Aperos

Galicia Hoxe, 22 de diciembre de 2010. Gustavo Duch

Cada mañana él coloca en su cinto
un machete gastado, le espera un campo ajeno.
Ella, amanecida horas antes,
lo despide cuchillo en mano
y sigue, rutinaria, desvistiendo patatas.

Aperos, a pares

Su cuerpo torcido cosecha centenos, trigos o maíces
a latigazos de guadaña.
La hoz, hermana pequeña,
ayuda a ella en el aseo del huerto.
Él es labrador de otros, ella provee sus sustentos.

Aperos, a pares

Con las cuatro púas de la horca
el labrador lanza y apila las mieses segadas.
Tenedores de cuatro púas
desayunan las bocas de los pequeños de la casa.
Y remueve vitaminas en la sartén.

Aperos, a pares

Paletadas de abono llueven de él
para dar de comer a la tierra del amo.
Mientras ella pala en mano,
recoge los desechos de los animales.
Son todas sus posesiones.

Aperos, a pares

De regreso, él, rebanador de leña –hachero-,
enciende la lumbre cuando se agota el día.
Ella cuchillo en mano aún, siega pan para la cena,
y atiza el fuego,
y modela el cariño para los hijos,
y sirve, cuida y se entrega.
Saben que al final no está la meta.

Aperos, a pares

La hoguera brilla en ojos de mujer que clama justicia.
El varón asiente.
Mañana al despertar desposarán
su machete y su cuchillo,
con azadas, picos, azadones, palos…
empuñados en marcha campesina,
de mujeres y hombres iguales.

Y recuperan la tierra.


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