Humeados

El Diario. Gustavo Duch. 6 de abril de 2014

Estamos acostumbrados –demasiado– a convivir con gobiernos sumisos a los intereses de los grandes sectores económicos, y ahora que la crisis económica actual afecta a grandes emporios, observamos cómo siempre hay argumentos para echarles una mano, dos o las que hagan falta. Salvar los bancos, rescatar autopistas y –en breve lo veremos– reflotar empresas marca España como Pescanova, son algunos ejemplos donde, como se se ha venido repitiendo, sus pérdidas las soportamos económicamente todas y todos los contribuyentes. En cambio, es menos habitual reflejar que ayudar colectivamente a mantener la cuenta de resultados de estas grandes multinacionales también tienen otras consecuencias para el medio ambiente y nuestra propia salud.

Es el caso de las cementeras. Desde el año 2007, con el inicio de la crisis en el sector de la construcción hasta el año pasado, sus actividades productivas descendieron un 50%, pero encontraron en la quema de residuos una oportunidad de negocio con triples beneficios. Así, todas las cementeras del Estado (controladas en su mayoría por empresas multinacionales como Lafarge, Asland o Cemex) abrieron sus compuertas a neumáticos usados, harinas cárnicas, lodos de depuradoras y otras basuras que les permite, uno, ser candidatas a  subvenciones y ayudas de la Administración por gestionar residuos; dos, ahorrar en el combustible que requieren y; tres, teniendo en cuenta que el Estado les ha asignado una cuota mucho más alta de emisiones de CO2 que las que se sabe van a emitir, ganar dinero con la venta de derechos de emisión en el mercado del carbono. En concreto, en este último apartado, sólo el año pasado obtuvieron 92 millones de euros.

EFE

EFE

Pero como decía, la incineración y las ayudas a ella, no son sólo una forma encubierta y socializada de rescate de estas empresas, sino que su salida es nefasta para nuestra salud, según podemos deducir revisando las conclusiones de dos informaciones recientes. La primera, los datos que el octubre pasado ofreció la Agencia Internacional de Investigación Oncológica (IARC), que pertenece a la OMS, cuando después de revisar más de mil estudios llegó a la conclusión de que había pruebas suficientes para decir que la exposición a la contaminación ambiental en espacios abiertos, no sólo aumenta las probabilidades de enfermedades cardiacas y respiratorias, si no que también es un factor cancerígeno. Y contaminación ambiental –es decir, una mezcla compleja de gases y partículas–, ¿no es lo que sale de las chimeneas de cualquier cementera y sus actividades?

En segundo lugar, ahora hace pocas semanas, la revista especializada Environment International,en su edición de 2013, publicó un estudio elaborado por el área de Epidemiología Ambiental y Cáncer del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, de Madrid, que confirma que “hay un incremento significativo de riesgo de muerte por cáncer en los municipios cercanos a incineradoras o instalaciones para la recuperación o eliminación de residuos peligrosos”. Exactamente a lo que están dedicándose las cementeras y su nuevo negocio.

El estudio ha analizado la mortalidad en 33 tipo de cáncer durante diez años y constata que hay un riesgo mayor por las personas que viven en cinco kilómetros a la redonda de estas empresas. Exactamente hasta un 71% más de riesgo de morir de cáncer de pleura que en lugares donde no tengan ninguna incineradora cerca, y hasta un 30% de morir de cáncer de hígado, 27% de cáncer de estómago, 23% de riñón, 23% de ovarios, 17% de leucemia, 16% de vejiga, 15% de pulmones y finalmente un riesgo de un 13% más de morir de cáncer de recto.

Rescatar cementeras, dirán algunos, se tiene que aceptar porque “es una actividad industrial que genera riqueza”, pero cuando los estudios demuestran lo que demuestran y además nos dicen que los problemas descritos afectan en mayor medida a la infancia y a la gente mayor (las chimeneas de la cementera  de Montcada i Reixach, Barcelona, por ejemplo, están situadas a menos de 150 metros del patio de un colegio y de un centro para mayores) es obvio que la discusión ya es otra: no se trata de producir más o menos, se trata de garantizar la reproducción de la vida, como los movimientos feministas nos están recordando.

Es preciso conseguir que las administraciones no concedan más permisos de incineración y anulen los permisos ya emitidos. Para tanto residuos que generamos hay alternativas (reducción, reutilización y reciclaje), para lo que no hay alternativas es para las muertes que la incineración puede generar.

Movilizaciones

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SECRETO REVELADO

La Fertilidad de la Tierra. Gustavo Duch. Marzo 2014

La información me la facilitan mis amigos de la Sociedad de Periodismo Comprometido y Crítico y entiendes perfectamente que quienes impulsaron la encuesta no quieran que se conozcan sus resultados.

Me explican que recientemente las 10 multinacionales más poderosas del mundo se aliaron en un interesado esfuerzo corporativo para reimpulsar sus ventas, afectadas como están por la crisis actual. Dedicando muchos recursos económicos, humanos y 16 meses de trabajo, recorrieron todos los rincones del planeta para poder contar con la encuesta de hábitos más completa que haya existido nunca. La pregunta clave a la que buscaban respuesta era ¿qué nos hace felices? Con programas informáticos de estadística analizaron y agruparon cada una de esas millones de respuestas, obteniendo los siguientes 10 resultados. Lo que nos hace feliz es:

  • Acunar en tus brazos a un bebé y sentir su energía nueva y poderosa.
  • Bajo la sombra de una higuera, de una ceiba, de un arce, de una acacia o de un sauce escuchar el canto de la guitarra, de la gaita, de la flauta de pan o del koto acompañano la voz del poeta.
  • Reunirse con familia y amistades, de siempre o por estrenar, en torno a una mesa o en el banco de la plaza y, mientras las miradas se encuentran, conversar, polemizar, contar y escuchar.
  • Un rincón, una luz tenue, un mate, café o té y el silencio necesario para disfrutar del libro entre manos.
  • El roce de un cuerpo amado, la caricia hecha y la recibida, y entonces estremecerse. El beso que deja sin aliento.
  • Cuando el Sol recién asoma sus primeros rayos, hundir las manos en la tierra sembrada, regar los geranios del balcón, recolectar los frutos maduros, ordeñar las vacas…
  • Sumergirse en el silencio del fondo del mar, sintiendo el oleaje tenue sobre ti, o en una poza fría donde descansa el agua de un río que busca su destino.
  • La tertulia, la reunión, la asamblea -a veces clandestina a veces no- con quienes piensan parecido, para confabular cómo transformar el mundo, para soñar como mejorarlo. Y hacerlo posible.
  • Un paseo, para unos extremo y aventurado; para otros, viejitos, corto y aplanado, por el bosque, por cumbres heladas o por la alameda que lleva del pueblo a la ermita. En primavera cuando despiertan los pájaros.
  • El vacío, respirando el Sol.

Y así fue que en el primer paso de su fabuloso plan de marketing, las diez corporaciones descubrieron que ninguno de los verdaderos placeres nos lo pueden vender, ni los podemos comprar.

Porque EN NUESTRA FELICIDAD TAMBIEN SOMOS SOBERANOS.

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Las guerras agrarias ya han empezado

 El Periódico de Catalunya, 21 de marzo de 2013. Gustavo Duch

Permítanme que, con tres informaciones, les exponga un nuevo y poco conocido argumento para explicar (o ayudar a explicar) la desestabilización de Ucrania y los acontecimientos derivados.

ucrania-alquila-china--644x362La primera sucedió el pasado 2013, cuando al poco tiempo de que Ucrania derogara la ley que prohibía a los extranjeros comprar tierras, apareció China con un talonario en la mano y, a cambio de un préstamo de 3 mil millones de dólares para el desarrollo agrícola, cerró un acuerdo que le permite explotar, durante 50 años, una superficie similar a todo el tamaño de Galicia, 3 millones de hectáreas de tierra agraria. China, igual que otras potencias que saben que no disponen de capacidad agraria suficiente para alimentar a su población, e igual que fondos financieros que saben que la tierra fértil es un bien finito con el que especular con éxito, llevan ya unos 10 años en una una loca carrera para conseguir, de buenas o malas maneras, el control de la tierra agrícola. ¿Iban a pasar desapercibidas las extensiones de la tierra negra ucraniana, quizás la más fértil de toda Europa? Efectivamente, no.

La segunda se gesta cuando quien fuera el presidente de Ucrania, el ahora destituido Viktor Ianukóvitdos, a finales del año pasado decidió rechazar el Tratado de Libre Comercio que la Unión Europea le proponía. Es mucho el interés que también tienen los estados europeos en asegurarse el acceso a los frutos de la tierra ucraniana lo que lleva a pensar, por qué no, que el apoyo al cambio de gobierno pudiera tener el interés de buscar alguien más favorable a estrechar la mano. De hecho, con el nuevo gobierno ucraniano, Europa ya ha aprobado eliminar las trabas arancelarias en la importación de granos de Ucrania y Crimea. Unas rebajas repentinas que, como si fuera un anticipo, supondrán un ahorro de 500 millones de euros anuales a Ucrania.

La tercera es la suma de recopilar las pequeñas grandes operaciones que también en esa geografía y con los mismos intereses están haciendo las empresas agroalimentarias de los EEUU en los últimos meses. Seguir la pista de dos de ellas es revelador de sus apetitos por esta tierra negra del país ‘entre fronteras’. Cargill, la firma cerealista más importante de los EEUU, entre diciembre de 2013 y enero de 2014 ha comprado participaciones en un puerto al este de la base naval de Crimea que es clave para el comercio agrario y también se ha hecho, en una muy destacada operación, con el 5% de la mayor empresa agraria ucraniana, Ukrlandfarming, que dispone de la nada despreciable cifra de 500.000 hectáreas para el cultivo de maíz, trigo o remolacha para la exportación. Y Monsanto, la empresa de semillas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. En su caso, y como tantas otras veces ha hecho, tiene en marcha un proyecto, el llamado “Grain Basket of the Future”, que disfrazado de ‘acciones para mejorar la calidad de vida de los campesinos y campesinas locales’ busca cosechar más dominio si cabe.

Tres cuestiones que se han sucedido en apenas varios meses y que, como han podido observar, tienen un elemento común: la tierra fértil de Ucrania y su agricultura.

Bien sabíamos que Ucrania, con un privilegiado suelo de enorme fertilidad, fue llamado el granero de Europa y Rusia. Hoy lo que está atrayendo tantos intereses es exactamente eso: la codicia por unas fantásticas tierras agrícolas que además parece ser tienen aún mucha más potencialidad productiva que la que se consigue hasta ahora, que ya es, por cierto, muy destacable pues, en estos momentos, Ucrania se sitúa como el tercer exportador mundial en maíz y el sexto en trigo. Es por ello que el conflicto de estas semanas está provocando que el precio de estos granos en las bolsas y mercados internacionales suba significativamente. Actualmente, el precio de trigo es el más alto desde 2012 y el del maíz el más caro desde el pasado mes de septiembre, como bien saben las empresas ganaderas españolas y catalanas que (como muestra de esta imperiosa necesidad de productos agrarios) dependen en un 80% de Ucrania para satisfacer sus necesidades. En cuanto a las previsiones de crecimiento del sector primario en Ucrania, los expertos apuntan también a una expansión del sector ganadero que, a base de carne de pollo y de cerdo, podría añadir junto al cartel de ‘granero de Europa’ el letrero de ‘carnicería de Europa’. Otro fabuloso negocio que nadie quiere perderse.

Es como una partida de poker y cada potencia juega las cartas que tiene. China dinero contante y sonante, Europa acuerdos comerciales y tratados varios, Rusia parece que amenazas de tanques y misiles y EEUU las estrategias de sus sibilinas multinacionales. Las guerras agrarias del siglo XXI ya han empezado.

 

Gustavo Duch. Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.

 

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GENOCIDIO

Gustavo Duch, 20 de marzo de 2014
 

Con un carro tirado por una mula, en el Sur de Chile, la familia de Germán acompaña a la abuela tehuelche en su viaje final. Ascienden serenamente hasta la cima del volcán Chaitén, la noche que da paso a la primavera. Junto a la caldera de fuego, abierta como una boca antes de dar un beso, y divisando a poca distancia el mar, Germán pregunta.

-Padre, ¿cómo se formó el mar?

-Fue el volcán que lo parió, de una sola vomitera.

Mientras repiten cantos nunca olvidados dejan caer suavemente el cadáver de la abuela envuelta en una manta de colores azules, rojos y amarillos; con mucho cuidado hasta saberla engullida.

No lloran, saben que así es que todas las mujeres tehuelche, pocos días después, reaparecen en el mar; así es que, empujadas por una enorme aleta, reinan en las profundidades de los océanos, así es que, de tanto en tanto, salen a la superficie y echando tremendos soplidos avisan que todo está bien.

Hoy los nietos lloran. Están asesinando a las abuelas del mundo.

100.000 voces por las ballenas, antes del 31 de marzo 2014

http://www.cerocazadeballenas.cl/

ULTIMAS NOTICIAS, CORTE FALLA A FAVOR DE LA DEFENSA DE LAS BALLENAS

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NO A LAS GUERRAS

EL FIN DE LA ESPECIE

¿Qué nos han hecho que siendo pensantes somos sumisos?

Que siendo libres, somos salario.

Que siendo parlantes, somos cotorras.

Que siendo animales, somos piedras.

Que siendo diferentes, somos contrarios.

Que siendo espíritu, somos objetos.

Que siendo pasión, somos iceberg.

Que siendo querer, somos temor.

Que siendo risas o llantos, somos hastío.

Que siendo sentidos, somos consumo.

Que siendo salvajes, somos soldados.

Que siendo Vida, somos cadáver.

Es la desaparición de lo humano.

marzo 2014, gustavo duch

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Colapso alimentario a la vista

La Jornada de México. 21 de febrero de 2014. Gustavo Duch

Pescanova, una de las mayores multinacionales de la pesca industrial, ha sido el primer caso que me llevó a plantear, con pocos fundamentos y sólo vagas intuiciones, la tesis –hay quien dice que estrambótica– que advierte que muchas de las grandes corporaciones de la agricultura y la alimentación global e industrializada irán cayendo una tras otra. Los forenses, buscando los porqués, dictaminan como causa de la muerte un colapso financiero, aunque las cifras de venta de la empresa apenas hayan sufrido rasguños.

Hoy podemos añadir un segundo cadáver sobre la mesa de disección.

Se trata ni más ni menos que de la mayor empresa del mundo en cuanto a exportación de rosas cortadas, una de las divisiones de Karaturi Global Ltd, corporación que, con sede en la India, se ha convertido en el ícono del desembarco de agronegocios en el continente africano.

En concreto, Karaturi instaló granjas de más de 200 hectáreas para el cultivo de flores en Kenia, y en Etiopía se hizo con una concesión de 100 mil hectáreas para diferentes cultivos alimentarios, en ambos casos para sacar ventaja de generosos tratos fiscales y, desde luego, buscando mano de obra a la cual malpagar.

Los negocios de Karaturi, que ese es el nombre de su propietario, han estado presentes en los medios de comunicación durante los cinco últimos años gracias a los trabajos de investigación y denuncia de organizaciones como GRAIN, Forum Syd Kenia o South Indian Coordination Committee of Farmer Movements, que nos han explicado cómo sus operaciones son algunos de los más infames casos de acaparamiento de tierras.

Muchos artículos y reportajes han venido señalando que Karaturi vende rosas manchadas de sangre y otros han explicado cómo, para disponer de tierras donde cultivar, Karaturi, con la connivencia del gobierno de Etiopía, no tuvo reparos en desplazar violentamente a miles de personas anywaa de sus pueblos, de sus tierras de cultivo, de los lugares donde descansan sus ancestros, llevándolos a un exilio que se traduce en hambre.

Es un hambre causada por la sed capitalista.

En parte porque sus libros contables son enciclopedias del desfalco y la evasión fiscal, en parte porque estar en el foco de estas organizaciones que defienden la soberanía alimentaria ha obligado a reaccionar a los gobiernos donde se ubica, pero sobre todo (como es el caso de Pescanova), por una expansión a lomos de fuertes endeudamientos que –aunque sólo una de sus instalaciones tiene la capacidad de producir un millón de flores diarias– le es imposible satisfacer, Karaturi también se hunde, y desde este mes de febrero su unidad de producción de flores en Kenia ya está bajo administración judicial.

El sufrimiento que para los habitantes locales han representado los últimos estertores de la división de Karaturi en Kenia no hace más que evidenciar que los supuestos beneficios de las inversiones extranjeras, como se repite en el catecismo neoliberal, son una dramática mentira. La granja de flores en Naivasha contabiliza muchos días de jornadas de huelga de sus trabajadores para denunciar despidos masivos, la caída de sus salarios o, últimamente, por ni siquiera cobrar los salarios acordados en el último año. Negocios de estas dimensiones, que incluyen un hospital y una escuela y que deben dar servicio a las familias de los más de 4 mil trabajadores, han estado cerrados por no pagar la electricidad o los salarios a su personal. Las cortes locales tuvieron que intervenir al conocer cómo las condiciones de vida de las y los jornaleros se han ido deteriorando progresivamente, llegando incluso al extremo, el pasado mes de diciembre, del suicidio de uno de ellos viendo el sufrimiento de su familia, siete días sin nada qué comer.

Si pensáramos acerca de dónde nos conduce el capitalismo, creo que cada vez es más claro: a un mundo nuevo y por reinventar, pues sus fieles seguidores –con sus negocios a cuestas–, adorando al Perpetuo Crecimiento, caminan hacia su autodestrucción.

Gustavo Duch Guillot. Coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas.

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Éxodos

Barcelona, 20 de febrero de 2014. Gustavo Duch

ÉXODOS

En los suburbios de Bamako ya no podía comprar comida de tanto que se especuló con ella en las bolsas de valores. Y marchó.

Fue cuando una empresa extranjera, para cultivar rosas para lugares muy lejanos, la expulsó de su tierra etíope, que decidió emprender el viaje.

-Mi padre murió de sida, mi madre murió de sida. Dicen que la enfermedad la trajeron quienes trajeron la perca que ahora se llevan del Lago. No quiero morir como ellos.

La colonia francesa les obligó al cultivo de algodón, pero ahora en Burkina Faso se paga muy mal. Tienen que escapar de la miseria.

Quiere ser pescador, como sus abuelos, aunque en su Océano solo divisa flota europea que paga royalties a un Marruecos invasor.

En Senegal ya no puede vender los pollos que cría, llegan pollos envasados y troceados, a precios invencibles, industriales, subvencionados.

-¿Cómo será vivir sin guerras? Él es hijo de la guerra y de la violencia que provocan quienes se lucran con el coltán.

Mandela acabó con el apartheid pero tampoco después pueden disponer de tierras para huertos y ganado. Su ruta es la más larga.

-Cuando intentamos ir a nuestros arrozales para comenzar a sembrar -recordaba- nos encontramos con un guardián de una empresa española que llevaba un arma que nos dijo que tenía órdenes de no dejarnos entrar. Él era campesino, de Guinea Bissau.

-¿Cómo dejan -pensaba ella- que sus empresas de Murcia y Almería nos roben la tierra para cultivar melones y sandías? Ella era campesina en Senegal.

-Dicen que lo apoya Bill Gates, el Benevolente, pero su revolución de semillas transgénicas, aquí en Mozambique, no la puedo pagar. Marcho.

No soportó un día más a los señores de la guerra, ni a la tropa de fragatas que protege a los piratas del atún. Era pescador. Partió desde Somalia.

Buscaba otra vida, otro color, pues el negro del petróleo en Nigeria les ha contaminado los días y las tierras. El azul le tragó.

-El valor de estas tierras es su acceso al agua de riego -dice el gerente de un fondo de inversión con sede en Reino Unido-. Y sus inversiones en Zambia, provoca el éxodo del que hace catorce.

Tenía un propósito, quería preguntar, ¿por qué siempre nos roban?

15 injusticias a la deriva a las que les bastaba un rama de árbol, un tronco, pero les lanzaron balas de goma. A matar.

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La peligrosa digestión del acuerdo con los EEUU

11 de enero, Diari ARA. Gustavo Duch

Quiero hablarles de unas importantes negociaciones que, en la medida en que se concreten, pueden afectar de forma muy significativa a la alimentación de todas las personas que compartimos el Planeta Tierra como morada.

Desde julio del año pasado se están reuniendo representantes de la Unión Europea y de los Estados Unidos para firmar un tratado de libre comercio entre Bruselas y Washington. Según ambas partes, cerrar un gran acuerdo que genere más comercio entre ambas orillas será una oportunidad para el empleo y el crecimiento económico de dos economías en crisis. Aunque seguir insistiendo en el crecimiento como medida para superar la situación actual me parece un camino ya recorrido y erróneo, son los análisis que están haciendo organizaciones como Amigos de la Tierra, el Institute for Agriculture and Trade Policy y la fundación GRAIN lo que debe hacernos estar bien atentos al desarrollo de estas conversaciones. Las tres instituciones coinciden en destacar que, más allá de que se incrementen o no las relaciones comerciales,  el verdadero problema nacerá de la necesidad de armonizar las normativas sanitarias de los alimentos. Y sabiendo el peso que ambas potencias tienen en la materia, es sencillo entender que en estas mesas de negociación, expertos que saben más de comercio que de agricultura y alimentación están cimentando las bases de los estándares internacionales sobre lo qué comeremos.

Armonizar las normativas no es modificar aspectos puntuales del procesamiento de un alimento o aceptar un aditivo más o menos, sino que conlleva cambios de gran magnitud pues, como explica GRAIN, los enfoques de la UE y de los EEUU «son diametralmente opuestos. Mientras la Unión Europea practica la filosofía de  ‘de la granja al tenedor’, donde cada etapa del proceso es monitoreada y trazabilizada, el sistema estadounidense sólo verifica la sanidad del producto final. Mientras la Unión Europea suscribe plenamente ‘el principio de precaución’, el cual es parte de su constitución política, en Estados Unidos este principio no se tiene en cuenta y exige una  ‘evidencia científica’ que justifique cualquier restricción. En el área de los productos químicos que se incorporan a los alimentos procesados y a los envases, la brecha es aún mayor. La legislación de la UE pone el peso de la prueba en las empresas para demostrar que los productos químicos que usan son seguros. La estadounidense, en cambio, requiere que el gobierno pruebe que un producto químico es inseguro.»

Si la firma del acuerdo se hace ‘rebajando seguridad’ -sobre modelos que ya ahora generan recurrentemente alarmas alimentarias- en favor de objetivos comerciales dejemos sitio para más pesticidas en el campo, para pollos lavados con cloro en nuestros platos, para carnes de vacuno estimuladas con hormonas de crecimiento y para más cantidad de alimentos de origen transgénico aprobados con pruebas menos exigentes que las actuales. Además, solo sabremos con exactitud lo que comeremos cuando las empresas voluntariamente quieran identificarlo en su etiquetaje pues todos los avances conseguidos por la presión ciudadana para contar con información detallada desaparecerían al considerarse una ‘barrera comercial’.

alimentaciónSin embargo, la preocupación mayor es otra. Si en la unificación de dos mercados que representan el 50% de la economía mundial se impone una normativa más laxa, ganará terreno una alimentación industrial y aquellas corporaciones que las practican, mientras que las agriculturas campesinas tendrán serias dificultades para resistir una competencia tan brutal. Así se ha demostrado en acuerdos comerciales similares en otros lugares. Entonces, una pregunta debemos hacernos, ¿queremos que nuestra alimentación dependa de una única opción?

Es poco inteligente pues la agricultura industrial en su corto recorrido de 50 años, además participar en acabar con la forma de vida de millones de personas dedicadas a la agricultura a pequeña escala, pueblos indígenas y campesinos que, aún en estos momentos y a pesar de haber sido desplazados, contaminados o privados de sus recursos productivos, son los responsables de la producción del 70% de los alimentos a nivel mundial, es responsable de minar  a velocidad de vértigo la fertilidad de los suelos y de reducir a muy escaso número las miles de variedades vegetales y animales que aseguran nuestra capacidad de adaptación al cambio climático. Sin perder de vista, finalmente, su absoluta dependencia de fertilizantes minerales, petróleo y regadíos intensivos que son bienes finitos, agotables, escasos.

La preocupación es clara: No a una negociación en favor de quienes negocian con la alimentación de la gente.

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Un abrazo radical

Fue cuando descubrieron que el Planeta se estaba resquebrajando que se pusieron en marcha. Pequeños fragmentos se estaban desprendiendo, liberándose hacia la atmósfera y convirtiéndose en meteoritos. Sabios y sabias sabían lo que tenían que hacer: plantar árboles.

Árboles centenarios para frenar el productivismo; árboles milenarios contra la estupidez de los gobernantes que lo defendían.

Árboles caducos para desaprender malos hábitos consumistas y árboles perennes para refrescar el humo de chimeneas capitalistas.

Árboles de copas amplias, frondosas, redondas para ensombrecer la codicia del género humano.

Árboles frutales para alcanzar la soberanía alimentaria de los pueblos.

Tejos, varios tejos, para que la comunidad retomara el control de lo común, en concejos abiertos.

Árboles africanos que -ubuntu- ríen cuando ríen sus compañeras y compañeros.

Y arbustos, setos, arboles autóctonos tan desconocidos como desprestigiados, no por su valor, sino por sus valores.

- ¿De qué serviría eso?- preguntaron incrédulos, quienes supieron de este plan. Las grietas y fragmentaciones, según cálculos científicos, ya no podían detenerse.

Eran observaciones superficiales.

Los creadores de ese Bosque, de miradas penetrantes, bien sabían que eran las raíces de todos los árboles terráqueos las que, entrelazándose en un abrazo radical, sostenían desde siempre el Planeta Tierra.

-EL BOSQUE HABITADO de Radio3.

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Los relevos

Incluido en ‘Mucha Gente Pequeña’. Gustavo Duch

Guisan sobre un fuego vivo arroz y frijolitos, y guardan raciones en bolsas de plástico. Nada más, y cada día lo mismo. La bebida será agua de la fuente embotellada en práctico ejercicio de reutilización. Son catorce mujeres y les llaman ‘las patronas’.

Las invitadas e invitados no pueden escoger el menú, no les importa. No se visten para la ocasión, no comen con cubiertos y tampoco se lavan las manos. Es el fast food más rápido nunca visto. Cada día llegan a donde las patronas a unos 40 km/hora. Tal como reciben su comida se marchan, sin pagar ni parar, ni tan siquiera para tomarse un cafecito tranquilamente.

No hay tiempo, no hay pausas, no hay comodidades, ni techo ni abrigo sobre un tren de mercancías que –como moscas- transporta a muchas personas que desde Centroamérica intentan llegar a Estados Unidos cruzando de Sur a Norte todo México; más de 8 mil kilómetros. En algunos puntos del viaje es habitual que allí arriba sufran amputaciones y electrocutaciones.

logopatronaY siempre pasan hambre… hasta Guadalupe, municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz, México, cuando sin que el tren baje la marcha, ven a catorce mujeres con bolsas y botellas en sus brazos alzados, gritando aullidos maya, junto a la vía muy imprudentemente.

Sin entrenamientos previos por parte del donador y del tomador, sin posibilidades de repetir, no hay fallo en la entrega del testigo. Ninguna bolsa queda huérfana, todas las botellas encuentran una mano.                                                                                                                                           

(*) Gracias a Nieves Prieto Tassier y Fernando López Castillo por documentarlo en ‘El tren de las moscas’

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