Discurso ante la Asamblea de las Naciones Unidas (*)

La Fertilidad de la Tierra. Gustavo Duch. Primavera 2020

Señoras, señores, les agradezco su invitación para intervenir en este foro y como ya no hay tiempo para darle más vueltas ni alargar los debates, les contaré aquí, sin puntos donde detenerme y pocas comas donde respirar – que también se nos agota el aire – la breve historia del porqué del fin de la humanidad a la que nos estamos conduciendo, con la acientífica esperanza que acontecimientos impredecibles o imprevisibles aprendizajes sensatos nos permitan orillar a tiempo, y empiezo por el principio para señalar que todo empezó cuando estábanse los banqueros en una comida de negocios pensando como hacer negocios con la comida, cuando después de muchos platos derribados y vinos ingeridos – ¡eureka! – encadenaron la secuencia perfecta que llenaría sus bolsillos de cheques de lingotes de oro puro, “cubriremos las mejores tierras fértiles con varios palmos de asfalto, haremos que esas madres infinitas queden secas para siempre y les llamaremos ciudades”, resolvieron, “y posteriormente saldremos a la captura de aquellas personas que poseen, cual magas o meigas, la sabiduría de cultivar alimentos y, camuflado bajo una manta de lamentos de éxodo rural, tejeremos un proceso de deportación colectiva de sus pueblos a dichas ciudades de manera que solo nos quedará ocupar sus campos e instalar allí factorías de alimentos que acelerados con venenos se producirán en cantidades tan ingentes que a precios ridículos facilitarán el engordamiento y la reproducción de los citadinos que se multiplicarán al mismo ritmo que nuestros negocios de suministros alimentarios, es decir, daremos lugar a una explosión demográfica de seres sin acceso a los bienes que garantizan la vida desprovistos de los conocimientos básicos para su vida en libertad” y, como advirtió un comensal, “sin riesgo de revuelta pues habremos finiquitado – ¡carambola! – las fórmulas de autogobierno popular”, y como todo esto es cierto, es bastante obvio, señores y señoras, que ustedes desde sus respectivos gobiernos deben dejar de lado sus falsas soluciones y sus castillos en los aires para apoyar, apoyar y apoyar el retorno a la vida rural en pequeñas comunidades sabiamente autoadministradas y sobriamente autosuficientes, gracias.

(*) Por si nunca me invitan, díganme previsor. Versión íntegra

Un comentario en “Discurso ante la Asamblea de las Naciones Unidas (*)

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