Ahora es cuando

Galicia Hoxe, 11 de agosto de 2010

«Los seres humanos somos esencialmente agua. Alrededor de dos terceras partes de nuestro organismo están compuestas de agua. Un 75% de nuestro cerebro está constituido por agua, y el agua es el principal vehículo de las transmisiones electroquímicas de nuestro organismo. Nuestra sangre circula como un enjambre de ríos en nuestro cuerpo. El agua en la sangre ayuda a transportar nutrientes y energía a nuestro organismo».

Con estas frases Pablo Solón, representante Permanente del Estado Plurinacional de Bolivia, en la Asamblea General de Naciones Unidas, iniciaba su discurso de presentación de una resolución para que allí, en la ONU, se reconociera el agua como un derecho humano esencial. También lo es, aunque se nos olvide, un derecho básico para el resto de seres vivos y ecosistemas del planeta. En realidad «el agua, sin duda alguna, es vida», afirmaba Pablo Solón y por eso es necesario «que se reconozca el derecho humano al agua y al saneamiento en momentos en los cuales las enfermedades provocadas por falta de agua potable y saneamiento provocan más muertes que cualquiera de las guerras. Cada año más de 3 millones y medio de personas mueren por enfermedades transmitidas por agua contaminada».

Necesario pero no suficiente. Los datos que presentaba son claros: «A nivel mundial aproximadamente una de cada 8 personas no tiene agua potable. En solo un día más de 200 millones de horas del tiempo de las mujeres se consumen para recolectar y transportar agua para sus hogares. Se estima que el saneamiento podría reducir en más de un tercio, las muertes de niños y niñas por diarrea». Por eso, continuaba, «es necesario convocar a los Estados a promover y proteger –con políticas activas y recursos- el derecho humano  al agua potable y al saneamiento»

«Como dice mi pueblo –el pueblo que recuperó en Cochabamba el derecho a gestionar su propia agua, concluyó Pablo Solón- ahora es cuando». Y la resolución fue aprobada con el voto favorable de 122 países y 44 abstenciones (entre ellas las de Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido) el pasado 28 de julio. Así que, ahora es cuando la declaración de la ONU debe dar lugar al establecimiento de límites a la tendencia de los últimos años de privatización de este recurso público llevada a cabo por grandes corporaciones. Ahora es cuando deben prevalecer las necesidades antes que los negocios.

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