MADEROS O LAPICEROS

Gustavo Duch.

Con casi diecisiete años, Néstor mantenía intacta aquella admiración por el padre que le ayudaba a trepar a los árboles, que tenía todas las respuestas, que resolvía acertijos para él imposibles y que ―como en la tele, pero de verdad- era el terror de todos los maleantes. Cuántas veces había presumido de todo eso delante de sus amigos.

Todo se precipitó. La conciencia política le llegó de la mano de una chica, y en su primera manifestación vivida y dolida, la inocencia murió a porrazos. Con cientos de compañeras y compañeros clamaba en las calles de Valencia, libro en alto, contra los recortes en educación propios del más inculto de los neoliberalismos, cuando la policía –parapetada y cobarde- les cercó. El golpe en el antebrazo se lo atizó su padre que, ciego de violencia, ni tan siquiera le reconoció.

Frente a su madre, repitió aquellas palabras podridas: ―como en la tele, mamá, pero de verdad.

Un comentario en “MADEROS O LAPICEROS

  1. Quienes practican la violencia, en cualesquiera de sus manifestaciones, son reprensibles. No obstante, es comprensible (y hasta cierto grado loable) que se proteste en pro de la continuidad de la calidad de la formación escolar, o en favor de su mejora. Es lamentable que en mi país, Guatemala (tal como lo comentábamos ayer con mi madre, quien fue maestra durante 45 años), la calidad de la formación en las escuelas esté ahora peor que nunca en la historia de este país. Y el círculo es vicioso y empeora con cada grupo nuevo de maestros que se gradúa cada año (de secundaria, en Guatemala se puede ser maestro de educación primaria al terminar de cursar 3 años de secundaria elemental y 3 años de secundaria superior; solo para ser profesor de estudios secundarios superiores se debe estudiar durante tres años y medio más en la universidad). Lamento mucho lo que sucede en España (y en todo el mundo), pero es comprensible. Hace poco escuché en RT internacional una entrevista a la secretaria general del Partido Popular y, francamente, no me pareció que tuviese muchas más luces que uno de los funcionarios del tercer mundo a los que estamos acostumbrados en América Latina. Indudablemente, en función de la historia educativa de ustedes, la situación puede resultar peor y menos soportable. Ánimo

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