Tiempos de Insurrección

Revista CTXT, Gustavo Duch, 1 de julio 2022

“Apreciados señores y señoras accionistas. Agradezco su presencia a esta junta extraordinaria que, como presidente de la empresa, he convocado en el marco de mis competencias. Como comprenderán, por la urgencia de la misma y su carácter de excepcionalidad, la temática que quiero plantear es de suma gravedad. Ruego entonces atiendan con detalle mi exposición, no les robaré mucho tiempo.

Después de casi 150 años de historia, de mucho tesón y perseverancia, podemos afirmar sin ninguna duda que, desde hace más de 20 años, nos mantenemos como la empresa líder mundial en productos lácteos. En estos momentos tenemos plantas de producción en cinco continentes, en todos los comercios se puede encontrar alguno de nuestros productos y contamos con cientos de miles de empleados. Como dice nuestro eslogan, ‘servimos proteínas de calidad al mundo entero’. De hecho, y como saben, con las adquisiciones y absorciones del último lustro, sin competencia a nuestro alrededor, ya podemos decir que somos ‘la empresa’ del sector. Ahora bien, considero que es el momento de plantear algunas medidas a adoptar y que paso a enumerar:

Primero, coincidirán conmigo en que la situación de crisis climática que sufre el planeta y la concienciación de la ciudadanía al respecto, obliga a todas las grandes empresas a mostrar un compromiso más decidido con los valores ecologistas. Por ello hemos creado algunas líneas de productos sostenibles y orgánicos, hemos centrado buena parte de nuestra publicidad en el relato de la sostenibilidad y hemos financiado campañas para el buen reciclado de los envases… pero, son medidas insuficientes. ¿Ha llegado el momento de acordar que el 100% de la leche que recojamos en las granjas de nuestros proveedores y para el 100% de los productos que transformemos, debe de llegar de sistemas 100% ecológicos? A mi entender, sí. Pero no voy a tomar esta decisión”. 

Y, alrededor de la elegante mesa ovalada de noble madera tropical, se percibieron aliviados suspiros lanzados por algunos de los consejeros y accionistas.

“Coincidirán también conmigo en que haciendo uso de nuestra posición de fuerza en el sector, estamos estrangulando a las granjas que nos sirven la leche y, poco a poco, la sociedad conoce que les estamos pagando a unos precios muchas veces por debajo de lo que les cuesta a ellos producir cada litro de leche. Cierto que incorporar rostros de productores en los envases ha ayudado a generar una sensación de complicidad con el sector ganadero, pero ¿deberíamos anticiparnos a alguna posible ley y hacer público un acuerdo para pagar el litro de leche al doble del coste que les representa a los productores? Sería lo correcto pero… tampoco voy a tomar esta decisión.”

La incomodidad de los asistentes se hacía cada vez más notoria, entre ellos se cruzaban miradas de preocupación. ¿Qué bicho le ha picado al presidente?¿Qué nos querrá decir?

“Hoy día, la pobreza alimentaria se ha extendido por todas las grandes ciudades del planeta, justamente donde nuestros productos han encontrado siempre más compradores. A mucha población, la crisis económica y la subida de los precios alimentarios, les impide garantizarse una dieta sana y suficiente. Es una realidad conocida por todos. Y, cierto que contamos con una pequeña parte de nuestro presupuesto para hacer donaciones de leche a bancos de alimentos, y que una vez al año organizamos maratones para recoger productos para estas familias, … Qué menos que demostrar nuestra responsabilidad social con este tipo de actuaciones solidarias. Pero, ¿hacemos bastante? Estoy pensando si deberíamos revisar decididamente nuestros márgenes de ganancia, así como los dividendos a repartirnos y plantear salarios similares para todos los trabajadores de la empresa, sea cual sea su rango y responsabilidad. Si nuestro objetivo fuera no lucrativo, simplemente remunerador para quienes trabajamos, podríamos ajustar mucho los precios de venta al consumo. Pero, distinguidos consejeros y accionistas, tampoco es esta mi decisión”.

Y como el presidente les dijo estas últimas palabras con una media sonrisa en la boca, la mayoría pensó que todo se trataba de un ejercicio retórico, incluso burlesco, propio de quien se sabe al mando de una empresa de tales dimensiones y con tanto poder. “Ahora será cuando anunciará un paso más en nuestro crecimiento entrando a por todas en el sector cárnico”, susurró el vicepresidente al colega sentado a su derecha.

 Poniéndose en pie, el presidente anunció:

“Que conste en acta: Uno. Analizando desde un punto de vista ecológico y de justicia social, la única medida que se puede tomar en el marco de una multinacional como la nuestra es su cierre total. Dictamino la liquidación legal de nuestra empresa. Dos. Después de muchos años presidiendo esta multinacional, pido disculpas por haber ignorado, conscientemente, todo el daño cometido al planeta Tierra, a sus moradores y a quienes están por llegar”. 

Pero lo más asombroso de esta decisión fue que en el mismo momento algo parecido sucedía en muchos otros consejos de administración de multinacionales del petróleo, de la alimentación, de la energía… Como si fueran autómatas, los diferentes presidentes repitieron los mismos discursos y firmaron reglamentariamente la disolución de sus empresas respectivas. 

Con todo esto, ¿tuvieron algo que ver aquellos grupos anarquistas que venían estudiando el arte de la hipnotización? ¿O aquellos colectivos de hackers que hurgaron en los archivos personales de las grandes fortunas a la vez que introducían códigos indescifrables para saquear cuentas corrientes? ¿O que todas las ferreterías del planeta comunicaron una increíble demanda de instrumentos útiles y suficientes para desencadenar un sabotaje total contra las instalaciones de las multinacionales? ¿O se contagiaron del mismo terror que las administraciones públicas sentían ante la absoluta insurrección de la ciudadana con sus acciones de desobediencia?

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