Tributos a alguna gente pequeña

Tres textos en tributo a SlowFood, Pangea y Pueblos en Movimiento. Respectiva y respetuosamente

Mercados de la Paz. 

Para SlowFood

A Carrefour, Lidl, Mercadona o Caprabo se les incluye en la categoría de supermercados de la alimentación pero es un error. Deberían incluirse entre las empresas bélicas. Su lema es competir; mantienen una constante guerra de precios; como si fueran municiones, explotan a quienes trabajan para ellos o a quienes les suministran; y, mediante la publicidad, traman emboscadas para capturar rehenes… a los que llaman clientela.

Desde hace unos años, están desarrollando la táctica del desembarco en espacios muy estratégicos, los mercados municipales. Aprovechando las propuestas de reforma de estos equipamientos, y con el apoyo o aceptación de las administraciones, estas grandes multinacionales ocupan una parte significativa instalando su supermercado. Es decir, allí donde teníamos 20 ó 30 pequeños comercios, con larga trayectoria, ricos en conocimientos, especializados en charcutería, encurtidos, verduras o casquería, donde la atención personal y delicada era insignia, ahora tenemos toneladas de productos procesados, verduras dentro de plásticos y mucho petroleo en todos los kilómetros que estos llamados alimentos han recorrido. La soberanía alimentaria, en su lenguaje, es derrotada.

Pero la capacidad de resistir y renacer está dispersando por la ciudad, como si fueran semillas, los mercados de pagès o mercados de la tierra, como les llaman la buena gente de SlowFood. Tan radicalmente sencillo y transformador como organizar que las personas productoras cercanas a cada municipio puedan ofrecer sus alimentos frescos, de temporada, sin tratamientos químicos ni excesivas transformaciones. Mercados que ofrecen una alimentación que es sana y hace justicia.

Los mercados de la Paz. 

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Operadora, Por Favor.

Para Pangea.org

Cuando los veranos eran largos y yo niño, en la casa del pueblo teníamos un libro de cuentos que incluía uno llamado Operadora, Por Favor. Lo leía varias veces por mes, alguna cosa tenía aquel texto que me atrapaba. Se centraba en aquella revolución que en tantas casas produjo la primera instalación de un aparato mágico e incomprensible llamado teléfono. En concreto, en la de un niño británico que observaba atentamente como su madre y su padre utilizaban aquel extraño aparato para resolver mil una situaciones. – Operadora por favor, ¿puede poner una conferencia con la casa de los abuelos? Operadora por favor, ¿puede buscarnos el teléfono de un hotel? Operadora por favor, ¿puede..? Hasta que un día que estando solo en casa, al golpearse un dedo con un martillo, el niño tomó un taburete para acceder al teléfono instalado en la pared, y después de escuchar una voz femenina ofreciendo su ayuda, el niño chilló, – operadora, ¡me he hecho dado en el dedo! Sin perder la paciencia, la operadora, explicaba el cuento, le dio las instrucciones necesarias para curar su lastimado dedo. Y así nació un relación de un niño que mientras vivió en esa casa descolgaba el teléfono para resolver la capital de Francia o la tabla del 7.

El niño creció, marcho del pueblo y años después al volver a la casa, frente al teléfono que allí seguía impertérrito, lo descolgó, sin necesidad de subirse a ningún taburete, y escuchó la misma voz de veinte años atrás. – Me he lastimado el dedo, dijo.

A principios de la década de los 90, en la ciudad de Barcelona, cuando internet era una novedad mágica y difícil de entender, cientos de veces levanté el teléfono y después de marcar un número que sabía de memoria, recibía el saludo de una voz familiar, y yo decía – Lorena, por favor. Y Lorena contestaba pacientemente a todas las preguntas que yo tenía sobre la configuración del Telnet, un programa para conectarse a la red justo apretando la tecla escape cuando sonaba un ruido como de fax; o sobre el programa Eudora para mandar correos electrónicos a los pocos usuarios vanguardistas del momento … y todo a velocidad de 56k… Casi se veían salir las palabras por los balcones, casi llegaban a su destino al mismo tiempo que un correo postal.

Y así hasta hoy, 25 años de una revolución de las telecomunicaciones que he vivido al ritmo de – Lorena, por favor. Lorena, un persona a la que yo, como alfarero, le he puesto rostro con las notas de su voz.

Operadora Por Favor, no era un cuento, era una premonición.

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La epidemia

Para Pueblos en Movimiento

María fue a ver a Lucía, su doctora de confianza, estaba muy preocupada, desde hacía unos días apreciaba una serie de cosas extrañas e inexplicables en su cuerpo.

Mira -le decía señalando sus ojos- mis cejas son ahora de musgo verde como el que en otoño aparece en el camino de la Ermita.

La sabiduría que guardo en mi cerebro tengo claro que no es mía, es la de mis paisanos y paisanas que vivieron aquí antes que yo, y creo también que será el pensar de los que vengan cuando yo ya falte. ¿No son síntomas preocupantes?

La planta de mis pies, si la miro -explicaba en piruética posición- no es blanca, es de color tierra; no es fina, es rugosa como el tronco de los alcornoques del monte; y cada vez es más gruesa y resistente.

El acento de mi voz, ¿lo aprecias?, es exactamente igual que el característico soplar del fresco entre las acacias del paseo del nacimiento. A mis primas del pueblo, les pasa exactamente lo mismo.

Lo más extraño, doctora, tengo una, dos, tres, cuatro… cien manos. Solo dos las muevo yo voluntariamente, el resto de forma sincronizada como una orquesta, las mueven las vecinas y vecinos del pueblo.

Mira con el oftalmoscopio Lucía, ya verás como tengo cataratas en los ojos. Y selvas, y manglares, y un mar inmenso, y otros paisajes muy lejanos que sabiendo como son atacados y destrozados siento como propios y quiero defender.

Me siento arraigada, cual árbol centenario, pero precisamente por eso no puedo dejar de moverme, de avanzar.

Y la doctora Lucía, que la escuchaba atentamente, no necesitó ni explorarla, ni ecografías, ni radiografías, ni otra pruebas de diagnóstico, solo precisó una pregunta.

María, ¿estuviste en Cuevas del Becerro el pasado 12 de mayo?

Sí, en el Primer Foro Pueblos en Movimiento

No te preocupes ya he visto más casos como el tuyo, es una verdadera epidemia, – decía Lucía con voz serena que surgían de entre una sonrisa enorme – lo que te pasa es que tú, como todos las personas afectadas,

lleváis un pueblo dentro.

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