El apocalípsis llegará por una plaga de piojos

El Periódico de Catalunya, 30 de septiembre de 2018

Hace varios años imaginé que en algún momento no muy lejano llegaríamos a una apocalipsis alimentaria. Que no podríamos producir alimentos. Ni verduras, ni legumbres, ni cereales tendríamos disponibles porque además de la desaparición de las abejas, la agricultura ya no sería posible pues todas las semillas, en manos de una única empresa, ya no estarían disponibles después de la quiebra financiera de esta corporación. Tampoco podríamos alimentarnos de carne, huevos o leche porque al no disponer de soja o maíz para su engorde, todas las granjas del planeta habían tenido que bajar la persiana. La cría de animales en libertad, pastoreando, ya había desaparecido hacía años de nuestra memoria y se desconocía esta posibilidad.

¿Y el mar y los ríos? En mis delirios, en ese momento la causa que imaginé fue «una plaga de piojos de mar nacidos en las piscinas de acuicultura que habían saltado a todos los océanos y mares causando una infestación completa e irreparable».

Al paso que vamos, las dos primeras sospechas se hacen más probables que nunca. Bayer, con productos en su catálogo peligrosos para las abejas, ya es casi la única dueña y señora del patrimonio genético de la humanidad. Y la tercera, ¿ya ha empezado? Esperemos que no, pero a finales de julio, explica la organización ecologista Salmon an Trout Conservation Scotland, se encontraron una proporción muy alta de salmones salvajes muertos en uno de los ríos más emblemático de Escocia, el Black Water. La causa de esta mortalidad fue la presencia de cientos de piojos adheridos sobre los salmones “arrancándoles la piel” hasta su muerte. En la red pueden encontrar las fotografías y un vídeo que ilustran esta descripción, pero no es muy agradable de observar. Y, efectivamente, parece que estos parásitos han llegado a los salmones silvestres diseminados desde las siete granjas de la empresa The Scottish Salmon Company que en esa región cultivan salmones en cautividad.

Las granjas piscícolas, donde se agrupan cientos de miles de salmones, son un medio propicio para la multiplicación de piojos que acaban llegando a las aguas circundantes afectando así a los animales en libertad.

La noticia nos debería obligar a repensar los sistemas productivos industriales de alimentos. Querer producir ingentes cantidades de comida a ritmos frenéticos para distribuir por el mundo a cambio de beneficios económicos, insistimos, está forzando la armonía y equilibrio de los sistemas naturales con consecuencias letales: desde el cambio climático hasta la desaparición de miles de especies o la perdida de fertilidad de las tierras y aguas que son el sustento de la vida. El argumento esgrimido de que es la única manera de alimentar a una población creciente es falso. Analizando las cifras actuales de hambre ya no hace falta discutir al respecto.

Quizá la única discusión lógica es debatir si la vida en el mar se extinguirá por una plaga de piojos o por una plaga de plásticos. O por las dos cosas.

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Fotos de piscifactoria en Pyongyang para Internacional enviadas por Adrian Foncillas

 

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