Buques monstruosos

BAUTIZOS, del libro MUCHA GENTE PEQUEÑA, para la campaña STOP MONSTER BOATS

Se cumplían diez años del desastre del petrolero frente a sus costas, y Antonio, de la Fundación Lonxanet en Galicia, abrió un cuaderno desgastado por el vendaval, las olas y el salitre.

En la página de la izquierda llevaba un registro: “Beatriz”, “Nueva Pilar”, “San Pedro”, Virxe do Carmen”, “Bruma” o “Estrella de Mar”. En la página opuesta tenía anotados: Titanic”, “Poseidón”, “Polycommander” o “Prestige”.

Los pescadores artesanales explica con pintura blanca bautizan a sus barcos con el nombre de la amada para viajar bien acompañados; con nombres de santos o virgencitas a quienes les ruegan prodigios que les permitan volver; o, con nombres de los dominios Azules en señal de máximo respeto.

980x400_Albacora_UnoEn cambio ―continua― en la flota de la pesca industrial, que sale a la Mar para lucrarse sin poner mesura, es la arrogancia y la prepotencia quienes hacen de padrinos. Nombres desafiantes, de Dioses soberbios, para máquinas a las que mueve el poder.

En el puerto, Antonio señala uno de los más pequeños barcos de pesca en rítmico balanceo, es el “Dichoso”, que no precisa ser grande ni titánico para sentirse orgulloso.


apoyemos la campaña

stop monster boat

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Cacerías por la tierra

Diari ARA. Gustavo Duch, 17 de octubre de 2014

En los últimos años la preocupación por la propiedad de la tierra agraria ha vuelto a lugares destacados de muchas agendas. Desde luego, las de las organizaciones campesinas de los países empobrecidos del Sur, donde el fenómeno de adquisición (a veces compras, a veces alquileres muy largos y a veces por la fuerza) de las mejores tierras fértiles por parte de capitales extranjeros (empresas agroalimentarias, bancos de inversión o también a fondos públicos de países como Japón, China, Emiratos Árabes o Corea del Sur) es tan acelerado como grave en sus consecuencias. La más evidente es también la más sangrante: las gentes locales pierden la capacidad de vivir de sus propias cosechas.

Está también presente en las agendas de organismos multinacionales como el Banco Mundial o la FAO, que si bien también se detienen a observar el proceso de progresivo acaparamiento de buenas tierras campesinas, en lugar de considerar cómo poner freno a este expolio, lo están respaldando con programas encaminados a validar algunas de estas operaciones, con el argumento de que ‘pueden existir buenos acaparamientos’. Y, por último, varias instituciones gubernamentales y no gubernamentales están analizando qué sucede con la tierra agraria de los países europeos, pues, como veremos, la codicia por el control de la misma está relacionada con conflictos muy severos.

Si recogemos la síntesis de los estudios de la Fundación GRAIN y el Transnational Institute advertimos que, como en prácticamente todo el mundo, también en Europa, en las últimas décadas, se está acelerando el proceso de concentración de tierras a manos de élites agrarias que anhelan los beneficios de la tierra entendida como simple mercancía. Y es que quien controla la tierra fértil, cual anillo mágico, tiene acceso a lucrarse con la producción de alimentos pero también con la de agrocombustibles o especulando con un bien finito que, como el petroleo, está mermando.

Esta tendencia está teniendo lugar tanto en la locomotora alemana (en el año 1967 existían un total de 1.246.000 fincas agrarias y ahora apenas se cuenta con  299.000 fincas); como por ejemplo, en Catalunya. Según los datos que ofrece Carles Soler en un estudio para la Fundación Mundubat, vemos que de las 127.000 fincas agrarias que existían en 1982 hemos pasado a unas 58.000 explotaciones donde la concentración es muy significativa pues de ellas, el 42% tienen menos de 5 Ha pero apenas representan el 5% de la superficie agrícola cultivada, mientras que  un 4,8% de las fincas son grandes explotaciones que concentran casi el 45% del total de la superficie. De hecho, sólo 104 fincas son las propietarias de más del 13% de la superficie cultivada.

Pero donde el fenómeno alcanza las mayores dimensiones es en los países de la Europa Oriental. En estos países, la entrada en la UE significó para muchas y muchos pequeños productores no poder competir con productos agrícolas de la Unión, altamente subsidiados, provocando la venta de sus tierras hacia esa élite de especuladores/inversores. Conocidos son los casos de empresas chinas que se han hecho con tierras en Bulgaria para la producción a gran escala de maíz o el de compañías de Oriente Medio en Rumanía con los mismos propósitos.

140El caso a destacar, y el que amerita toda esta reflexión previa, es el caso concreto de Ucrania, un territorio que si hoy está en disputa también lo es, por el valor de su tierra. Algunos datos nos muestran como ya años antes al conflicto bélico actual estaba muy presente el interés por sus tierras.

Según un informe del Oakland Intitute de EEUU, más de 1.6 millones de Has de tierra pasaron a manos de empresas multinacionales en menos de diez años, “incluyendo más de 405.000 Has a una empresa registrada en Luxemburgo, 444.800 Has a inversores registrados en Chipre, 120.000 Has a una empresa francesa y 250.000 Has a una rusa”. La presencia de las multinacionales más potentes en el capítulo agrícola, también estaban jugando sus bazas, como Monsanto que desarrolla un programa, “Grain Basket of the Future”, que ofrece préstamos para asegurarse el control de las producciones; o Cargill que invirtió 200 millones de dólares en uno de los grandes holding empresarial, el UkrLandFarming, el cual concentra muy buena parte de toda la tierra de Ucrania. Y en enero de este año,  poco antes de las primeras manifestaciones de protesta, se firmó un acuerdo entre China y Ucrania que concedió el control de 3 millones de  Has de primera calidad a Pequín, lo que es equivalente a una superficie similar a toda Galicia.

¿Es temerario argumentar que las guerras del siglo XXI tienen que ver con cacerías por la tierra agraria? A mi parecer no, si tenemos en cuenta un último dato: para muchos analistas Ucrania no es solo ya el tercer exportador mundial de algodón y el quinto de trigo, si no que la calidad y extensión de su tierra permite adelantar que en pocos años podría convertirse en el segundo exportador mundial de granos, solo por detrás de los EEUU. ¿No es esto un motivo para desear su control?

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Aprender desde niños

Gustavo Duch, 31 de octubre de 2014
 

El profesor se levantó de la mesa, caminó hacia las primeras filas de pupitres y mirando a su alumnado de frente les dijo “dictado”, y empezó la narración que niñas y niños anotaban intentando acertar en cada acento, en cada hache, en cada uve. “Andaban por el campo cogidos de la mano cuando Eva, maravillada ante su primer manzano, se liberó para tomar un fruto. “Y él”, siguió dictando el maestro silabeando cada palabra como si un metrónomo le marcara el ritmo, “enojado por tamaña desobediencia, le pegó”.

Ya en el patio, un corro de niñas y niños discutían sobre si enojado era con o sin hache. Pasó entonces que uno de ellos le levantó la mano a la chica que argumentaba que era sin hache. Aunque no acertara en gramática, hay que decir que el muchacho bien había aprendido la lección.

Una lección que da miedo. Pues es el miedo de perder el privilegio de ser el que pega el que lleva a pegar tantas veces como sea necesario, en una espiral de violencia infinita.

“Aprender a violar y a violentar, la humanidad lo aprendió sobre el cuerpo de las mujeres” Julieta Paredes

Aprendizajes del libro de Amparo Sánchez, “La niña y el lobo”  y del documental “Mujeres del Sur y del Norte. Violencias y resistencias compartidas de la asociación Perifèries.

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Traficantes de oro rojo

El Periódico de Catalunya. 20 de octubre de 2014. Gustavo Duch

Hace pocos días, coincidiendo con la regulación que permite contabilizar el tráfico de droga en el PIB español, tuvimos la posibilidad de conocer -gracias al vídeo Agronegocios europeos en el Souss -  la zona de Biougra, en Marruecos, foco estratégico de uno de los negocios más desconocidos del mundo. El documental, elaborado por la organización Attac Marruecos, tiene la virtud de trasladarte a la zona y sentir que eres tú el que se sobrecoge al ver esa carretera donde aguardaban más de 50 camiones y tractores con remolques oxidados. «Ahí arriba llevan y traen a diario a sus obreros», se oye, «ya veis que esta forma de transporte no es aceptable ni para la ganadería».

Cuando pasamos junto a los camiones advertimos que hemos dado por sentado que se referían a hombres, pero a quienes vemos junto a los camiones son mujeres. Mujeres que recogen sus faldas de colores para subirse a los remolques.

marrocAunque está prohibido visitar el lugar de trabajo, los buenos contactos de nuestros amigos activistas nos permiten entrar en sus viviendas. Muriendas, que diría Gloria Fuertes viendo esos habitáculos sin prácticamente luz, de siete u ocho minúsculas habitaciones que comparten tres y cuatro mujeres por pieza. No veo muebles, solo ropa que se encuentra apilada en rincones junto a colchones extendidos por el suelo y algunas bolsas de plástico que están colgadas en clavos. Se sientan, en diferentes grupos, y nos cuentan su realidad.

Empieza Jamila, que nos dice que tiene 20 años. «Desde que dejamos a nuestras familias, trabajamos para pagar alojamiento, ropa y comida. Estamos extenuadas -expresa enérgica-, nos tratan como felpudos pero cuando se lo decimos a los jefes nos contestan si no queréis trabajar, ahí está la puerta». Parece ser que algunas llevan más de 12 años en estas labores, como Aïcha, de la que solo vemos sus grandes ojos negros y que con voz transparente y esas palabras aspiradas propias de su lengua, denuncia que hoy mismo ella y su hermana han sido despedidas por participar en el sindicato.

Después de Jamila y Aïcha llegan otras declaraciones que detallan de forma parecida jornadas de trabajo insoportables. Necesitamos un respiro. Volvemos a la calle pero el aire caliente sabe también a dolor y maltrato. Es un descanso y casi al momento ya estamos de nuevo frente a otras mujeres, esta vez en la sede del sindicato, donde dicen: «Aquí nos sentimos más fuertes».

Boudergui, llegada de Marrakech y de 30 años, nos sacude con su testimonio. «Es un trabajo duro para las obreras. Además, de madrugada tienes que dejar al bebé con alguien que te lo cuide, también tienes la responsabilidad del trabajo doméstico…, y trabajamos desde las siete de la mañana hasta casi medianoche. En una ocasión pedimos una guardería pero nos la denegaron. No hay ni un rincón limpio para comer».

Junto a la ventana está Jirardi que parece la más mayor. Estoy pensando en todo lo que ella debe haber pasado cuando su voz se adelanta y nos cuenta que «una vez, por hablar de nuestras condiciones de trabajo, me trataron de puta. Cuando me defendí, el jefe me echó y presentó una queja contra mí. Dijo: ‘A la que vaya al sindicato la mato aunque tenga que ir a la cárcel’». Es difícil sostener la mirada de esa mujer con tantas razones lloradas en sus ojos. Parece ser que es por ella y otras compañeras a las que despidieron que se han decidido a hablar y denunciar.

Se ha hecho de noche y se oye el ruido de un coche pasar, un crujir acorde a los lamentos de las mujeres, cuando es Saadia quien toma la palabra y relata como cada dos o tres días, ahí mismo donde trabajan, «se nos rocía con unos productos químicos muy fuertes que nos enferman». Y acaba sentenciando con versos de un poeta: «Si muero con dignidad, mi muerte será una nueva vida».

¿Quién y para qué necesita estas manos delicadas pero tan maltratadas? ¿Qué colocan en esas cajas que cargan en sus propias espaldas para que así no puedan ni levantarse hasta tenerlas llenas? ¿Qué diamantes posee Marruecos que tan bien se venden después en España y otros puntos de Europa? ¿Qué negocio se traen entre manos quienes las explotan? ¿Qué hospitales y escuelas prometieron en esta región y nunca llegaron a cambio de este saqueo? ¿Por qué esos lugares de trabajo esclavizado se rocían con productos químicos? ¿Cuál es el oro rojo que solo ellas son capaces de extraer con mimo sin perder ni un solo gramo? ¿Es tráfico de algo? ¿De qué?

Son tomates.

Ahora que ya acaba la temporada de nuestro tomate local, si queremos seguir comiéndolos, sepamos que muchos de ellos llegarán de Marruecos.

O, ¿declaramos la veda del tomate?

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La pastora de “La LLuna Vermella “

La pastora de “La LLuna Vermella”

Empezó tímido y solo se atrevió a decirle ‘me gusta’, esperando así llamar su atención. Quería mostrar una actitud de cierta indiferencia pero ya hacía más de tres años que buscaba por todas las redes sociales a su primera novia. Aunque a la vista de los resultados, aquella muchacha que siempre llevaba la contraria, pensó, también era reacia a estas tecnologías modernas.

Moderna. Esa palabra se le quedó encallada en el paladar. Había discutido mucho con Anna sobre los valores de la modernidad, decía él, y las imposturas de la modernidad, replicaba ella, y la crisis que entonces no podían imaginar hacía estallar en mil pedazos todos sus argumentos. Los recordaba y los sentía viejos y caducos como las ruinas del Partenón de aquel precioso viaje de mochileros.

Ilustracion 01aLluísempezaba con letras redondas, como las de caligrafía del parvulario, escritas a pluma sobre un papel mate generando un paisaje cálido bien diferente al negro inyectado de las impresoras sobre folios satinados – hoy hizo un día tan precioso de otoño que han despertado nuestros bulbos de azafrán, asoman felices sus cuellos y en un mes recogeremos sus pistilos, ¡qué frágiles son! Recuerdo el año pasado, cómo nos ayudaba Neus, con su anorak azul parecía un pitufo. Las habas que plantamos hace varias semanas ya tienen un palmo, les queda mucho por vivir. A ver como les irá a los guisantes y ajos que hemos plantado hoy, en luna menguante, como recomiendan los mayores. Ya guardé las ovejas y así, contenta como el día, me agrada retomarte.

Se detuvo en ese punto y aparte. Lo último que supo de Anna hasta que descubrió que sí tenía una página facebook, pero no con su nombre sino el de una finca agroganadera, y la vio en fotos abrazada a sus ovejas, detrás de puestos de venta en mercados semanales y también ofreciendo alguna clase o conferencia a gente muy joven, fue que acabó la carrera de Veterinaria, a pesar de que él siempre le dijo que hiciera bellas artes, que dibujaba muy bien. Eso es lo que sigue haciendo, caviló, solo que ahora me dibuja su vida con palabras.

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Vente un fin de semana, venga, que ya todo se curó, y me cuentas de ti. No me vas a escribir nada personal, nunca lo hiciste y no me valen los mails ni los whatsapp ejecutivos que seguro mandas uno detrás de otro. ¿Sabes? No te lo creerás pero sé que en algún cajón de esta vieja masía que nos acoge guardo un tapiz que compre en un mercado de Haití. Era para ti, es para ti. Cuando vi a esas mujeres apretadas en el lienzo entre frutos y cestos, recordé tus garabatos que regalabas en Navidad a tus amigos. Estuve dos años, justo después del terremoto, en proyectos de recuperación de semillas nativas, una iniciativa donde colaboraban las gentes del Movimiento Sin Tierra del Brasil. Desde sus fincas okupadas -en esa k rebelde apreció que el trazo se hizo más rotundo, más grueso, como para que destacara- donde yo era parte de un equipo para producir leche para sus escuelas, viajamos en misión de solidaridad. Cambié de lengua y de colores, del verde frondoso al gris resquebrajado de Puerto Príncipe. 

¿Ir a su casa? No esperaba una respuesta tan directa cuando finalmente se decidió a mandarle un mail a la dirección del Mas La Lluna Vermella, ni desde luego esperaba que ella sí hubiera localizado su dirección postal para contestar con aquella carta que le parecía olía a un guiso… sí, huele a un guiso con lentejas y chorizo. Y se imaginó a Anna con una falda larga arrastrada por el suelo, escribiendo en una mesa de madera central, en una de esas cocinas grandes propias de las masías catalanas, con un’ foc a terra’, que él conoce de algún fin de semana ‘con encanto rural’. En mesas como esa las conversaciones con las otras parejas siempre eran las mismas. Hoy día el medio rural ofrece una gran calidad de vida, sentenciaba alguno de ellos con aplomo y otros replicaban, sí claro, siempre y cuando tengas coche, internet y un buen trabajo del que poder vivir. Una combinación trágico cómica, ciertamente, donde los anhelos se cruzaban con los miedos en fuerte colisión y donde los viejas cantarelas que critican la cultura y la vida de los pueblos bailaban un tango desgarrado con las voces que cuentan que en su mundo urbano todo es estresante y frío.

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Fueron años vividos, Lluís, vividos en plenitud, tan potente como la muerte tan cercana. Transformadores. Esa mujer idealista que conociste no cambió, como dicen los tópicos, sino que se ensanchó y se completó.

Pero, mírame ya estoy contándote mi vida sin ni preguntarte por ti, ¿cómo están tus padres? Eran jóvenes, seguro que aún te mecen, ¿verdad?, recuerdo que me decías que aunque se hicieran frágiles, sentirlos te ofrecía seguridad, como el bebé en la cuna. La crisis, ¿te afecta? Aquí las cosas también son muy complicadas, luchamos por sacar adelante nuestro proyecto pero es una lucha en positivo, no para resistir sino para cambiar. Con cómplices de la mano, vecinos y vecinas que nos compran nuestros productos; porque pensamos o sabemos a ciencia cierta, como dice Marcel.lí, el que nos llena el depósito de diesel, que esto no es algo pasajero, que esto va en serio y es definitivo. Si cambiamos nuestro alrededor y otros cambias sus alrededores, cambiaremos todo.

-Ya se ha embarullado –sonríe- ese remanso de paz que me traza delicadamente como un pintor realista su día a día, explota ahora en miles de gotas como una ola al morir en el espigón, convirtiéndose en un pintora puntillista, abstracta y desordenada pero tremendamente auténtica. Su vigor político de siempre.

Se levanta del sofá a por un vaso de vino, porque de reojo ha visto que a la carta le quedan solo dos párrafos y algo como unas citas donde acaba el papel, y los quiere degustar, como un buen postre rematando el delicioso menú. Pasa frente a la tele que ahora piensa, ¿por qué está encendida? y un titular de las noticias le estremece, 300 inmigrantes mueren frente a la isla de Lampedusa ante la pasividad italiana y de toda Europa, y respira hondo, -los trámites les asesinaron. El vino será en otro momento.

Hola de nuevo Lluís, te dejé aquí un rato mientras acostaba a Neus, es una niña hermosa de negros cabellos, más negros que los tizones de su padre, que me enamoraron. Cuando la saco de la bañera, el agua está negra también, y le digo maliciosamente, -se me destiñe la niña y ella se preocupa poniéndose las dos palmas de las manos sobre sus ricitos y arruga los labios como un cerdito, pero no, es que se pasa el día correteando por el patio y el establo. Ahora dice que quiere tener patitos, que los ha visto en un cuento siguiendo a su mamá y que ella quiere ser la mamá. Y se pone a andar mirando hacia atrás como si ya tuviera a su camada en fila india.

Que no, que no te cuento nada más, que te vengas, aquí siempre estamos, es difícil a quien dejar las ovejas, ojala más gente se viniera por aquí –la mitad de las fincas están abandonadas- y así pudiéramos colaborar y apoyarnos en cosas como esas. Con la crisis, observamos que mientras muchas personas jóvenes miran hacia aquí, hacia lo campesino, las administraciones y los políticos siguen mirando embobados hacia atrás, hacia modelos de vida sin futuro basados en el crecimiento perpetuo y la explotación sin límites. Ay, por aquí ya estamos movilizados contra esas estacas sangrantes que quieren clavarle a nuestra tierra y que le llaman fracking.

Si se apoyara a esa gente joven descubríamos que la vuelta al campo es posible, y te lo cuento, porque para nosotros ha sido muy duro, pero ya estamos, Lluís, como cuando bailábamos girando en redondo a Amparanoia, ¿recuerdas?

Claro que lo recuerda, y al leer la estrofa que Anna le obsequia como punto final, tan detallista que lo hizo con lápiz de color violeta, su color feminista, su garganta tararea las notas de acompañamiento.

Comenzar es difícil
pero vamos dando los pasos
por un futuro
que los hijos puedan celebrar
somos el viento
que baila y que canta
si estamos juntos somos huracán

Te retomo,

Anna.

*   *   *

Pasa el letrero que indica que hay que girar a la izquierda y solo le queda un tramo sin asfaltar, pero recto y sin complicaciones, y como le dijo Anna, hace sonar la bocina. De la puerta sale una niña corriendo y detrás Anna y su compañero.

La pequeña, curiosa, le mira de abajo arriba cuando él sale del coche. No sabe bien qué hacer, y así sin pensar le pregunta a la niña, ¿y cómo que esta casa se llama La Lluna Vermella?

Ilustracion 04aY el dedo regordete apuntando al cielo le hace girar la mirada.

Ilustraciones de Sara Plaza. Gustavo Duch. Per la Escola de Pastors. Santa Coloma de Queralt, octubre 2013.

AHORA ES EL MOMENTO DE APOYAR A LA ESCUELA DE PASTORES. AQUÍ

 

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El BUEN PASEANTE

Le gusta estar abierto al mundo, de par en par, y así observar lo minúsculo y lo majestuoso, las nubes, las farolas, las hormigas … y en su cuerpo todo lo pensado va quedando grabado. Y lo visto, va quedando ilustrado.

Le gusta que le tomen para conversar con él. Pero si le dicen lo que tiene que hacer, se cierra en banda.

E insiste, tozudo, que pasar las páginas de su vida es un placer que hay que degustar sin prisas.

Es un libro deambulante.

Es un manual para pasear.

Es un libro sonámbulo que nos enseña a caminar sin dejar de soñar.

http://pol-len.cat/products/manual-del-bon-passejant-2

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Ciudades rurales

Gustavo Duch. Diari ARA. Agosto 2014
 

Dicen los feminismos que nuestra sociedad capitalista piensa solo en el BBVA. Es una definición muy acertada pues la adoración por el capital (y los bancos donde se almacena) coincide con aquellos sujetos que en esta teología son los ‘elegidos’: seres Blancos, Burgueses, Varones y Adultos. Amaia Pérez Orozco, economista y militante feminista, añade una hache para resaltar que también privilegia el comportamiento Heterosexual y yo propondría añadir una letra U, (y el acrónimo ya pierde toda su gracia…) pues en muchos momentos pareciera que quienes no viven en urbes, las y los rurales, no cuentan mucho. BBVA-HU

En la medida que nos acerquemos a las elecciones municipales esta falta de atención por lo rural volverá a ser muy evidente, aún cuando en España tres cuartas partes de los 8.115 municipios existentes presentan una población inferior a los 2.000 habitantes, y más o menos la mitad son municipios menores de 500 habitantes. Se discutirá sobre nuevos polígonos y sus consecuentes rotondas, se presentarán programas de emprendimiento económico, pero intuyo que los asuntos que tienen que ver con la agricultura y la alimentación, no tendrán apenas relevancia. -Claro -me dirán ustedes -son temas que no tienen aplicación en políticas municipales, las cosas del campo se tratan en otras administraciones, en Bruselas, seguramente -concluirán.

Pero no, hay varios e importantes temas que creo deberían de ser parte de los programas y debates electorales. Para visualizarlos y acercarnos a ellos tomo con ejemplo el caso de Barcelona, un municipio a priori evidentemente urbano, pero desde cuya alcaldía se podrían acometer, al menos, seis medidas muy significativas. Veamos.

1. Entre las competencias del Ayuntamiento de Barcelona (ocurre igual con otras ciudades) está el control de un elemento central de la cadena agroalimentaria: el ayuntamiento es ‘el amo’ del 51% de Mercabarna, el mercado central de abastos. Así pues, urge analizar cómo los mercabarnas actualmente son un nodo del tráfico de las mercancías que vuelan por las autopistas de la globalización alimentaria. Y preguntarnos si reorganizándolos podrían servir en la reactivación y primacía de tejidos agrarios cercanos y a pequeña escala de los territorios que cubren. Situaciones como lo que viene ocurriendo los últimos veranos no son aceptables. Cuando muy cerca de sus instalaciones se están produciendo buenos tomates de temporada, entran en Mercabarna grandes camiones con tomates de los invernaderos de Holanda que, por ser producidos a gran escala (y otros factores) marcan unos precios tan bajos que las fincas locales acaban tirando sus cosechas.

2. Con la misma voluntad de potenciar nuestra agricultura local y campesina, pero también para asegurar precios justos a la población, tendríamos que pensar en reconvertir los mercados municipales en verdaderos ‘puntos de comercio local’. Si hoy en Barcelona ocurre que al entrar en muchos de ellos nos sorprende (y asusta) la presencia de una multinacional de las grandes superficies, en un futuro próximo podríamos volver a disfrutar de espacios físicos donde los puestos del mercado fueran el único intermediario entre el campo y la ciudad. También junto a los mercados, y sabiendo que es una buena medida dinamizadora para el comercio local según hemos visto en otros países, en cada barrio podríamos tener semanalmente un mercado campesino de venta directa.

3. La administración municipal tendría que pensar seriamente cómo ser un apoyo central para que en las escuelas, guarderías o servicios geriátricos públicos se organizaran, con el protagonismo de las personas usuarias, comedores proveídos por productos locales ecológicos y de temporada. La salud en el plato sería directamente proporcional a la salud del territorio.

4. Una comisión ciudadana, en este improvisado programa electoral, podría viajar a conocer las experiencias que se están multiplicando en muchas ciudades de Europa. Ver, aprender y adaptar el ejemplo de ‘las ciudades comestibles’ o ‘las ciudades en transición’ para verdear Barcelona y nuestros municipios con el verde de las verduras. Qué significativo sería apoyar a todas las pequeñas iniciativas autogestionadas de huertos urbanos (facilitando el acceso al agua, por ejemplo) hasta no dejar ningún solar vacío a la espera de una cosecha especulativa.

5. En casos costeros, como Barcelona, nos queda también no olvidarnos de la pesca artesanal que, aunque residual en un mar muy castigado, debería ir recuperando protagonismo. No solamente de cruceros se alimenta una población.

images6. Y finalmente, y como un eje central de todas estas medidas a fomentar, habría que revisar, pliegue por pliegue, las concesiones a las instalaciones de grandes superficies en la ciudad pues bien sabemos que, además de arruinar el pequeño comercio de barrio, en su interior almacenan casi de todo menos productos locales, ecológicos y de temporada.
Se trata de ganar ciudades rurales para un mundo que ya está naciendo.

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Bajo los escombros hay un huerto

Agosto 2014. Gustavo Duch

 

Nadie dijo qué y cómo hacer, pero un propósito común hace de batuta en esta obra colectiva.

El entierro es una escena de duelo repetida que protagoniza cada uno de los días.

En muchas casas, para dar cobijo a quienes lo perdieron todo, se abren las puertas cual tramoyistas levantando el telón y les ayudan a acomodarse lo mejor posible. -Siéntanse como en familia– les dicen con una sonrisa solidaria.

Por los campos de alrededor, entre muros de hormigón y socavones de bombas, hay quienes rastrean el lugar, palmo a palmo, recuperando semillas que, asustadas, no germinaron aún; y si encuentran granos crecidos, los cosechan y guardan la paja.

En la calle, una madre le ha comprado un globo a su hijo.

Se barren los barrios llenos de cascotes, los escombros de escuelas derruidas, de casas bombardeadas, de granjas arrasadas.

Y con esas piedras -por mucho que sigan los ataques- las gentes de Gaza, delimitan nuevos huertos para alimentar y revestir su pueblo con tonos de dignidad.

Para ser parte de esta obra, apoyemos a la Unión de Comités de Campesinos de Palestina, organización miembro de LA VÍA CAMPESINA.
https://euskadi.goteo.org/project/ayuda-a-la-resistencia-campesina-de-Gaza

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El último retrato

EL ÚLTIMO RETRATO

La Jornada de México, 8 de agosto de 2014. Gustavo Duch

Recién está saliendo el sol y la fotógrafa ya lleva varias horas caminando. Le ha costado más de lo habitual encontrar las escenas de aves despertándose, de lombrices trabajando o de abejas cortejándose que buscaba para su catálogo, pero finalmente ha tenido suerte y ha podido hacer varias tomas en un campo de maíz. Con el macro como objetivo ha captado ese momento mágico en que las hojas verdes sudan, como si la noche hubieran sido largas horas de esfuerzo para ellas. Tomas de perfectas gotitas de agua como una hilera de funambulistas en la cuerda floja. En una de ellas, como un espejo, se ve el rostro reflejado de una abeja a punto de saciar su sed.

Pobre animal. No es agua solo lo que ingiere en ese momento. Ese maíz ha sido tratado con productos de Bayer o Syngenta y su organismo está recibiendo una dosis de 11.709 µg/l de clotianidina o una dosis de 55.260 µg/l de tiametoxam. Según explica el informe de Greenpeace ‘Gotas de Veneno para las Abejas’, en un solo trago de esas gotitas de gutación en plantas tratadas incluso un mes antes, la abeja beberá veneno por encima de la ‘dosis letal 50′. Es decir, como un guión de cine de terror, una de cada dos abejas que bebe este néctar estará muerta antes del tercer día. Si ella no es la que muere, entonces de por vida volará desorientada, con torpeza, tal vez no sepa regresar a su colmena. ¿Será este el último retrato de la abeja?

Quizás, o así parece que lo deseen las empresas agroquímicas que fabricando esta clase de venenos, los llamados neonicotinoides, ven crecer a muy buen ritmo sus ganancias económicas. En el mercado de insecticidas, esta familia de pesticidas neurotóxicos derivados de la nicotina, ya alcanza el 40% de cuota, con unas ventas globales de más de 2.630 millones de dólares anuales. La compañía líder es Bayer que exporta cada año más de 1.000 toneladas de imidacloprid a más de 120 países y sus ventas son superiores a 597 millones de euros. Cuando la exclusividad de la patente venció, Bayer añadió en el mercado la clotianidina, y sus millones de euros anuales, más de 192, ya son muy significativos. Detrás tenemos a Syngenta con el tiametoxam.

­La toxicidad de estas sustancias ya estaba demostrada, y por ello desde Diciembre del año pasado, Europa decidió prohibir su uso durante dos años. Ahora, un reciente informe elaborado por un equipo internacional de 29 investigadores e investigadoras, después de evaluar más de 800 artículos científicos y 150 estudios de efecto directo al respecto, han repetido la afirmación: el uso de este tipo de insecticidas sistémicos es responsable del descenso de población de mariposas, abejas, otros insectos polinizadores y también de la lombriz de tierra. «La evidencia es muy clara. Estamos siendo testigos de una amenaza para la productividad de nuestro medio ambiente natural y de cultivo», son las tajantes palabras empleadas por uno de los científicos del Grupo de Acción sobre Plaguicidas que elaboraron el trabajo referido para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Pocos meses antes, la doctora Cynthia Palmer de la American Bird Conservancy presentó un informe similar respecto al impacto de estos insecticidas sobre las aves en EEUU. Y la conclusión es idéntica. «Un solo grano de maíz recubierto de neonicotinoides puede matar un pájaro» -dijo – «incluso un ínfimo grano de trigo o colza tratado con imidacloprid puede envenenar fatalmente a un ave». Pero lamentablemente en su país parece que las evidencias científicas se diluyen ante los lobbys de las empresas que producen estos venenos.

Menos científicas son mis propias observaciones pero en las tierras de secano y cereales de la Segarra tarragonina (Catalunya) por donde paseo, la primavera nos ha traído menos golondrinas, (según la sociedad científica y conservacionista SEO/Birdlife, en España había, en 2004, cerca de 30 millones de ejemplares y desde entonces han desaparecido una de cada tres golondrinas, un millón por año), hemos visto menos gorriones y recién han llegado los abejarucos, pero también nos parece que son menos. Y a usted, ¿cuánto hace que no le pica una abeja?

No hacen falta más datos, lo que escasea es la voluntad política de preservar la vida ante la muerte.

Gustavo Duch. 

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Un campo con wifi

La Fertilidad de la Tierra, verano 2014. Gustavo Duch

Imaginémonos por un momento, explica Carlos Espín, qué prodigioso fuere que los árboles, perennes o caducos, milenarios o recién brotados, frutales u ornamentales, gigantes o minúsculos, todos, fueran productores de ondas wifi.

Tejos, sauces, abetos, limoneros y castaños; olivos e higueras, la fantástica ceiba, todos serían considerados seres sagrados, templos que defenderíamos con nuestras mejores energías y los más hermosos cuidados.

Los bosques, por decreto popular, serían declarados espacios de Utilidad Pública.

Para amplificar la cobertura wifi, ampliaríamos la cobertura arbórea plantando, que cosa más maravillosa, árboles en los patios de vecinos, en las calles de pueblos y ciudades, cerca de los puestos de trabajo, en los márgenes de carreteras y autopistas.

Embebidos en la fantástica tarea de repoblación de wifi, no dudaríamos en derribar edificios y polígonos que sólo hacen que ocupar espacio. Y de rebote, en poco tiempo acabaríamos con la deforestación, recuperaríamos biodiversidad y el peligro del cambio climático sería cosa del pasado.

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Imaginémonos por un momento nuestros pequeños pueblos rurales con sus calles adoquinadas con la más pulida cerámica, impoluta de excrementos de animales o cagadas de golondrinas, con balcones floreados por geranios de plástico perpetuo y sólo el tenue silencio de las cámaras fotográficas, que en cada clic guardarían como recuerdo esas imágenes en retinas de metal, distraerían del silencio alcanzado sin chavalería molestando.

Imaginémonos a la mitad de nuestros pueblos rurales rodeados de fabulosas pistas de esquí y el mercadeo chic asociado a ésta u otras actividades deportivas; y, a la otra mitad, disfrazada de paraísos para el más idílico y romántico lugar de ‘escapadas con encanto’. Seguro que entonces grandes multinacionales, sponsorizando pueblos -San Vicente de Nestlé o Villa Campofrío- los rescatarían de su ancestral olvido.

Pero, como bien sabemos, los árboles no producen wifi. Y es una lástima, concluye Carlos, pues los árboles son sencillamente esos verticales especímenes que nos dan frutos que son comida; madera y sombra que son morada y refugio; y oxígeno que respirado es vida.

Y deberíamos saber que estúpidos prodigios no son las fórmulas que nuestros pueblos requieren. Los pueblos son muchas cosas, lugares con historia, libros vivos de sabiduría… pero sobre todo su privilegiada relación con la naturaleza les hace idóneos para la producción de alimentos en base al trabajo, esfuerzo y disfrute de parte de su población. Es ahí donde se tienen que fraguar complicidades y apoyos: alimentémonos de nuestros pueblos para que sigan siendo pueblos sin más.

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