Traficantes de oro rojo

El Periódico de Catalunya. 20 de octubre de 2014. Gustavo Duch

Hace pocos días, coincidiendo con la regulación que permite contabilizar el tráfico de droga en el PIB español, tuvimos la posibilidad de conocer -gracias al vídeo Agronegocios europeos en el Souss -  la zona de Biougra, en Marruecos, foco estratégico de uno de los negocios más desconocidos del mundo. El documental, elaborado por la organización Attac Marruecos, tiene la virtud de trasladarte a la zona y sentir que eres tú el que se sobrecoge al ver esa carretera donde aguardaban más de 50 camiones y tractores con remolques oxidados. «Ahí arriba llevan y traen a diario a sus obreros», se oye, «ya veis que esta forma de transporte no es aceptable ni para la ganadería».

Cuando pasamos junto a los camiones advertimos que hemos dado por sentado que se referían a hombres, pero a quienes vemos junto a los camiones son mujeres. Mujeres que recogen sus faldas de colores para subirse a los remolques.

marrocAunque está prohibido visitar el lugar de trabajo, los buenos contactos de nuestros amigos activistas nos permiten entrar en sus viviendas. Muriendas, que diría Gloria Fuertes viendo esos habitáculos sin prácticamente luz, de siete u ocho minúsculas habitaciones que comparten tres y cuatro mujeres por pieza. No veo muebles, solo ropa que se encuentra apilada en rincones junto a colchones extendidos por el suelo y algunas bolsas de plástico que están colgadas en clavos. Se sientan, en diferentes grupos, y nos cuentan su realidad.

Empieza Jamila, que nos dice que tiene 20 años. «Desde que dejamos a nuestras familias, trabajamos para pagar alojamiento, ropa y comida. Estamos extenuadas -expresa enérgica-, nos tratan como felpudos pero cuando se lo decimos a los jefes nos contestan si no queréis trabajar, ahí está la puerta». Parece ser que algunas llevan más de 12 años en estas labores, como Aïcha, de la que solo vemos sus grandes ojos negros y que con voz transparente y esas palabras aspiradas propias de su lengua, denuncia que hoy mismo ella y su hermana han sido despedidas por participar en el sindicato.

Después de Jamila y Aïcha llegan otras declaraciones que detallan de forma parecida jornadas de trabajo insoportables. Necesitamos un respiro. Volvemos a la calle pero el aire caliente sabe también a dolor y maltrato. Es un descanso y casi al momento ya estamos de nuevo frente a otras mujeres, esta vez en la sede del sindicato, donde dicen: «Aquí nos sentimos más fuertes».

Boudergui, llegada de Marrakech y de 30 años, nos sacude con su testimonio. «Es un trabajo duro para las obreras. Además, de madrugada tienes que dejar al bebé con alguien que te lo cuide, también tienes la responsabilidad del trabajo doméstico…, y trabajamos desde las siete de la mañana hasta casi medianoche. En una ocasión pedimos una guardería pero nos la denegaron. No hay ni un rincón limpio para comer».

Junto a la ventana está Jirardi que parece la más mayor. Estoy pensando en todo lo que ella debe haber pasado cuando su voz se adelanta y nos cuenta que «una vez, por hablar de nuestras condiciones de trabajo, me trataron de puta. Cuando me defendí, el jefe me echó y presentó una queja contra mí. Dijo: ‘A la que vaya al sindicato la mato aunque tenga que ir a la cárcel’». Es difícil sostener la mirada de esa mujer con tantas razones lloradas en sus ojos. Parece ser que es por ella y otras compañeras a las que despidieron que se han decidido a hablar y denunciar.

Se ha hecho de noche y se oye el ruido de un coche pasar, un crujir acorde a los lamentos de las mujeres, cuando es Saadia quien toma la palabra y relata como cada dos o tres días, ahí mismo donde trabajan, «se nos rocía con unos productos químicos muy fuertes que nos enferman». Y acaba sentenciando con versos de un poeta: «Si muero con dignidad, mi muerte será una nueva vida».

¿Quién y para qué necesita estas manos delicadas pero tan maltratadas? ¿Qué colocan en esas cajas que cargan en sus propias espaldas para que así no puedan ni levantarse hasta tenerlas llenas? ¿Qué diamantes posee Marruecos que tan bien se venden después en España y otros puntos de Europa? ¿Qué negocio se traen entre manos quienes las explotan? ¿Qué hospitales y escuelas prometieron en esta región y nunca llegaron a cambio de este saqueo? ¿Por qué esos lugares de trabajo esclavizado se rocían con productos químicos? ¿Cuál es el oro rojo que solo ellas son capaces de extraer con mimo sin perder ni un solo gramo? ¿Es tráfico de algo? ¿De qué?

Son tomates.

Ahora que ya acaba la temporada de nuestro tomate local, si queremos seguir comiéndolos, sepamos que muchos de ellos llegarán de Marruecos.

O, ¿declaramos la veda del tomate?

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La pastora de “La LLuna Vermella “

La pastora de “La LLuna Vermella”

Empezó tímido y solo se atrevió a decirle ‘me gusta’, esperando así llamar su atención. Quería mostrar una actitud de cierta indiferencia pero ya hacía más de tres años que buscaba por todas las redes sociales a su primera novia. Aunque a la vista de los resultados, aquella muchacha que siempre llevaba la contraria, pensó, también era reacia a estas tecnologías modernas.

Moderna. Esa palabra se le quedó encallada en el paladar. Había discutido mucho con Anna sobre los valores de la modernidad, decía él, y las imposturas de la modernidad, replicaba ella, y la crisis que entonces no podían imaginar hacía estallar en mil pedazos todos sus argumentos. Los recordaba y los sentía viejos y caducos como las ruinas del Partenón de aquel precioso viaje de mochileros.

Ilustracion 01aLluísempezaba con letras redondas, como las de caligrafía del parvulario, escritas a pluma sobre un papel mate generando un paisaje cálido bien diferente al negro inyectado de las impresoras sobre folios satinados – hoy hizo un día tan precioso de otoño que han despertado nuestros bulbos de azafrán, asoman felices sus cuellos y en un mes recogeremos sus pistilos, ¡qué frágiles son! Recuerdo el año pasado, cómo nos ayudaba Neus, con su anorak azul parecía un pitufo. Las habas que plantamos hace varias semanas ya tienen un palmo, les queda mucho por vivir. A ver como les irá a los guisantes y ajos que hemos plantado hoy, en luna menguante, como recomiendan los mayores. Ya guardé las ovejas y así, contenta como el día, me agrada retomarte.

Se detuvo en ese punto y aparte. Lo último que supo de Anna hasta que descubrió que sí tenía una página facebook, pero no con su nombre sino el de una finca agroganadera, y la vio en fotos abrazada a sus ovejas, detrás de puestos de venta en mercados semanales y también ofreciendo alguna clase o conferencia a gente muy joven, fue que acabó la carrera de Veterinaria, a pesar de que él siempre le dijo que hiciera bellas artes, que dibujaba muy bien. Eso es lo que sigue haciendo, caviló, solo que ahora me dibuja su vida con palabras.

Ilustracion 02a

Vente un fin de semana, venga, que ya todo se curó, y me cuentas de ti. No me vas a escribir nada personal, nunca lo hiciste y no me valen los mails ni los whatsapp ejecutivos que seguro mandas uno detrás de otro. ¿Sabes? No te lo creerás pero sé que en algún cajón de esta vieja masía que nos acoge guardo un tapiz que compre en un mercado de Haití. Era para ti, es para ti. Cuando vi a esas mujeres apretadas en el lienzo entre frutos y cestos, recordé tus garabatos que regalabas en Navidad a tus amigos. Estuve dos años, justo después del terremoto, en proyectos de recuperación de semillas nativas, una iniciativa donde colaboraban las gentes del Movimiento Sin Tierra del Brasil. Desde sus fincas okupadas -en esa k rebelde apreció que el trazo se hizo más rotundo, más grueso, como para que destacara- donde yo era parte de un equipo para producir leche para sus escuelas, viajamos en misión de solidaridad. Cambié de lengua y de colores, del verde frondoso al gris resquebrajado de Puerto Príncipe. 

¿Ir a su casa? No esperaba una respuesta tan directa cuando finalmente se decidió a mandarle un mail a la dirección del Mas La Lluna Vermella, ni desde luego esperaba que ella sí hubiera localizado su dirección postal para contestar con aquella carta que le parecía olía a un guiso… sí, huele a un guiso con lentejas y chorizo. Y se imaginó a Anna con una falda larga arrastrada por el suelo, escribiendo en una mesa de madera central, en una de esas cocinas grandes propias de las masías catalanas, con un’ foc a terra’, que él conoce de algún fin de semana ‘con encanto rural’. En mesas como esa las conversaciones con las otras parejas siempre eran las mismas. Hoy día el medio rural ofrece una gran calidad de vida, sentenciaba alguno de ellos con aplomo y otros replicaban, sí claro, siempre y cuando tengas coche, internet y un buen trabajo del que poder vivir. Una combinación trágico cómica, ciertamente, donde los anhelos se cruzaban con los miedos en fuerte colisión y donde los viejas cantarelas que critican la cultura y la vida de los pueblos bailaban un tango desgarrado con las voces que cuentan que en su mundo urbano todo es estresante y frío.

Ilustracion 03a

Fueron años vividos, Lluís, vividos en plenitud, tan potente como la muerte tan cercana. Transformadores. Esa mujer idealista que conociste no cambió, como dicen los tópicos, sino que se ensanchó y se completó.

Pero, mírame ya estoy contándote mi vida sin ni preguntarte por ti, ¿cómo están tus padres? Eran jóvenes, seguro que aún te mecen, ¿verdad?, recuerdo que me decías que aunque se hicieran frágiles, sentirlos te ofrecía seguridad, como el bebé en la cuna. La crisis, ¿te afecta? Aquí las cosas también son muy complicadas, luchamos por sacar adelante nuestro proyecto pero es una lucha en positivo, no para resistir sino para cambiar. Con cómplices de la mano, vecinos y vecinas que nos compran nuestros productos; porque pensamos o sabemos a ciencia cierta, como dice Marcel.lí, el que nos llena el depósito de diesel, que esto no es algo pasajero, que esto va en serio y es definitivo. Si cambiamos nuestro alrededor y otros cambias sus alrededores, cambiaremos todo.

-Ya se ha embarullado –sonríe- ese remanso de paz que me traza delicadamente como un pintor realista su día a día, explota ahora en miles de gotas como una ola al morir en el espigón, convirtiéndose en un pintora puntillista, abstracta y desordenada pero tremendamente auténtica. Su vigor político de siempre.

Se levanta del sofá a por un vaso de vino, porque de reojo ha visto que a la carta le quedan solo dos párrafos y algo como unas citas donde acaba el papel, y los quiere degustar, como un buen postre rematando el delicioso menú. Pasa frente a la tele que ahora piensa, ¿por qué está encendida? y un titular de las noticias le estremece, 300 inmigrantes mueren frente a la isla de Lampedusa ante la pasividad italiana y de toda Europa, y respira hondo, -los trámites les asesinaron. El vino será en otro momento.

Hola de nuevo Lluís, te dejé aquí un rato mientras acostaba a Neus, es una niña hermosa de negros cabellos, más negros que los tizones de su padre, que me enamoraron. Cuando la saco de la bañera, el agua está negra también, y le digo maliciosamente, -se me destiñe la niña y ella se preocupa poniéndose las dos palmas de las manos sobre sus ricitos y arruga los labios como un cerdito, pero no, es que se pasa el día correteando por el patio y el establo. Ahora dice que quiere tener patitos, que los ha visto en un cuento siguiendo a su mamá y que ella quiere ser la mamá. Y se pone a andar mirando hacia atrás como si ya tuviera a su camada en fila india.

Que no, que no te cuento nada más, que te vengas, aquí siempre estamos, es difícil a quien dejar las ovejas, ojala más gente se viniera por aquí –la mitad de las fincas están abandonadas- y así pudiéramos colaborar y apoyarnos en cosas como esas. Con la crisis, observamos que mientras muchas personas jóvenes miran hacia aquí, hacia lo campesino, las administraciones y los políticos siguen mirando embobados hacia atrás, hacia modelos de vida sin futuro basados en el crecimiento perpetuo y la explotación sin límites. Ay, por aquí ya estamos movilizados contra esas estacas sangrantes que quieren clavarle a nuestra tierra y que le llaman fracking.

Si se apoyara a esa gente joven descubríamos que la vuelta al campo es posible, y te lo cuento, porque para nosotros ha sido muy duro, pero ya estamos, Lluís, como cuando bailábamos girando en redondo a Amparanoia, ¿recuerdas?

Claro que lo recuerda, y al leer la estrofa que Anna le obsequia como punto final, tan detallista que lo hizo con lápiz de color violeta, su color feminista, su garganta tararea las notas de acompañamiento.

Comenzar es difícil
pero vamos dando los pasos
por un futuro
que los hijos puedan celebrar
somos el viento
que baila y que canta
si estamos juntos somos huracán

Te retomo,

Anna.

*   *   *

Pasa el letrero que indica que hay que girar a la izquierda y solo le queda un tramo sin asfaltar, pero recto y sin complicaciones, y como le dijo Anna, hace sonar la bocina. De la puerta sale una niña corriendo y detrás Anna y su compañero.

La pequeña, curiosa, le mira de abajo arriba cuando él sale del coche. No sabe bien qué hacer, y así sin pensar le pregunta a la niña, ¿y cómo que esta casa se llama La Lluna Vermella?

Ilustracion 04aY el dedo regordete apuntando al cielo le hace girar la mirada.

Ilustraciones de Sara Plaza. Gustavo Duch. Per la Escola de Pastors. Santa Coloma de Queralt, octubre 2013.

AHORA ES EL MOMENTO DE APOYAR A LA ESCUELA DE PASTORES. AQUÍ

 

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El BUEN PASEANTE

Le gusta estar abierto al mundo, de par en par, y así observar lo minúsculo y lo majestuoso, las nubes, las farolas, las hormigas … y en su cuerpo todo lo pensado va quedando grabado. Y lo visto, va quedando ilustrado.

Le gusta que le tomen para conversar con él. Pero si le dicen lo que tiene que hacer, se cierra en banda.

E insiste, tozudo, que pasar las páginas de su vida es un placer que hay que degustar sin prisas.

Es un libro deambulante.

Es un manual para pasear.

Es un libro sonámbulo que nos enseña a caminar sin dejar de soñar.

http://pol-len.cat/products/manual-del-bon-passejant-2

Manual_del_bon_passejant_web

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Ciudades rurales

Gustavo Duch. Diari ARA. Agosto 2014
 

Dicen los feminismos que nuestra sociedad capitalista piensa solo en el BBVA. Es una definición muy acertada pues la adoración por el capital (y los bancos donde se almacena) coincide con aquellos sujetos que en esta teología son los ‘elegidos': seres Blancos, Burgueses, Varones y Adultos. Amaia Pérez Orozco, economista y militante feminista, añade una hache para resaltar que también privilegia el comportamiento Heterosexual y yo propondría añadir una letra U, (y el acrónimo ya pierde toda su gracia…) pues en muchos momentos pareciera que quienes no viven en urbes, las y los rurales, no cuentan mucho. BBVA-HU

En la medida que nos acerquemos a las elecciones municipales esta falta de atención por lo rural volverá a ser muy evidente, aún cuando en España tres cuartas partes de los 8.115 municipios existentes presentan una población inferior a los 2.000 habitantes, y más o menos la mitad son municipios menores de 500 habitantes. Se discutirá sobre nuevos polígonos y sus consecuentes rotondas, se presentarán programas de emprendimiento económico, pero intuyo que los asuntos que tienen que ver con la agricultura y la alimentación, no tendrán apenas relevancia. -Claro -me dirán ustedes -son temas que no tienen aplicación en políticas municipales, las cosas del campo se tratan en otras administraciones, en Bruselas, seguramente -concluirán.

Pero no, hay varios e importantes temas que creo deberían de ser parte de los programas y debates electorales. Para visualizarlos y acercarnos a ellos tomo con ejemplo el caso de Barcelona, un municipio a priori evidentemente urbano, pero desde cuya alcaldía se podrían acometer, al menos, seis medidas muy significativas. Veamos.

1. Entre las competencias del Ayuntamiento de Barcelona (ocurre igual con otras ciudades) está el control de un elemento central de la cadena agroalimentaria: el ayuntamiento es ‘el amo’ del 51% de Mercabarna, el mercado central de abastos. Así pues, urge analizar cómo los mercabarnas actualmente son un nodo del tráfico de las mercancías que vuelan por las autopistas de la globalización alimentaria. Y preguntarnos si reorganizándolos podrían servir en la reactivación y primacía de tejidos agrarios cercanos y a pequeña escala de los territorios que cubren. Situaciones como lo que viene ocurriendo los últimos veranos no son aceptables. Cuando muy cerca de sus instalaciones se están produciendo buenos tomates de temporada, entran en Mercabarna grandes camiones con tomates de los invernaderos de Holanda que, por ser producidos a gran escala (y otros factores) marcan unos precios tan bajos que las fincas locales acaban tirando sus cosechas.

2. Con la misma voluntad de potenciar nuestra agricultura local y campesina, pero también para asegurar precios justos a la población, tendríamos que pensar en reconvertir los mercados municipales en verdaderos ‘puntos de comercio local’. Si hoy en Barcelona ocurre que al entrar en muchos de ellos nos sorprende (y asusta) la presencia de una multinacional de las grandes superficies, en un futuro próximo podríamos volver a disfrutar de espacios físicos donde los puestos del mercado fueran el único intermediario entre el campo y la ciudad. También junto a los mercados, y sabiendo que es una buena medida dinamizadora para el comercio local según hemos visto en otros países, en cada barrio podríamos tener semanalmente un mercado campesino de venta directa.

3. La administración municipal tendría que pensar seriamente cómo ser un apoyo central para que en las escuelas, guarderías o servicios geriátricos públicos se organizaran, con el protagonismo de las personas usuarias, comedores proveídos por productos locales ecológicos y de temporada. La salud en el plato sería directamente proporcional a la salud del territorio.

4. Una comisión ciudadana, en este improvisado programa electoral, podría viajar a conocer las experiencias que se están multiplicando en muchas ciudades de Europa. Ver, aprender y adaptar el ejemplo de ‘las ciudades comestibles’ o ‘las ciudades en transición’ para verdear Barcelona y nuestros municipios con el verde de las verduras. Qué significativo sería apoyar a todas las pequeñas iniciativas autogestionadas de huertos urbanos (facilitando el acceso al agua, por ejemplo) hasta no dejar ningún solar vacío a la espera de una cosecha especulativa.

5. En casos costeros, como Barcelona, nos queda también no olvidarnos de la pesca artesanal que, aunque residual en un mar muy castigado, debería ir recuperando protagonismo. No solamente de cruceros se alimenta una población.

images6. Y finalmente, y como un eje central de todas estas medidas a fomentar, habría que revisar, pliegue por pliegue, las concesiones a las instalaciones de grandes superficies en la ciudad pues bien sabemos que, además de arruinar el pequeño comercio de barrio, en su interior almacenan casi de todo menos productos locales, ecológicos y de temporada.
Se trata de ganar ciudades rurales para un mundo que ya está naciendo.

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Bajo los escombros hay un huerto

Agosto 2014. Gustavo Duch

 

Nadie dijo qué y cómo hacer, pero un propósito común hace de batuta en esta obra colectiva.

El entierro es una escena de duelo repetida que protagoniza cada uno de los días.

En muchas casas, para dar cobijo a quienes lo perdieron todo, se abren las puertas cual tramoyistas levantando el telón y les ayudan a acomodarse lo mejor posible. -Siéntanse como en familia– les dicen con una sonrisa solidaria.

Por los campos de alrededor, entre muros de hormigón y socavones de bombas, hay quienes rastrean el lugar, palmo a palmo, recuperando semillas que, asustadas, no germinaron aún; y si encuentran granos crecidos, los cosechan y guardan la paja.

En la calle, una madre le ha comprado un globo a su hijo.

Se barren los barrios llenos de cascotes, los escombros de escuelas derruidas, de casas bombardeadas, de granjas arrasadas.

Y con esas piedras -por mucho que sigan los ataques- las gentes de Gaza, delimitan nuevos huertos para alimentar y revestir su pueblo con tonos de dignidad.

Para ser parte de esta obra, apoyemos a la Unión de Comités de Campesinos de Palestina, organización miembro de LA VÍA CAMPESINA.
https://euskadi.goteo.org/project/ayuda-a-la-resistencia-campesina-de-Gaza

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El último retrato

EL ÚLTIMO RETRATO

La Jornada de México, 8 de agosto de 2014. Gustavo Duch

Recién está saliendo el sol y la fotógrafa ya lleva varias horas caminando. Le ha costado más de lo habitual encontrar las escenas de aves despertándose, de lombrices trabajando o de abejas cortejándose que buscaba para su catálogo, pero finalmente ha tenido suerte y ha podido hacer varias tomas en un campo de maíz. Con el macro como objetivo ha captado ese momento mágico en que las hojas verdes sudan, como si la noche hubieran sido largas horas de esfuerzo para ellas. Tomas de perfectas gotitas de agua como una hilera de funambulistas en la cuerda floja. En una de ellas, como un espejo, se ve el rostro reflejado de una abeja a punto de saciar su sed.

Pobre animal. No es agua solo lo que ingiere en ese momento. Ese maíz ha sido tratado con productos de Bayer o Syngenta y su organismo está recibiendo una dosis de 11.709 µg/l de clotianidina o una dosis de 55.260 µg/l de tiametoxam. Según explica el informe de Greenpeace ‘Gotas de Veneno para las Abejas’, en un solo trago de esas gotitas de gutación en plantas tratadas incluso un mes antes, la abeja beberá veneno por encima de la ‘dosis letal 50′. Es decir, como un guión de cine de terror, una de cada dos abejas que bebe este néctar estará muerta antes del tercer día. Si ella no es la que muere, entonces de por vida volará desorientada, con torpeza, tal vez no sepa regresar a su colmena. ¿Será este el último retrato de la abeja?

Quizás, o así parece que lo deseen las empresas agroquímicas que fabricando esta clase de venenos, los llamados neonicotinoides, ven crecer a muy buen ritmo sus ganancias económicas. En el mercado de insecticidas, esta familia de pesticidas neurotóxicos derivados de la nicotina, ya alcanza el 40% de cuota, con unas ventas globales de más de 2.630 millones de dólares anuales. La compañía líder es Bayer que exporta cada año más de 1.000 toneladas de imidacloprid a más de 120 países y sus ventas son superiores a 597 millones de euros. Cuando la exclusividad de la patente venció, Bayer añadió en el mercado la clotianidina, y sus millones de euros anuales, más de 192, ya son muy significativos. Detrás tenemos a Syngenta con el tiametoxam.

­La toxicidad de estas sustancias ya estaba demostrada, y por ello desde Diciembre del año pasado, Europa decidió prohibir su uso durante dos años. Ahora, un reciente informe elaborado por un equipo internacional de 29 investigadores e investigadoras, después de evaluar más de 800 artículos científicos y 150 estudios de efecto directo al respecto, han repetido la afirmación: el uso de este tipo de insecticidas sistémicos es responsable del descenso de población de mariposas, abejas, otros insectos polinizadores y también de la lombriz de tierra. «La evidencia es muy clara. Estamos siendo testigos de una amenaza para la productividad de nuestro medio ambiente natural y de cultivo», son las tajantes palabras empleadas por uno de los científicos del Grupo de Acción sobre Plaguicidas que elaboraron el trabajo referido para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Pocos meses antes, la doctora Cynthia Palmer de la American Bird Conservancy presentó un informe similar respecto al impacto de estos insecticidas sobre las aves en EEUU. Y la conclusión es idéntica. «Un solo grano de maíz recubierto de neonicotinoides puede matar un pájaro» -dijo – «incluso un ínfimo grano de trigo o colza tratado con imidacloprid puede envenenar fatalmente a un ave». Pero lamentablemente en su país parece que las evidencias científicas se diluyen ante los lobbys de las empresas que producen estos venenos.

Menos científicas son mis propias observaciones pero en las tierras de secano y cereales de la Segarra tarragonina (Catalunya) por donde paseo, la primavera nos ha traído menos golondrinas, (según la sociedad científica y conservacionista SEO/Birdlife, en España había, en 2004, cerca de 30 millones de ejemplares y desde entonces han desaparecido una de cada tres golondrinas, un millón por año), hemos visto menos gorriones y recién han llegado los abejarucos, pero también nos parece que son menos. Y a usted, ¿cuánto hace que no le pica una abeja?

No hacen falta más datos, lo que escasea es la voluntad política de preservar la vida ante la muerte.

Gustavo Duch. 

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Un campo con wifi

La Fertilidad de la Tierra, verano 2014. Gustavo Duch

Imaginémonos por un momento, explica Carlos Espín, qué prodigioso fuere que los árboles, perennes o caducos, milenarios o recién brotados, frutales u ornamentales, gigantes o minúsculos, todos, fueran productores de ondas wifi.

Tejos, sauces, abetos, limoneros y castaños; olivos e higueras, la fantástica ceiba, todos serían considerados seres sagrados, templos que defenderíamos con nuestras mejores energías y los más hermosos cuidados.

Los bosques, por decreto popular, serían declarados espacios de Utilidad Pública.

Para amplificar la cobertura wifi, ampliaríamos la cobertura arbórea plantando, que cosa más maravillosa, árboles en los patios de vecinos, en las calles de pueblos y ciudades, cerca de los puestos de trabajo, en los márgenes de carreteras y autopistas.

Embebidos en la fantástica tarea de repoblación de wifi, no dudaríamos en derribar edificios y polígonos que sólo hacen que ocupar espacio. Y de rebote, en poco tiempo acabaríamos con la deforestación, recuperaríamos biodiversidad y el peligro del cambio climático sería cosa del pasado.

* * *

Imaginémonos por un momento nuestros pequeños pueblos rurales con sus calles adoquinadas con la más pulida cerámica, impoluta de excrementos de animales o cagadas de golondrinas, con balcones floreados por geranios de plástico perpetuo y sólo el tenue silencio de las cámaras fotográficas, que en cada clic guardarían como recuerdo esas imágenes en retinas de metal, distraerían del silencio alcanzado sin chavalería molestando.

Imaginémonos a la mitad de nuestros pueblos rurales rodeados de fabulosas pistas de esquí y el mercadeo chic asociado a ésta u otras actividades deportivas; y, a la otra mitad, disfrazada de paraísos para el más idílico y romántico lugar de ‘escapadas con encanto’. Seguro que entonces grandes multinacionales, sponsorizando pueblos -San Vicente de Nestlé o Villa Campofrío- los rescatarían de su ancestral olvido.

Pero, como bien sabemos, los árboles no producen wifi. Y es una lástima, concluye Carlos, pues los árboles son sencillamente esos verticales especímenes que nos dan frutos que son comida; madera y sombra que son morada y refugio; y oxígeno que respirado es vida.

Y deberíamos saber que estúpidos prodigios no son las fórmulas que nuestros pueblos requieren. Los pueblos son muchas cosas, lugares con historia, libros vivos de sabiduría… pero sobre todo su privilegiada relación con la naturaleza les hace idóneos para la producción de alimentos en base al trabajo, esfuerzo y disfrute de parte de su población. Es ahí donde se tienen que fraguar complicidades y apoyos: alimentémonos de nuestros pueblos para que sigan siendo pueblos sin más.

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Patentar tomates, pimientos o la vida

El Periódico de Catalunya. Gustavo Duch. 14 de julio de 2014

Esos ejemplares esculturales, presumiendo su físico musculoso y reluciente, prácticamente idénticos cual delantero mediático de fútbol, son cada vez más habituales. Últimamente los encuentro en todas partes y parece que tienen éxito, al menos, veo que mucha gente habla de ellos, se acercan, los tocan, los acarician, los desean. Unos dicen que son fruto de muchas horas de esfuerzo, otros dicen que son fruto de mejoras genéticas, hay quien lo explica en base a una bonita historia de rescate de especímenes olvidados y hay quien asegura que, comidos, tienen efectos afrodisíacos. Pero yo a la hora de llevarme tomates a la boca, prefiero algo menos exótico que esos tomates de ‘marca registrada’.

Como explica Juan José Soriano en el último número de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas, el Kumato® –ese tomate casi negro que se vende en paquetes de celofán, con el glamour de un producto de alta calidad- es una desagradable muestra de las tácticas que algunas empresas agrícolas están llevando a cabo para monopolizar un mercado del que ya controlan una buena porción. De hecho, de cada seis tomates que usted compra es muy probable que uno sea propiedad de Syngenta, la multinacional especializada en semillas transgénicas y dueña del bien parecido Kumato®. Los datos de la organización ETC Group sobre el mercado mundial de semillas comerciales confirma cómo de concentrado está este sector que maneja anualmente una cifra superior a 27.400 millones de dólares: Syngenta, Monsanto y otras 8 empresas controlan tres cuartas partes de todo el mercado; y ellas dos, junto con Dupont-Pioneer, controlan más de la mitad (53%).

Infografía de la revista Soberanía Alimentaria

Muchas son las circunstancias permitidas para que uno de los recursos estratégicos básicos de nuestra alimentación y vida, las semillas (junto al agua potable y la tierra fértil) esté tan ‘acaparado’ por un puñado de multinacionales. Tenemos lo que el espejo del capitalismo y neoliberalismo refleja: la vida en manos de unas corporaciones. El Kumato ®, en este caso, nos enseña una de las nuevas maneras de seguir en esta terrible tendencia. Puesto que las actuales leyes sobre la propiedad de las semillas, aunque insuficientemente, aún reconocen de alguna manera que las variedades vegetales que puedan ir surgiendo no son sino la recombinación de caracteres ya existentes en las plantas tradicionales, la estrategia de Syngenta ha sido ir a buscar su exclusividad en las oficinas del registro mercantil. Bautizando a su tomate con cualquier nombre que suene sabroso ha registrado una marca obteniendo así la posibilidad de prohibir en todo el mundo que se comercialicen semillas de sus tomates, que se produzcan sin su permiso e incluso puede exigir que se sancione a quien lo haga. Pero hay que insistir, ni Syngenta ni ninguna empresa han inventado el tomate y patentar su variedad es una afrenta inaceptable para las gentes campesinas que callada y pacientemente, desde los tiempos aztecas, domesticaron y mejoraron, generación a generación las muchas variedades de tomates tradicionales que existen, adaptándolas a diferentes climas y suelos y, que desde luego, nadie prohíbe que se puedan reproducir.

Recientemente, una gran coalición europea de 34 organizaciones de agricultores y organizaciones no gubernamentales de 27 países, presentó un recurso ante la Oficina Europeade Patentes (OEP) en contra de una patente sobre el pimiento concedida el año pasado precisamente a Syngenta. Esta patente también permite a la empresa agroquímica apropiarse de una resistencia a los insectos y le garantiza derechos en exclusividad. Pero Syngenta no explica que la resistencia conseguida la obtuvo al cruzar un pimiento silvestre de Jamaica con un pimiento comercial. Para los recurrentes “las patentes sobre la vida, no solo son cuestionables desde el punto de vista ético, sino que también ponen de manifiesto el fenómeno de la concentración en el mercado de semillas, lo que reduce la biodiversidad y amenaza la seguridad alimentaria”. Y aunque el año 2012 el Parlamento Europeo adoptó una resolución solicitando que cesase este tipo de patentes, la OEP ha hecho caso omiso de esta recomendación, de lo que Syngenta y otras multinacionales se están beneficiado extraordinariamente.

A mi parecer es importante debatir y reflexionar a propósito del caso del Kumato® pues entiendo que desvela por dónde van los movimientos de las grandes firmas de las semillas. Viendo que el mercado rechaza definitivamente el consumo de variedades transgénicas (donde las leyes les dan muchos privilegios) y observando cómo cada vez más las y los consumidores valoran recuperar el buen sabor en la boca, como incluso mucha gente cultiva sus propios tomates y como cada vez más se recuperan y dan valor a las variedades locales y antiguas, la formula de ‘nuevos tomates’ con valor añadido (como un buen sabor, un estilo añejo o con más propiedades nutritivas) será la que quieran imponer.

Pero, ojo, siempre con su inequívoca señal de ‘marca registrada’® grabada a en la piel.

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Que estalle la paz

Al acabar cada una de sus charlas,  Jeromo Aguado, pastor de ovejas en Tierra de Campos, se pone en pie y de su bolsillo saca un papel doblado en cuatro. Lo despliega y aunque ya lo sabe de memoria, recita:

“Quemad nuestra tierra, quemad nuestros sueños, verted ácido en nuestras canciones. Cubrid con serrín la sangre de los nuestros, asesinados”.

“Arrasad con vuestras bombas los valles, borrad con vuestros editores nuestro pasado, nuestra literatura; nuestra metáfora. Desnudad los bosques y la tierra, hasta que ni el insecto, ni el ave, ni la palabra encuentren rincón alguno donde refugiarse”.

“Ahogad con vuestra tecnología el clamor de todo lo que es libre, salvaje e indígena. Destruid. Destruid. Nuestra historia y nuestro suelo. Asolad alquerías y aldeas que nuestros mayores construyeron. Los árboles, las casas, los libros, y las leyes y toda la equidad y la armonía”.

“Haced eso y aún más. No tengo miedo a la tiranía. No desespero nunca y es que guardo una semilla, una semilla pequeña pero viva, que voy a guardar con cuidado, y a plantar de nuevo”.

- Es una poesía de Palestina, anónima -dice- pero sospecho que escrita por manos campesinas.

Y él, guardador de semillas, entrega a toda la asistencia ‘almortas’ de su tierra.

- Para que estalle la paz.

Paz en Palestina
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INAPROPIARSE

Gustavo Duch. 27 de mayo de 2014

Sobre una pequeña loma que apuntaba hacia los campos de cereales y el rebaño de ovejas, con el dedo índice señalando, le dijo:

-hijo, esta tierra que ves, será para ti, trabájala y sácale provecho.

Muchos años después la escena se repitió y el ahora padre, señalando el campo vallado con unos grandes aspersores de regar y las ovejas estabuladas, dijo:

-hija, estos negocios serán para ti, explótalos y te rendirán.

Y muchos años después, paseando junto a los montones de estiércol y humus, cerca de los semilleros, la ahora madre dijo:

-hijo, esta tierra dará de comer a quien no sabemos, cuídala.

inapropiado

Erika Woollett

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