual que se levantan los pueblos rebeldes, sabiendo por fin quien es: una bella proeza agraria.

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Multiples cuchilladas

Gustavo Duch, 24 de octubre de 2013 

 

Cuando descubrieron que existían planes que amenazaban la vida de su madre, corrieron en su defensa, claro, ni tiempo les quedó para despedirse de sus amigos. Desperdigados por diferentes países aquellas chicas y chicos sabían que era a su lado donde tenían que estar. Pegados a ella.

La información que consiguieron era escalofriante pues, como recogían los informes forenses, el modus operandi de quienes querían acabar con ella era siempre idéntico: múltiples cuchilladas, tan hondas como fuera posible, siendo la causa de la muerte el desangramiento. Qué dolor les creció al observar fotos que se conservan de muchos de los crímenes de esa banda que la perseguía, un grupo muy bien organizado.

Son las petroleras que, sin compasión, en Ecuador, Nigeria o bajo mares y océanos perforan la piel, atraviesan los músculos, fracturan los huesos, taladran las vísceras y finalmente revientan el corazón de la Madre Tierra.

30 activistas de Greenpeace, hermanas y hermanos de todas y todos nosotros, son los que corrieron hacia el Oceáno Ártico para denunciar los planes de las petroleras. Allí, donde los fluidos de la vida, sangre o agua, ya son graves hemorragias, han sido arrestados. Por estar donde tenían que estar, donde tenemos que estar. Pegados a nuestra Madre asediada.

APOYO: http://www.greenpeace.org/espana/es/Que-puedes-hacer-tu/Ser-ciberactivista/liberen-a-nuestros-activistas/

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