La esclavitud no se regula

La Jornada de México. 15 de octubre de 2013

Que un número tan reducido de corporaciones locales y fondos capitalistas, tengan una capacidad tan grande para perpetrar sistemáticamente crímenes ecológicos y sociales en todo el mundo –en forma de explotación de minas a cielo abierto, expulsando pueblos de sus moradas, privatizando zonas marítimas o acaparando las semillas– sólo se explica por una perfecta arquitectura de impunidad construida con la complicidad de gobiernos neoliberales, que, como un sastre particular, tallan a su medida legislaciones que les protege y favorece. Por si tales mecanismos no fueran suficientes, las propias empresas se acicalan con maquillajes color verde solidario en tiernos espots publicitarios donde explican su compromiso con el planeta y la humanidad.

Bajo esta farsa –insitucionalizada con el apelativo de Responsabilidad Social Corporativa (RSC)– encontramos al BBVA, Unión Fenosa, Repsol o Iberdrola, qué más da, presumiendo de lo que no son: empresas comprometidas con la calidad de vida de las personas, con el cuidado del medio ambiente, o una empresa que escucha a la gente.

El mecanismo siempre es parecido. Primero se comete el delito, explotar mano de obra o expoliar recursos naturales. A continuación, como es lógico, llegan las denuncias, los reclamos, la lucha y se deja en evidencia a tales corporaciones, y entonces, éstas contratacan con directores de marketing en las cocinas que le dan la vuelta a la tortilla. Nuestros negocios –dicen entre fogones– favorecerán el desarrollo de la zona. Y finalmente llegamos a la fase más perversa, cuando instituciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales avalan y promocionan el elegante vestido de la prestigiosa marca RSC.

goodinc-badincEn este punto nos encontramos ahora, cuando el ya bien conocido y denunciado fenómeno de acaparamiento de tierras está encontrando en el Banco Mundial, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y en algunas ONG una inverosímil legitimidad bajo el eufemismo de inversión agrícola responsable. Fíjense en la trampa semántica, es la clave. Cuando el hacerse con tierras campesinas –se calcula que al menos 80 millones de hectáreas en todo el mundo han pasado al control de grandes corporaciones, fondos de inversión e incluso gobiernos extranjeros, generando enormes desplazamientos de personas que pierden sus raíces y su sustento– cambia de nombre, y ya no es acaparamiento, sino inversión, rápidamente se justifica tremenda injusticia. Eso es lo que hay detrás de nuevos protocolos y regulaciones voluntarias que estas instituciones proponen para descatalogar lo que son injustos e inaceptables acaparamientos y colocarlos en la categoría siempre bien vista de inversiones y sus supuestas bondades.

Los argumentos que defienden este tipo de regulación dicen que permite diferenciar entre negocios hechos con buenas intenciones, que generan empleo y economía, de los claramente acaparamientos y todos sus estigmas, algo muy parecido a quienes justificaban la esclavitud porque había buenos amos que mucho cuidaban del bienestar de sus siervos. Pero, como dice GRAIN: La esclavitud no se regula, se declara ilegal. De la misma manera, cualquier enfoque serio para luchar contra el hambre y la pobreza requiere garantizar a los pueblos el control sobre sus tierras y territorios, no directrices y reglas sobre qué puedan hacer las corporaciones y los inversionistas extranjeros para trabajar para sí mismos. Lo que necesitamos no es inversión responsable en tierras agrícolas, sino restitución. Por esto queremos decir que en vez de tratar de hacer funcionar esta nueva tendencia de financializar la tierra agrícola, se necesita detener estos negocios y revertirlos, restituyendo las tierras a las comunidades que vivían de ellas.

En esta línea también se han pronunciado los movimientos sociales de América Latina y el Caribe (entre ellos CLOC-La Vía Campesina y el MAELA) reunidos el pasado 7 y 8 de agosto en Bogotá, Colombia, en una consulta continental para discutir sobre el concepto de inversión agrícola responsable. Allí afirmaron que se deben rechazar cualquier medida que siga promoviendo o justificando el crecimiento de la agricultura industrial y agroexportadora, como la que se desarrolla en los acaparamientos de tierra. Y que, en cambio, se necesita fortalecer, en todo el mundo, el enfoque de la soberanía alimentaria, basada en una agricultura gestionada por las propias comunidades, de pequeña escala y para los mercados locales.

De acuerdo, los acaparamientos no se regulan se declaran ilegales.

*Coordinador de la revista Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas

8 comentarios en “La esclavitud no se regula

  1. En aquesta línea, actualment, països àrabs carregats de petrodòlars, estan comprant farratges a les nostres terres a uns preus molt satisfactoris per les nostres cooperatives recol.lectores. El pas següent ha de ser comprar terres a prop i a bon preu (Àfrica, com sempre) per proveïr-se. La finalitat: produïr llet de camella en granges enmig del desert. Consequència a casa nostra: els ramaders que consumien aquests farratges han vist incrementats els costos de compra i es plantegen la viabilitat de continuar el ja molt escanyat negoci.

  2. O nos organizamos o acabaremos todos como esclavos, sea en Asia, en América Latina o en Europa Occidental. Cuando los partidos de la izquierda han entrado a participar de las mieles de la derecha neoliberal, ya no nos queda más remedio que luchar nosotros solos.

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  5. Directo hacia la esclavitud, así vamos. Pero es necesario hacer una advertencia. Eso es mentira que el capitalismo y el esclavismo son dos sociedades diferentes. Son la misma. Los que dicen eso se creen vacunados contra la esclavitud y de esa manera y promueven la esclavitud donde les toca gobernar. Esta es una serie de sandeces que nublan la mente. Los marxistas-leninistas chinos, aceptan entregar a sus ciudadanos a la esclavitud de las grandes corporaciones. Como hacen tamaña atrocidad, no lo sabemos, como lo justifican para estar tranquilos. Pero de hecho ellos persiguieron y en muchos casos fusilaron a los empresarios chinos en lugar de regularlos como sería posible. Esto si lo buscan está en “El Capital” de Carlos Marx. Por ejemplo negar el aumento del valor de cambio con el aumento de la productividad. Esa perla de Marx sería bueno entenderla. Por otro lado, los gobiernos Bolivarianos de latinoamérica traen esclavos de China, aceptando la esclavitud y además le ponen el titulo de revolucionaria. Creo que tiene raqón quien se identifica con la frase; es deprimente.

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