Los Unos

Galicia Hoxe, 2 de febrero de 2011

Las tienen de todos los tipos: de combinación manual, ignífugas, de apertura retrasada… Son los más acreditados coleccionistas de cajas de caudales, y las custodian repletas.

Viven muy ocupados así que sus labores se las encomiendan a otras personas. Criados  mestizos, vira latas o mil-leches les pasean sus mascotas, genes purasangres a cuatro patas.

Para Navidad regalan a sus hijos videos de Mr. Scrooge, cómics del Tío Gilito y camisetas estampadas con el retrato del Sr. Burns.

Aprendieron sus malas artes en la escuela de prestidigitación: esconden, sin tocarlas y sin necesidad de guantes blancos, toneladas de grano en almacenes secretos. La escasez en los mercados disparará los precios y ellos, a paletadas, recogerán beneficios. Se sabe pero no se dice.

Su profesión oficial es la recaudación de ahorros personales y planes de pensiones o de jubilación. Cambian todas esas monedas por cosechas de soja, trigo o maíz aún sin sembrar y antes de que broten ya las habrán vendido con pingues beneficios. Para ellos.

Ya se cansaron de sus mansiones, yates con piscinas y jets privados. Él último grito entre los de sus especie es la compra de fincas agrícolas, grandes como países. Con ellas cosecharan nuevos éxitos en su mundo de negocios, y ganarán reputación y –de nuevo- muchos dividendos.

Gentes elegantes instaladas en Palacios de Gobierno, les ríen las gracias y les dejan hacer.

Andan sueltos, son los especuladores.

 

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