La voracidad europea

Público. Gustavo Duch. 18 de febrero de 2012

El cálculo me dejó helado y [pienso] es incontestable. El periodista ambiental Jordi Bigues me lo explicó: un árbol  de cacao produce cada año un kilogramo de cacao procesado, listo para comer. Si el consumo de cacao al año y por personas en el estado español es de 5kg de media, significa que en Costa d’Ivori o en cualquier otro territorio tropical, tengo cinco árboles plantados a mi nombre. Y yo sin saberlo. Si pensamos en el café, otro cultivo tropical, las personas que tomamos un par de tazas diarias tenemos en usufructo 18 cafetales. Amos de una miniplantación.

 ImagenEn un sistema de comercio perfecto y solidario, con los niveles de consumo equilibrados a las posibilidades de la naturaleza, quizás este uso de tierras ajenas podría ser un simple intercambio beneficiario para consumidor y productor. Pero no es así. Detrás del cacao o del café hay muchas horas de trabajo infantil y salarios de miseria, de seres expulsados de sus tierras y de tierras agotadas de tanto exigirles. Por lo que conocer este dato para productos que sólo algunos países por su clima pueden producir es revelador. Pero ahora que sabemos que la comida que nos llega a nuestras mesas, la madera con la que se fabrican los muebles  y desde luego los agrocombustibles con los que pretenden asegurar el llenado de los depósitos de los autos vienen de muy lejos ¿qué pasa si contabilizamos cuantas vacas, cerdos, gallinas, frutales, maizales, pinos, palmas africanas, etc. tenemos en nuestras nóminas agroalimentarias?

Bien, el cálculo ya está hecho. Partiendo del indicador conocido como huella ecológica,  que representa «el espacio de Planeta que cada población ‘usa’ para generar los recursos necesarios y para asimilar los residuos producidos» (es decir, una medida que enfrenta consumo y sostenibilidad) aparece ahora un nuevo indicador, la huella del uso de tierra, que se centra en calcular la superficie que requiere una persona o un país para disponer de los productos agrícolas y forestales que utiliza. Igual que la huella ecológica, esta medida nos alerta del sobreuso general al que estamos sometiendo a la tierra; visualiza la injusticia del hambre en países productores de alimentos; y añade, como veremos, un valor de dependencia: con estos cálculos podemos interpretar la actual vulnerabilidad alimentaria a la que ha llegado Europa.

El cálculo de nuestro uso de alimentos, madera o energía es fácil si lo medimos en la cantidad de tierra necesaria para su producción. La superficie, las hectáreas de tierra, es un parámetro que nos permite sumar la tierra dedicada a los cultivos de tomates o pepinos de nuestras ensaladas foráneas –con altas probabilidades que sean tierras propiedad del Rey de Marruecos-;  las hectáreas necesarias de soja para el engorde de nuestro platos carnívoros –cien por cien provenientes del latifundismo oligarca sudamericano- o las hectáreas de palma africana –seguramente plantadas en Indonesia o Colombia dejando en el camino graves episodios de violencia-  que crecen y explotan para fabricar el llamado biocombustible. Sólo quedan fuera de estos cálculos, lógicamente, los productos marinos, que mediante otras informaciones sabemos que en el caso de Europa provienen en un 70% aproximadamente de mares ajenos. 

Como era de esperar los estudios emitidos por la organización Amigos de la Tierra de la huella del uso de la tierra indican que los EEUU están en primer lugar de consumo, con 900 millones de hectáreas para la alimentación de su población. Europa somos los segundos, consumiendo 640 millones de hectáreas de tierra, es decir, Europa utiliza el equivalente a 1,5 veces su propia superficie, convirtiéndonos en el continente más dependiente de la ‘importación’ de tierras.   Somos, de hecho, la población que más tierra tomamos prestada (a veces bajo tratados comerciales, a veces por la fuerza de las armas) de otros continentes: un 60% de la ‘tierra consumida en Europa’ es importada.

Los factores que nos han llevado a esta situación son fáciles de descubrir. En primer lugar, unas medidas políticas europeas encaminadas precisamente a esto que ahora detectamos, a comprar la comida fuera despoblando nuestro medio rural; en segundo lugar, el excesivo consumo de carne que se ha ido imponiendo progresivamente desde la agroindustria a la población, que lleva a la necesidad de importar millones de toneladas de cereales y leguminosas para engordar ganado; y en tercer lugar, los criterios políticos de favorecer el agrocombustible como fuente energética. 

Muchas consecuencias tiene este modelo alimentario de tierras conquistadas, aunque hoy debemos  señalar dos que pueden pasar desapercibidas. Una, Europa es vulnerable alimentariamente hablando. Es decir, no somos para nada autosuficientes y una mala cosecha de soja en Argentina, por ejemplo, puede significar falta de leche, carne o huevos en nuestros supermercados. O una especulación con el valor del maíz en la bolsa de Chicago, como le gusta hacer a Goldman Sachs, por ejemplo, representaría en nuestras balanzas comerciales un incremento en el coste de las importaciones.

Dos, detrás de este modelo de agricultura globalizada y  de consumo excesivo está el acaparamiento de tierras que desde hace una década se está extendiendo como una plaga por los países más pobres. Los cálculos indican que una superficie equivalente a la mitad de la tierra fértil disponible en Europa ya ha sido adquirida (a precios de risa, si es que hay precio) por capital extranjero en los mejores lugares de países africanos o sudamericanos. Hoy, el acaparamiento de tierras fértiles en países agrícolas del Sur, es seguramente el mayor responsable de nueva población hambrienta, despojada de su medio de vida.

Para detener dependencia y hambre la ecuación es sencilla: cuidemos a nuestra agricultura local, consumamos con medida lo que las y los pequeños productores locales producen en cada temporada. Todo está conectado. 

16 comentarios en “La voracidad europea

  1. Los políticos tienen demasiadas servitudes para atajar -si quisieran- esta situación: se deben a otros países más poderosos, a los lobbies financieros, a diversas multinacionales, y, si se les da permiso para ello, a un pedacito del pastel, que para ello se toman tanta molestia.
    Como tan a menudo acaece, somos los ciudadanos los que podemos y debemos cambiar la realidad por otra más justa y acorde a nuestros valores. Ahí va una propuesta: tomad un lápiz y anotad 5 cambios factibles en vuestros hábitos o dieta, ya que de alimentos hablamos. En un mes repasad la lista, y si habéis cumplido estos propósitos, id a por 5 más. ¡Ánimo!

  2. Gustavo gracias por la información, desde Algunos desde Chile estamos tratando de ayudar a que esta terrible situación no sea permanente. Por favor traten de informarse sobre lo esta ocurriendo en una de nuestras regiones la Region que se encuentra movilizada se llama. Aysen y la organización ciudadana que lidera se llama. Tu problema es mi problema Cosme. Caracciolo Pescador Artesanal

  3. Sr Duch,
    ¿Me permitiría traducir este artículo al Inglés? Con mucho gusto le presentaré la traducción antes de usarla, con su debido crédito de autor, en otros medios de comunicación tanto social como académica. Me parece una explicación pertinente y simple de una situación global deplorable.

    • Le respondió el Sr. Duch? Ahora mismo estoy en Gales, en un encuentro para maestros de primaria dónde hablamos de educacion. Como hablar de educación significa implícitamente hablar de futuro, me gustaría compartirlo con los partners que aquí hay para refrescar la consciencia de estos problemas con los que nuestras hijas tendrán que lidiar.

  4. Pingback: Nuestro espacio vital « deColorVerde

  5. Impresionante, cada vez que veo cifras asi no puedo evitar sentir vergüenza y culpa a partes iguales. Pero esto es solo una parte más del Neocolonialismo. Si a Goldman Sachs les gusta especular con el valor del maiz, no quiero imaginar lo que les gustará hacer con los valores del coltán.

    Un saludo.

  6. Pingback: La Voracidad Europea (artículo en PÚBLICO)‏ | Unidad

  7. Está muy bueno el artículo… igual sería más ilustrativo calcular las has. de tierra europea que le “corresponde” a cada ciudadano europeo por ejemplo, y las has. que consume cada ciudadano europeo en promedio. Y así se elimina el sesgo de que algunos países parecen tener mayor huella cuando en realidad lo que tienen es una mayor población o no… y al mismo tiempo nos da una idea de cuanto nos estamos desviando de lo que “corresponde”.

    Un saludo!

  8. En Europa, como está pasando en el resto de la tierra, subyace el modelo territorial que nos estan construyendo, un modelo de caracter policentrista, focalizado en unos pocos centros economicos en amplias regiones, favorable a los intereses neoliberalistas, muy alejado del modelo de dispersión que favorece un entorno sostenible, de autogestión, en armonía con el habitat del territorio.

    “Venían de las grandes ciudades,… el semblante serio, la mirada perdida,…en algún sitio habían oido que se veía la luz, que la noche no se confundía con el día. Decidieron quedarse, sintieron que podían empezar de nuevo….acudían a miles, ocuparon las tierras, las trabajaron, fueron parte de ellas…descubrieron que la felicidad era el camino…cambiaron el rumbo de la vida en la tierra…”

    Sueño con ese dia…

  9. Pingback: FEBRERO 2012: AGENDA ESTATAL : Asociación Cultural "Ecobierzo"

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